Marifé de Triana: solo me llamo canción

Publicado por el feb 28, 2013

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Imagen de archivo de Marifé de TrianaHa muerto una de las voces más puras, más claras, más rotundas del mundo de la copla. Marifé ha sido el sentimiento trágico, la lágrima mejor vertida, la queja más sangrante, el ay más exacto, prolongado y estremecedor. Preguntad a los maestros de siempre: Antonio Burgos, Carlos Herrera, Manolo Román… Ellos os dirán con qué lamento Marifé cantaba. A estas alturas de la vida nos queda por saber por qué Marifé no se recuerda como una de las más grandes, aún siéndolo. ¿Cuestiones del marketing? ¿Del mayor o menor acierto de los espectáculos? No sé. Contemplada su producción discográfica, con más de quinientas canciones catalogadas, nos hallamos ante la tonadillera con más amplios registros del mundo de la copla, dueña absoluta de una voz que se hizo señora de todas las emisoras de radio y de todos los corazones baqueteados por el duende del amor y la amargura del desconsuelo.

 

Recuerdo, siendo niño -mediados de los cincuenta-, aquel éxito tremendo de "Torre de arena". No había emisora que no la pusiese ni labio que no la cantase.

 

Marifé enlazaba con los ancestros del mundo de la copla viajando en un carro, con la maleta al lado, junto a su madre, cantando por los pueblos "Y sin embargo, te quiero" y pasando el platillo para recoger unas míseras pesetas. Hasta que conoció la gloria y el éxito popular. Pero como no olvidaba aquellos comienzos sabía interpretar y llorar como nadie y asumió -también mejor que nadie- el concepto de Rafael de León de que la copla era un drama teatral de tres minutos. Nadie podía cantar "La loba" como ella. Ni "Cuchillito de agonía"; ni "Te he de querer mientras viva"; ni "Patio Banderas"… Su versión de "María de la O" es única. Ni mejor ni peor. Única.

 

Imagen de archivo de Marifé de TrianaLe aguantó la voz hasta el último momento. De las versiones clásicas de "Mari Cruz", "María Magdalena", o "Dolores la Petenera" sacó una luz nueva amoldada a sus sentimientos. Y creó, desbordando el género, canciones como "Cautiva", "Calandria", "Porque te di mis besos", o su siempre inevitable "Antonio Romance". A veces algunas de esas canciones, dichas por ella, se convertían en tu propio quinario de ojos negros que repetías sin cesar: “Son dos pozos, dos luceros, / dos carbones encendíos; / son dos lobos traicioneros / que al camino me han salío…”

 

Cosas de la vida: hace solo cuatro días me entregó mi amigo el novelista Joaquín Simón algunas canciones desconocidas de Marifé; entre ellas, un delicioso homenaje a México. Anoche, mientras Marifé agonizaba, sin yo saberlo, hice un repaso por casi toda su producción discográfica. Recordaba aquel homenaje que le hicimos a Rafael de León en el Centro Cultural que lleva el nombre del poeta, en el madrileño barrio del Pilar. Y donde ella estuvo, como siempre, admirable. Y oí su "Solo me llamo canción", una composición a mayor honra y gloria de sus canciones, de manera que llega a afirmar: "¿Mi nombre quiere saber? / se lo digo: apúntelo / pa que no lo olvide usted. / No me llame Marifé. / Solo me llamo canción". Pues eso…

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