Juan Bazaga, un político al servicio de Cáceres

Publicado por el feb 10, 2012

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Ha muerto en Cáceres, donde vivió, un histórico de la política extremeña. Juan Bazaga Sánchez ha sucumbido a una rápida y cruel enfermedad que soportó con cristianas resignación y entereza, rodeado del cariño de los suyos. Tenía 78 años. Era uno de los padres de la autonomía de Extremadura, pero su carrera política venía prácticamente desde su juventud. 

 

Aunque nacido en Trujillo vivía desde los siete años en la capital cacereña. Entró en el Ayuntamiento de Cáceres en 1962 siendo el concejal más joven de la Corporación que lideraba Alfonso Díaz de Bustamante. Llegó a ser teniente de alcalde durante veintiún años. De 1971 a 1979 ocupó el cargo de vicepresidente de la Diputación de Cáceres.

 

En 1978, con la llegada de la democracia, Juan Bazaga fue uno de los doce políticos que constituyeron la Junta preautonómica de Extremadura. Bajo la presidencia de Luis Ramallo y Manuel Bermejo dirigió varias consejerías, llegando a ser bautizado con el apelativo de «superconsejero». Así, en 1982, le vemos como vicepresidente de Economía, Hacienda e Industria y cuando en noviembre de ese año dimitió Manuel Bermejo, Juan Bazaga desempeñó durante dos meses el cargo de presidente de la Junta de Extremadura en funciones.

 

Él solía decir que «era un hombre de pueblo, de una extracción modesta, pero que tenía muchísimos amigos». Pero tampoco le faltaron enemigos, a los que nunca guardó rencor. El 20 de diciembre de 1982, en las elecciones para que los consejeros nombraran al futuro presidente de la Junta, UCD propuso a Juan Bazaga y el PSOE, a Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Como ha recordado Sergio Lorenzo, «Bazaga perdió por dos votos, los votos de dos centristas que le habían asegurado su apoyo».

 

Militó una temporada en Alianza Popular, pero, según el propio Bazaga, no soportaba la disciplina del partido y en las elecciones de mayo 1991 se presentó a la Alcaldía con una candidatura independiente.

 

La política le dió hondas satisfacciones y también amarguras sin cuento. Pero él tenía una gran vocación de servicio al ciudadano, que era su manera de entender la política y frente a los desgarros de la clase dirigente del color que fuere, el se centró siempre en la ayuda a los más débiles, a los más humildes. Sólo así entendemos sus medidas socioeconómicas en todo momento de su carrera para terminar en colectivos de defensa de los consumidores y eso sí, siempre, una pasión por Cáceres y sus candidaturas internacionales. (El fue uno de los integrantes de la delegación cacereña que recibió, hace veinticinco años, en París, la designación de Cáceres como Ciudad Patrimonio de la Humanidad).

 

Casado con la también trujillana Manuela Gazapo Cancho, la dulce, fuerte, sensata, inteligente y sabia Loly tuvieron cinco hijos: Inmaculada, Antonio, Victoria, Cristina y Juan. En el funeral por su eterno descanso celebrado en la iglesia de Nuestra Señora de Fátima de Cáceres, abarrotada de gentes de toda clase y condición y de políticos de todas las tendencias, el oficiante, don Juan José Rivero, destacó de Juan Bazaga su sentido profundo de entrega a los demás y la honda religiosidad que marcó toda su existencia y que hizo más llevadera la enfermedad que le atenazó los últimos días de su vida. Luego, sus restos mortales fueron trasladados al cementerio de la Vera Cruz, de Trujillo, uno de los camposantos más bellos de España. Desde aquella altura rocosa, bordeada de cipreses, se contempla la llanura trujillana y en los días claros de la primavera, Cáceres se otea a lo lejos. El sueño eterno de Juan Bazaga.

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