Y Alfonso XIII regresó a España…

Publicado por el ene 21, 2010

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Portada del 20 de enero de 1980, con motivo del traslado de los restos de Alfonso XIII a El Escorial Las fotografías publicadas por ABC con motivo del trigésimo aniversario del retorno de los restos de Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII desde Italia a España han despertado extraordinaria expectación, de tal manera que en nuestra página web ABC.es se ha producido un auténtico colapso, eso que en los viejos tiempos se llamaba «el bloqueo de la centralita telefónica». Son imágenes sencillas, de un acto tan emotivo como protocolario, que uno no se imaginaba jamás que iban a saltar, al cabo de los años, como si de una exclusiva se tratara. Pero que sí tienen toda la fuerza del documento histórico, la carga del peso de la Historia, convertidas ambas en sencillas imágenes fotográficas. Pero vayamos a los recuerdos de aquellos días…

 

La portada de ABC del domingo 20 de enero de l980 es como un cuadro de época. En la lonja del Monasterio de El Escorial, el Rey Don Juan Carlos recibe el saludo militar de su padre, Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, quien le pide la venia a su hijo para hacer entrega al prior del Monasterio de los restos mortales de su augusto padre, el inolvidable Rey Don Alfonso XIII. A la izquierda de la imagen se ve el escorzo del Príncipe de Asturias, aún niño. En medio, el guión de la Casa del Rey y el gesto dolorido de una adolescente Infanta Elena. Y en diagonal perfecta el saludo del viejo Rey de tantas generosidades y amarguras ante su hijo y heredero, un joven Don Juan Carlos, que estaba restaurando, cuatro años después de su llegada al Trono, todos los retazos e hilos sueltos que habían quedado desperdigados por los avatares, tantos, del turbulento siglo XX.

 

La Tercera página de ese número de ABC fue para un viejo texto de un testigo excepcional de las jornadas que siguieron a aquel 14 de abril de 1931 que dio al traste, con unas simples elecciones municipales, con una Dinastía histórica. Se trata de unas páginas sacadas del diario del entonces ministro de Marina, almirante don José Rivera, quien cuenta, de manera clara y concisa, estremecedora, las últimas horas del Rey destronado, camino de Marsella. En ese número de ABC abundan las informaciones: desde las páginas gráficas al editorial, desde la primera de tipografía hasta las crónicas más dispares. En Cartagena, Torcuato Luca de Tena; En Getafe, Vicente Zabala y en El Escorial este cronista que, treinta años más tarde, desgrana sus recuerdos de aquel sábado de enero de 1980 que tanto supuso para entender la historia o –como decía el editorial- «para enlazar con la raíz fundamental del ser nacional en su caminar por el tiempo».

 

Nevaba aquella mañana de enero en El Escorial. Eran sobre las doce y media del mediodía cuando llegaba a la explanada que hay junto a la plaza de toros del Real Sitio el helicóptero con los restos mortales del Rey Alfonso XIII. Mientras el féretro real es conducido a un armón de artillería suena el toque de oración. Se reza un responso. Va el clero castrense musitando plegarias en tanto se organiza la comitiva fúnebre. Don Juan de Borbón, hijo y heredero de Don Alfonso XIII, preside, en representación de su hijo, el Rey Don Juan Carlos, el cortejo… Doblan a muerto las campanas del Monasterio. Va desfilando el armón de artillería conducido por seis caballos negros. Cubren la carrera soldados del Ejército de Tierra, jóvenes soldados del viejo Regimiento de Saboya. Hay vivas al Rey, a España, a Don Juan. Era la una y media de la tarde cuando el cortejo fúnebre llega a la lonja del Monasterio. Se acrecientan los vítores. Y se oyen voces de «¡Alfonso XIII, presente!» como en los viejos lemas de los caídos de guerra. Los compases de la Marcha Real emocionan en la mañana helada . El prior de la basílica, padre Gonzalo Díaz, se hace cargo de los regios despojos y minutos más tarde, la cruz alzada del clero agustiniano y la Marcha Real arrancada del órgano anunciaban la entrada en el templo de los restos mortales del Rey Alfonso XIII. Iban éstos cubiertos por la bandera nacional y a hombros de miembros de la Guardia Real. Detrás del sarcófago regio, bajo palio, Sus Majestades los Reyes y sus hijos el Príncipe de Asturias y las Infantas Doña Elena y Doña Cristina. Colocado el féretro sobre un túmulo, le fue puesta la corona real sobre la bandera que lo cubría. A los pies, una corona de laurel con ancho lazo rojigualda.

 

Foto inédita del traslado de los restos de Alfonso XIII a El Escorial

La misa fue solemnísima. Allí estaba toda la Familia Real y el Gobierno en pleno y los grandes Duques de Rusia y el Rey Humberto II de Italia. Y en una silla, al lado mismo del catafalco, el teniente general González Gallarza, último ayudante vivo de Alfonso XIII. Y el Cuerpo Diplomático y los secretarios de Estado y los Altos Tribunales y las Reales Academias y la grandeza de España, encabezada por la Señora de Meirás, doña Carmen Polo de Franco y los hijosdalgos y los viejos muchachos de Renovación Española.

 

Ofició la ceremonia monseñor Enrique y Tarancón, arzobispo de Madrid-Alcalá, quien pronunció una bellísima homilía sobre el apasionado amor a España de Don Alfonso XIII. Cuando terminó la misa, a las tres menos cuarto de la tarde, los miembros de la Guardia Real trasladaron el sarcófago hacia el Panteón de Reyes. Toda la basílica se hallaba en pie. Entonan los niños del coro el «Acuérdate de mí, Señor»… Todos se van despidiendo. En la calle ya no nieva. Y el cielo se ha hecho azul guadarrameño.

 

Entre los bronces y los mármoles de El Escorial quedan ya para siempre los restos de aquel Rey madrileño, castizo y bueno, que conoció en los últimos tiempos de su vida tantas amarguras. Ya descansa en su tierra. Junto a sus antecesores. Aquel día el poema de Foxá floreció en una primavera de enero porque el Rey que había muerto en el exilio ya podía descansar junto a su madre, que le aguardaba entre violetas…

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