Un libro para una voz

Publicado por el mar 2, 2012

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Antoñita MorenoDe vez en cuando nos llevamos sorpresas agradabilísimas. Como escuchar la voz, al otro lado del teléfono,  de Antoñita Moreno. Y volver a sentir esa cadencia, tan dulce musicalidad, tan fino acento, de quien hoy vive retirada junto al Mediterráneo, recordando sin tristezas los éxitos que cosechó, el cariño de un público entregado a su labor musical y los largos años en los que fue dama indiscutible de la canción española.
 
Porque Antoñita Moreno tocaba todos los palos de la mejor tradición musical española: desde la copla en su versión más pura hasta el folclore más variado de las regiones de España que ella musicalizaba y recreaba con un respeto, una fidelidad y una belleza que impresionaban. Luego estaba la otra Antoñita: la escritora, la mujer sensible, la poetisa que pergeñaba versos bellísimos y que componía letras de una sensibilidad deslumbrante. Mi entrañable y querida amiga Carmen Conde, la primera mujer que obtuvo un sillón en la Real Academia Española, me hablaba de ella con verdadera devoción. No olvido algunas tardes inolvidables en aquel Madrid de los setenta "echándolas a versos"… Había que ver cómo recitaba Antoñita Moreno…  

Luego, estaba la Antoñita empresario, la que montaba sus propias compañías, la que exigía respeto al público, porque como dice su biógrafo Emilio García Carretero "si no hay público no hay espectáculo". El respeto por uno mismo que hizo que aquellos montajes escenográficos  -como las revistas de Celia Gámez- fueran deslumbrantes. Porque el público, que era el que pagaba, tenía que salir satisfecho del teatro: tarareando las canciones de Antoñita y con una sonrisa en los labios.  Eso, Antoñita lo consiguió siempre. Por eso se la recuerda tanto y se la añora tanto. Todavía hoy en mis frecuentes viajes por la América hispana me encuentro en cafeterías o centros regionales evocadores de la lejana Madre Patria la voz rotunda y clara, sensual y luminosa de Antoñita Moreno. ¿Quién no ha cantado alguna vez el estribillo de "Puente de San Rafael" o la bellísima "Sortija de oro" que daría paso a un espectáculo soberbio del mismo nombre… Toda mi infancia está llena de los sones de "El cordón de mi corpiño", una canción con ritmo de carnavalito que se escuchaba a todas horas en las emisoras de radio y que se pedía sin cesar en los "discos dedicados".

García Carretero, trabajador incansable

Pues bien, toda la vida y la obra de la gran tonadillera están amorosamente recogidas en el libro de Emilio García Carretero sobre Antoñita Moreno. Un libro para una voz.  Emilio es un extremeño luchador, un trabajador infatigable, un artista dotado de una sensibilidad y un ahínco que le hacen único. A Emilio lo mismo lo podemos ver cantando en un teatro de la Gran Vía "La Corte de Faraón" que dictando una conferencia sobre el mundo del espectáculo y sus intérpretes que siendo el alma y la vida de la historia del Teatro de la Zarzuela, en cuya labor de investigación ha trabajado durante más de veinte años y, fruto de esos desvelos, es la magnífica publicación en tres tomos, imprescindibles hoy para conocer los avatares del mítico teatro de la calle de Jovellanos. En 2010 sacó a la luz en Ediciones Amberley "Celia Gámez, memoria gráfica de la revista española", libro que me cupo el honor de presentar en Madrid y que obtuvo un éxito impresionante.

No oculto mi admiración por un hombre que quiso desde niño ser cantante (y lo ha conseguido), ha pasado por magníficas compañías de teatro, ha grabado discos -"Tarde de otoño en Platerías" es una verdadera obrita de arte-, ha recorrido medio mundo formando parte del coro titular de la Compañía Lírica Nacional y en sus ratos libres -pero ¿puede tener ratos libres Emilio García Carretero?- se mete en las hemerotecas y pasa horas y horas acumulando datos, copiando críticas, sacando reseñas para hacer estos libros que están avalados por el rigor y la devoción. 

Un «devocionario»

Durante dos temporadas consecutivas, Emilio ha estado cantando "El rey que rabió" de Chapí con el Teatro de la Zarzuela. Viéndolo en el coro, entregado, feliz, me preguntaba a veces: ¿de dónde le salen las ganas a Emilio para encerrarse mañana seis horas a ojear periódicos? De su fervor al mundo de la canción. Y en este libro se ve. Hombre agradecido, no olvida a aquella Antoñita Moreno a la que conoce en diciembre de 1966 y le contrata para tenor de su coro. Recuerda con emoción aquel 12 de diciembre en que se entrevista con la cantante para incorporarse a su compañía y preparar el estreno de "Ronda de España". Desde entonces siente hacia ella una devoción extraordinaria que ha fructificado en este libro certero, lleno de datos, de anécdotas, de vida… donde se agavilla todo: los poemas que le dedicaron desde Pemán a Salvador Guerrero; las letras de canciones de las que es autora Antoñita; las críticas teatrales; los homenajes…

He escrito varias veces la palabra devoción. Este es un libro escrito como un devocionario. Antoñita Moreno se lo merecía y Emilio García Carretero nos ha demostrado una vez más lo que es capaz de hacer. Sobre todo cuando quiere. Y él siempre quiere bien.

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