Sara Montiel, la española más universal

Publicado por el abr 14, 2013

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Sara Montiel, en «El último cuplé» / ARCHIVO ABC

Sara Montiel, en «El último cuplé» / ARCHIVO ABC

Tuvo sus antecedentes: Carolina Otero, Raquel Meller, Concha Piquer, Imperio Argentina; pero nadie como ella supo saltar al estrellato internacional más absoluto sin renunciar a su condición de manchega. Figuras como Gary Cooper, Burt LancasterJames Dean, Raf Vallone, Marlon Brando, la admiraron, la requebraron, la enaltecieron. Ella lucía su rabiosa belleza hispana, el bellísimo ángulo de su cara, el arqueo incitante de su ceja y todo Hollywood se le rendía entusiasmado. Casada con Anthony Mann y cansada de América volvió por España y Juanito Orduña le entregó “El último cuplé”. Y nació el mito. Con sus verdades y sus leyendas. El estreno de aquella película en 1957 supuso una locura colectiva y la consagración de una estrella para siempre… Un chiste de la época pintaba a España como un manicomio donde todos cantaban enajenados “Nena” y hasta los cines de pueblo llegó el escándalo con caracteres de huracán. Mi tía Ignacia, hermana de mi abuela, me dio tres pesetas para la entrada si yo conseguía burlar el control de la censura de la puerta del cine. Y vaya si lo conseguí. Dos funciones duraban los estrenos en el pueblo. “El último cuplé”, una semana. No se conocía una cosa igual desde “La Señora de Fátima” de Rafael Gil…

Sara Montiel era el mito. Contaba sus matrimonios y sus amores y ya no sabíamos si creérnoslo o no. Lo de León Felipe o Miguel Mihura o Severo Ochoa. Sin embargo, sí sabíamos que era carne de novela de Paco Umbral, Terenci Moix, Joaquín Simón, Manolo Vázquez Montalbán… Que de aquella mora bellísima de “Locura de amor”, a la que la Reina Juana increpaba con uno de los más deliciosos párrafos de la historia del cine español, se había convertido, por mor del glamour y del cuplé,  en una rutilante  Saritísima … Mi devoción por ella y mi amistad con su marido el periodista Pepe Tous hizo que estrecháramos nuestra relación en aquella década de los ochenta en que yo me iba todos los veranos a Mallorca como enviado especial de ABC ante la Familia Real. Allí coincidíamos en fiestas o cumpleaños. Sara estaba todavía en el esplendor de su belleza y Pepe Tous, que era un hombre inteligentísimo y que sentía  adoración por ella, siempre procuraba para la diva lo que más y mejor le convenía. Eran los años en que los niños eran pequeños, que aún vivía la madre de Antonia, doña Vicenta, y su hermana Elpidia. Los años 1984, 1985, en que se montó aquel maravilloso espectáculo en el teatro de La Latina con Sara, Olguita Guillot y la última aparición en los escenarios de la inolvidable Celia Gámez. ¡Qué época tan maravillosa! ¡Qué noches tan interminables! Ya todos ellos han desaparecido… Con la muerte de Pepe Tous vino el distanciamiento lógico. Sara cometió errores graves como la boda con aquel cubano sarasón que venía a por lo que venía… Gracias al magnífico Moncho Ferrer de vez en cuando me mandaba sus discos o sus fotos con dedicatorias cariñosas recordando los veranos de Palma o los meses aquellos que duró el espectáculo “Nostalgia” en La Latina…

Los últimos años ella misma era una imitación de los travestíes que la imitaban. Pero daba gloria llegar a cualquier lugar del mundo y ver su nombre reverenciado. O encontrarte con “La violetera” en un pueblo de Tailandia, en plena selva perdida en la frontera con Vietnam. Y ella sin inmutarse.

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