García Lorca y ABC

Publicado por el Dec 3, 2009

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La noticia de la búsqueda de los restos del poeta Federico García Lorca anda estos días llenando las páginas culturales con una polémica que a mi sinceramente me parece inútil. Federico es un ser que vive en todo el mundo, que anida en quien lo lee, que se acrecienta con los años. Mirábamos hacia Víznar o Alfacar con la melancolía y la pena de saber que allí fue martirizado. Ni siquiera creíamos que sus restos podían estar allí. Cuando su familia se ha opuesto a esta macabra operación muchos han pensado que era cierto el rumor que circulaba desde hace años y siempre entre susurros: el poeta había sido rescatado de la fosa al poco tiempo de ser asesinado y su familia lo trasladó, según unos a la Huerta de San Vicente; según otros, a un convento de clausura de la capital granadina. Siempre que volvamos por aquellos rincones de la vega miraremos hacia los chopos del otoño y recordaremos sus versos. Donde estén sus restos ya no nos importa. Federico es uno de los más grandes poetas que ha dado España y su voz, viva y clara, nos pertenece a todos. Y en todos resucita.

Pero hoy vamos a lo nuestro: la relación del autor de “Yerma” con ABC. Conocemos estos datos por sus amigos y biógrafos. Por ellos sabemos que el 25 de julio de 1928 Santiago Ontañón visita al poeta en la madrileña Residencia de Estudiantes. Lo cuenta Gibson. Federico estaba tendido en su cama leyendo ABC. De repente se incorporó.«¡Fijaros lo que es la vida!» exclamó. Acababa de leer un crimen pasional en Níjar (Almería). Y señala Gibson: «Ontañón ha presenciado, aquel 25 de julio, el nacimiento de “Bodas de sangre”…». Ahí está en la Hemeroteca de ABC la noticia de aquel día y de los días siguientes con el suceso que originaría una de las más impresionantes obras de la dramaturgia mundial.

En otro momento de su voluminosa biografía cuenta Gibson cómo Federico acudió reiteradamente a Cipriano Rivas Cherif para que interviniera y pudiera publicarse en las páginas de ABC una fotografía del busto que le había hecho su joven amigo y protegido escultor Emilio Aladrén . Al cabo de tantos años y con todo lo que se ha escrito sobre el tema ya podemos decir claramente que Emilio Aladrén fue el novio que más trajo al poeta por la calle de la amargura. Aladrén había nacido en Madrid en 1906. Tenía 19 años cuando conoció a Federico, ocho menos que el poeta. Según la pintora Maruja Mallo «Emilio Aladrén era muy guapo, muy guapo, como un efebo griego (…) y Federico me lo quitó, entre otras cosas porque le decía que tenía un temperamento ruso, y le decía tantas cosas que, claro, él se enardeció y se fue con Federico». En el magnífico libro sobre Lorca de Agustín Penón, éste entrevista a José García Carrillo, uno de los más íntimos confidentes del poeta y apunta: «Pepe me dice que el escultor explotaba descaradamente a Federico. Todos los amigos de Federico lo sabían. (…) Utilizaba la fama de Federico para subir, para que la gente le conociera. Todos los amigos de Federico le aconsejaban que le dejara, pero el poeta estaba hondamente enamorado del escultor. Parece ser que al escultor le llamaba Salvador Dalí, despectivamente, “Aladrenino”. Martínez Nadal, tan cercano a Federico, nos dice que lo llevaba a todas partes, lo presentaba a todo el mundo y era evidente que esa amistad fue para el poeta durante varios años fuente de alegría».

Pues bien. En estos lances de amor andábamos cuando nuestro poeta, contentísimo con la cabeza suya en escayola que le había hecho Aladrén, busca, como sea, que aparezca en ABC. Para ello recurrió a Cipriano Rivas Cherif, hombre de teatro, cultísimo, homosexual confeso que más tarde se convertiría en cuñado de su íntimo Manuel Azaña al casarlo con su hermana Lolita. La carta de Federico a Cipriano no tiene desperdicio. En la carta llama pimiento picante a Maruja Mallo y pide encarecidamente: «Si en el ABC pudiera reproducirse bien, yo te enviaría la foto. Esto no es compromiso, de ninguna manera. Si a ti te ocasiona la más leve molestia, quiere decir que no se hace; pero si es fácil que salga “decentemente puesto”, me gustaría dar esta sorpresa a un buen amigo mío, “artista novel”. Esto en la más discreta reserva».

Cipriano no quiso hacer de celestina y le contestó el 28 de agosto de 1928, saliéndose por la tangente: «No están en Madrid Juan Ignacio Luca de Tena ni Luis Calvo, únicas gentes de ABC con quien tengo relación para la gestión que me pides; pero sospecho desde luego que no querrán, porque para hacerlo bien como tú quieres tenía que interesarle al ABC el escultor o el retratado, y aunque por este lado se pueda intentar, también estimarán que es un reclamo gratis…» Caray, como escurría el bulto don Cipriano, más listo que el hambre… Lo cierto es que -como escribió Gibson- la foto no salió ni en ABC ni en ningún periódico de Madrid. El 11 de septiembre conseguiría colocarla en «El Defensor de Granada»…

De nuestro poeta volveremos otro día a hablar al hilo de sus Sonetos del amor oscuro. Pero ese es otro capítulo…

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