La marca Barcelona la hacemos todos

Publicado por el Jun 11, 2013

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Muchos de los extranjeros que viven aquí o que visitan la ciudad se quejan reiteradamente del recibimiento que han tenido por parte de los barceloneses. En más de una ocasión, en reuniones internacionales me ha tocado defender a capa y espada la buena voluntad y el buen humor de los catalanes. Para los de fuera, el barcelonés “buen rollo” es una especie en extinción. Los millones de turistas, que siguen en aumento, están terminando con los últimos ejemplares.

En realidad, tendría que ser al revés: a más turismo, más buen rollo. Impulsar la buena recepción a los visitantes y el civismo desde casa debería de ser una de las prioridades de las familias barcelonesas. Compartir con los de fuera todo aquello de lo que nos sentimos orgullosos, no solamente en términos de fútbol, es aún una tarea pendiente (que no concierne solo al gobierno, ojo). Todos los que aquí vivimos tendríamos que ser cada día abanderados de la lengua, de la ciudad y de la cultura que nos enorgullece.

Algo de lo que más enamora a la gente cuando visita Latinoamérica, hablaré de México en particular por conocimiento de causa, es justamente el recibimiento que se le da a los turistas. Los mexicanos son abiertos de corazón y se empeñan, algunas veces demasiado, en que los visitantes se lleven un recuerdo agradable de su visita a ese país. Y no está de más recalcar que recibir a la gente amablemente no significa bajarse los pantalones y dejar construir una isla artificial frente a las costas del Fórum. No se trata de modificar el comportamiento y volverse algo que no se es. No hay que llegar a la falsedad.

La idea es compartir lo mejor de nosotros (individual y colectivamente) con los de fuera. Que cuando vuelvan a casa recuerden esas virtudes y les cuenten a los amigos lo bien que la pasaron en Barcelona y lo maja que es la gente aquí. Cómo los guiaron hasta el estanco más cercano, les concedieron un intérprete en la comisaría después de haber sido asaltados en el metro o les dieron los buenos días al cruzarse en un ascensor. Hablo en plural y me incluyo porque, a pesar de ser extranjera, estoy afincada aquí y me beneficia también que la marca Barcelona siga generando visitas a la ciudad que me ha acogido con los brazos abiertos. Es un hecho, el boca a boca funciona mejor que cualquier “embajada” de la Generalitat en otro país.

Ser recelosos de nuestra cultura o de nuestra privacidad es muy distinto a ser groseros con aquellos que se sienten atraídos por esta ciudad. Lo que ha hecho de Barcelona una marca potente a nivel internacional es precisamente la riqueza que nace de la unión de una cultura orgullosa y trabajadora y los perfiles del alto porcentaje de extranjeros que nos visitan o que como yo vivimos aquí. En estos momentos de crisis, uno de los bastiones que sostiene a España es el turismo. Es una realidad. Sin embargo, no podemos dejarle toda el trabajo a los que están dentro del sector o forman parte del gobierno. A Barcelona la hacemos todos: Gaudí, los nudistas de la playa de San Sebastian, los mossos, los arquitectos internacionales que han trabajado aquí, las estatuas de la Rambla y los camareros de los chiringuitos de la playa. Qué mejor manera de seguirla construyendo que con una sonrisa en los labios al donar el asiento a mujeres embarazadas en el metro, sin importar su color de piel o procedencia.

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Barcelona en diagonal © DIARIO ABC, S.L. 2013

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