Magia y presencia de Cándido Camacho

Publicado por el Aug 11, 2011

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Todos los adjetivos, por encontrados que fuesen, tenían acomodo en su persona. Era tímido ante los desconocidos, pero profundamente simpático y ocurrente en la privacidad de los amigos; era popular y aristocrático a un tiempo –aquellos brazos interminables, la finura de sus manos-; ciudadano del mundo –paseaba por Londres como si toda su vida hubiese vivido en la City– y no podía olvidar su condición de bagañete y hacer los más encendidos elogios de su “isla bonita”; pasaba con una tranquilidad pasmosa del asunto más frívolo –con el juego de sus grandes ojos negros- a la conversación más profunda, casi siempre de arte, casi siempre de pintura.

Ahora, Cándido Camacho ha vuelto a la actualidad con motivo de una exposición que se puede ver estos días en el Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife, tras diecisiete años de su última exposición póstuma. Su comisario, Pedro David Hernández Luis, ha hecho una inteligentísima selección con un detallado recorrido cronológico con obra expuesta y catalogada, en su mayoría, por primera vez. Coincidiendo con la exposición Pedro David Hernández Luis ha sacado a la luz un espléndido catálogo donde se agrupan las vivencias de los que fuimos amigos y admiradores de la obra de Cándido Camacho: desde Gonzalo González a Magda Lázaro, desde Juan Gopar a Mariano Cáceres, desde Fernando Álamo a Manolo Blahnick, destacando los testimonios impresionantes de la madre del pintor, la admirable y singular Epifania Gómez Breña, alma y guía del artista, y el de su sobrina Yolanda Martín Camacho, en quien Cándido tenía puestas todas sus esperanzas. He pasado unos días inolvidables en Tazacorte, Los Llanos de Aridane y Santa Cruz de Tenerife. La presencia de Cándido Camacho era constante. De pronto hemos vuelto a las Canarias de los años setenta con aquella ebullición artística y literaria, con noches que no se acababan nunca, con aquel hervidero de La Laguna y las largas siestas en la arena de la playa…

Miro ahora las fotos de Cándido en ABC, las reseñas de sus exposiciones en la Conca, de Tenerife; en la Balos, de Las Palmas; en la galería del Naviglio de Milán… En 1985, con motivo de su exposición en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife, escribíamos en ABC: “Cándido Camacho, amante fiel de su tierra canaria, ha despreciado las ofertas que le han tendido desde fuera, para seguir creando en el seno mismo de sus raíces, entre los platanares de Tazacorte y cara al mar donde dicen los antiguos que a veces aparece la isla de San Borondón, como una resurrección de la Atlántida embrujada…” Es verdad. Desconcertaba a los tontos útiles y a los intelectuales de medio pelo y arrastraba tras de sí a los puros y a los limpios de corazón.

No soportaba a los mediocres ni a los envidiosos ni a los maledicentes. El era claro como un torrente de La Palma, ardiente como el Teneguía, misterioso como San Borondón y la Atlántida… Y gozaba de poderes. Él mismo era un poder sobrenatural. Urbano Domínguez es testigo. Te adivinaba, con una humilde sonrisa, si te iban a dar un premio o si habías tenido un contratiempo. Por anunciar, anunció su propia muerte. Y todo sin inmutarse, con esa serenidad de los justos, de los que están a bien con su conciencia. Adoraba a sus padres, a su hermana, a su sobrina Yolanda, en quien trazaba los futuros de sus sueños. Y no se veía fuera de Tazacorte: allí estaban los azules, los verdes, los rojos, la naturaleza… Lo demás era mundo que se podía visitar. Para vivir y para pintar era necesario aquel rincón callado de su isla, rodeado del mar y de las plataneras. Haciendo verdad el soneto: “soñando con un lienzo espejeante/ lleno de labios, labios, labios mudos”.

Por él, Marlene vivía sensualmente entre nosotros y las cucarachas se hicieron nuestras amigas. No sabéis lo que era acompañarle a un museo. ¡Cuánta sabiduría, cuánto conocimiento, qué exacta su palabra! Se marchó de mi casa -donde siempre vivía cuando estaba en Madrid- para ver una exposición en Granada y nunca más volvió. Un accidente de carretera acabó con su vida. Era un día de mayo. Todavía hoy, casi veinte años después, sigo esperando que regrese.

 

 

De izquierda a derecha: Pedro David Hernández Luis, comisario de la exposición; el alcalde de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez; Omayra Martín Camacho, Fany Camacho Gómez y Yolanda Martín Camacho, hermana y sobrinas del pintor Cándido Camacho; el teniente de alcalde de Santa Cruz de Tenerife, Julio Pérez, y la alcaldesa de Tazacorte, Carmen María Acosta

 

 
 

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