Un musical llamado ABC

Publicado por el dic 11, 2009

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En estos días en que florecen las iluminaciones de los teatros españoles con toda clase de musicales no viene nada mal recordar un poco lo que fue el nacimiento y auge de lo que, a principios de la pasada centuria, se llamó revista musical. Desde los bufos de Arderíus, España siempre ha tenido una gran devoción por el género musical en el teatro. Nuestras tonadilleras del XVIII con sus chaconas y sus trípilis gozaban de una popularidad impresionante. En  la época de Calderón ya se habla en España de zarzuela, nombre que viene precisamente de los terrenos que actualmente ocupa la residencia privada de los Reyes de España, pues fue allí, en aquellos encinares del patrimonio real, donde por primera vez se representó una.

Eso sí: en cada época se ha llamado al género de una manera distinta. Hemos oído hablar de variedades, «varietés», espectáculos sicalípticos, operetas, fantasías líricas, revistas musicales, género ínfimo, «esquesch» aflamencados y no digamos nada cuando ya la copla irrumpe en los años treinta y cuarenta la cantidad de nombres que tuvieron aquellos espectáculos de Quintero, León y Quiroga o Valerio, Ochaíta y Solano.

Pero a lo que vamos. Como todos ustedes saben ABC nace en 1903 y desde el primer momento concitará extraordinario interés en el mundo del espectáculo, precisamente porque cuidó y cuida como nadie el arte de Talía (¡qué bien queda en un texto frivolón una cita seria!). Pues bien, cinco años después de su nacimiento, en el mes de diciembre de 1908 –hace ahora la friolera de ciento un años- los maestros Perrín y Palacios y el compositor Jerónimo Giménez deciden estrenar nada menos que en el teatro de la Zarzuela «la revista de gran espectáculo» titulada ABC.

Por aquellos días Titta  Ruffo canta en el Real «Hamlet», Chapí  ultima los ensayos de su «Margarita la Tornera», Emilio Carreras interpreta en Apolo las zarzuelas «El pollo Tejada» y «La mala sombra» y Elvira Lafont se prepara para estrenar en Price la opereta «Los saltimbanquis», en la que además de intervenir ella se anuncia toda la compañía de Price con cuerpo de baile, banda militar, comparsería y «hará su presentación un número extranjero de gran renombre».

La expectación por el estreno de ABC era tanta y sus continuos retrasos tan frecuentes que el escritor satírico Luis de Tapia publicó el ll de diciembre en el periódico: «Ayer cogí la vihuela,/ luego a la calle salí,/ y enfrente de la Zarzuela/ me puse a cantar así: /”Niña del pelo bermejo, /dime, que yo no lo sé,/ si me habré muerto de viejo/ cuando se estrene ABC”». Pero el telón se alzó con un teatro a rebosar el sábado 12 de diciembre y aquello fue el acabose. En el escenario aparecía la fachada del periódico que daba al paseo de la Castellana mientras las tiples Domingo, Domínguez y Mesejo llevaban unos báculos con las tres letras del periódico y cantaban unos cuplés deliciosos: «ABC… ABC/ son tres letras que en España/ van a dar mucho que hacer…» El crítico Floridor señalaba: «El título de ABC ha servido a Perrín y Palacios como símbolo para encarnar en tres arrogantes hembras el Arte, la Belleza y los Cuernos, entiéndase la fiesta nacional». Y proseguía, tras deshacerse en elogios a Jerónimo Giménez por su bellísima partitura: «Pero donde el entusiasmo llegó al delirio fue en la apoteosis final, una fantasía del Manzanares convertido en gran canal, con suntuosos y espléndidos palacios en sus márgenes. ¡Un prodigio de perspectiva, de buen gusto y de riqueza, y, sobre todo, un absoluto dominio de cuanto puede hacerse en la moderna escenografía! La actriz Emérita Esparza obtuvo uno de los más resonantes triunfos de su carrera, así como Carmen Domingo y Nieves Gil. Pepe Talavera fue aplaudidísimo en la caricatura que hizo de Romanones».


En fin, fue un éxito tan grande que los autores se sintieron ya del todo consagrados; a Luis Muriel, el escenógrafo, le llovieron los contratos y el empresario de la Zarzuela, Rafael Reynot pasó unas navidades gozosísimas, a teatro lleno.

A la vista del triunfo de ABC,  el día 22 de diciembre, Sus Majestades y AA.RR. honraron con su presencia el espectáculo en la función organizada a beneficio de la Asociación de la Prensa. Las principales familias de la aristocracia habían tomado las localidades de preferencia del teatro, los revendedores renunciaron a sus ganancias a favor  de la Prensa y las butacas de la Zarzuela tuvieron aquella tarde una caja automática de la cual, mediante una moneda de diez céntimos, salían una percha para el sombrero y un paquete de bombones. Tanto los Reyes Don Alfonso y Doña Victoria como la Reina Madre María Cristina y la Infanta Isabel «la Chata» lo pasaron en grande y la Asociación de la Prensa estaba encantada porque  se recaudaron nada menos que 2.129 pesetas con 58 céntimos de los de entonces.

La obra tuvo tanto éxito que todavía en la primavera de 1909 se seguía representando. Y eso que aquel Madrid era pequeñito y retrechero. 

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