El Museo ABC, cita ineludible en Madrid

Publicado por el ene 31, 2011

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Portada del primer número de la revista La frase está en la calle: «Quedamos en el Museo ABC, al lado de las Comendadoras». Es el Museo de moda, el que está despertando tantas sorpresas, el que concita la atención del abuelo que quiere evocar las ilustraciones que le recordaban al «Blanco y Negro» de casa de sus padres y de los jóvenes artistas que necesitan beber de tanta vanguardia y tanta modernidad. Me divierte escribirlo porque me lo han dicho varias personas: El Museo ABC es ahora mismo el más vanguardista de Madrid.  

 

Si hay algo que conmueve y estremece, por la impresionante variedad, por las tendencias tan distantes, por el rompimiento y a la vez por la tradición de las modas y vanguardias  pictóricas en España,  es la contemplación serena de la obra gráfica de ABC y Blanco y Negro. Toda la memoria colectiva del siglo XX, más una buena parte de los finales del XIX, está recogida en ABC  de manera amorosa y deslumbrante. Claro que hay que conocer cómo se gesta toda esta aventura de Blanco y Negro y ABC para darse cuenta de por qué fue posible conseguir tan preciado tesoro. Y, como en tantas cosas y situaciones, hay que acudir inevitablemente al alma del fundador don Torcuato Luca de Tena y Alvarez-Ossorio. Lo narra él mismo en un artículo publicado en el número 2000 de Blanco y Negro. Cuenta así la creación de esta revista:

 

«Nació Blanco y Negro de un viaje a Alemania. Estuve en Munich y allí pude admirar y estudiar la organización artística e industrial de la famosa revista "Fliegende Blätter". De regreso a Madrid y conversando con varios pintores jóvenes en el Círculo de Bellas Artes, me lamenté de que no se hiciera en España algo análogo, pues sólo existía entonces y estampado en litografía el "Madrid Cómico". Me replicaron que aquí sobraban artistas para publicar un periódico ilustrado, pero hacía falta editores. Pues yo seré ese editor, contesté. Y aquel mismo día quedó decidida la publicación de Blanco y Negro».  

 

De Juan Gris a Joaquín Sorolla

 

Como nos contaba años después su nieto, el inolvidable don Guillermo Luca de Tena, desde entonces, fiel a su palabra empeñada, don Torcuato Luca de Tena hizo de su revista el marco ideal que cobijó a una pléyade de artistas cuyas obras enriquecerían cualquier museo. Porque fueron pintores y escultores de primera línea los que llenaron con sus obras esas páginas artísticas de Blanco y Negro: Juan Gris, Ramón Casas, Mariano Benlliure, Moreno Carbonero, Bernardino de Pantorba, Joaquín Sorolla, Aniceto Marinas, Darío de Regoyos, Agustín Querol, Daniel Vázquez Díaz, Valentín de Zubiaurre, Manuel Benedito, Fernando Alvarez de Sotomayor, Cecilio Pla, Angel Díaz Huertas, Francisco Sancha, Martínez Abades… Don Guillermo, con esa agudeza de empresario, nos contaba a principios de los años 90 del siglo pasado que ese cuadro de colaboradores artísticos, tan impresionante, no se debía al azar ni a la fina sensibilidad de un editor para seleccionar a los mejores. La razón, según don Guillermo, estaba en los extraordinarios adelantos técnicos que permitieron ofrecer la más perfecta reproducción de tantas obras de arte. De ahí el interés, el «pique» por salir en sus páginas. De ahí, también, que semana a semana se agolparan sobre la mesa del director decenas y decenas de portadas de Blanco y Negro, cada cual más atractiva y singular, más novedosa y llamativa. Por eso se halla en esta colección -a color o en blanco y negro- toda la moda tan cambiante y revolucionaria de la época, los usos y costumbres de la sociedad española, las nuevas tendencias. Tengan en cuenta que cuando se publica Blanco y Negro estamos en 1891, la mujer usaba polisón y se tocaba con sombreros sofisticados, las noches del Real son deslumbrantes de joyas y pieles, existen los coches de caballos…  Junto a la burguesía adinerada –a la que pintan o sutilmente critican- los pintores buscan también cuadros de costumbres, con muchachas envueltas en mantoncillos de crespón, lavanderas a orillas del Manzanares, gomosos y guindillas, chulapos de pantalón ceñido a cuadros, ventorrillos de los alrededores -ay, las ventas del Espíritu Santo, con su vino barato y sus gallinejas-, en los terrenos donde hoy se asienta la plaza de toros y una parte de la M-30…   

 

La obra de Ramón Casas Todo esto va a ir cambiando.  Siguiendo la colección pictórica y gráfica de ABC, asistiremos a las caídas de los Imperios centrales, a las escenas a plumilla de la primera guerra mundial; el lector contemplará atónito el desmoronamiento de todo un mundo que parecía magníficamente establecido; pero que no: Europa se desangra y empieza a llegarnos una nueva cultura donde los negros han dejado de ser la servidumbre de las casas elegantes para convertirse en cantores de jazz; aparecen y triunfan deportes desconocidos como el «foot-ball» y el «tennis» y de los bailes de salón a ritmo de vals se pasa al alocado charlestón, al prohibido tango y al corte de pelo a lo «garçon». Y, en fín, surge, arrasador, el cinematógrafo. La revolución a todos los niveles es absoluta. Nadie sabe realmente qué está pasando, hay una cierta ridiculización de las democracias tradicionales y los «ismos» –literarios y artísticos- abundan por doquier. No, nadie sabe qué está pasando pero en la vieja Rusia la familia imperial ha sido brutalmente asesinada por los comunistas y en Alemania, desde las urnas, surge un nacionalsocialismo que encarnará Hitler. El viejo mundo está desapareciendo con un punto de embriaguez y de atracción por el vacío, y, sin darnos cuenta, estamos asistiendo desde las páginas de Blanco y Negro y ABC a ese desmoronamiento, pero de otra manera. A las antiguas ilustraciones de Ramón Casas o del valenciano Cecilio Pla, con sus mujeres exquisitas y barrocas, muy fin de siglo, vendrán las damas estilizadas de Penagos o de Román Bascones; Lozano Sidro hace auténticos cuadros de las capillas públicas de Palacio mientras ridiculiza a los nuevos ricos, Díaz Huertas nos trae escenas de la vida cotidiana y grata y Francisco Sancha, con sus trazos gruesos y su pincelada de claroscuro donde la ternura se une al patetismo, nos ilustra con la vida menestral madrileña, hecha de tiendas de ultramarinos, tabernas con noctívagos adormecidos, vallas de tablones para personajes barojianos, mientras otro pintor, Eulogio Varela, crea unos deliciosos motivos decorativos para orlar artículos o poemas de escritores que se llamaban Juan Ramón Jiménez, Manuel y Antonio Machado, Francisco Villaespesa o Eduardo Marquina.  

 

200.000 obras y más de 2.000 artistas

 

Son cerca de 200.000 originales de más de dos mil artistas. Algunos, como hemos insinuado, comenzaron aquí, enviando sus colaboraciones libremente mientras empleaban las técnicas más expresivas del momento. De ahí la variedad también en las técnicas: acuarela, gouache, acrílico, pastel, grafito, carbón, tinta, pastel, óleo. Hay algo que conviene resaltar también y es la continuidad del carácter de la revista. Aunque la publicación se fue amoldando a las distintas transformaciones de las épocas, esto hizo que las tendencias o gustos artísticos fueran también acogiéndose a los nuevos tiempos sin que nada tuviera que chirriar. Y así vemos desde las más bellas alegorías del art déco a las vanguardias más absolutas. Por eso si se contempla la lista de colaboradores nuestro asombro quedará marcado sencillamente porque están todos y están todos con sus maneras de ser y de pintar: desde Emilio Sala a Almada Negreiros, desde Alvaro Delgado a Manuel Rivera.  

 

Portada de Para muchos estudiosos de las vanguardias del siglo XX esta impresionante colección de ABC podría establecerse en cuatro apartados: los ilustradores, los humoristas, los caricaturistas y los retratistas. Ellos, sin duda, ocuparon un lugar destacado en el mundo del arte de su tiempo. Algunos se han eternizado por encima de sus épocas; otros, han caído en el olvido; pero entre todos hicieron posible no sólo un mundo artístico mejor sino también una de las mejores colecciones privadas que existen de esa época. Hay además otro detalle sumamente curioso: desde un primer instante, la Casa de ABC creó concursos y premios a los que optaban -y siguen optando- los jóvenes de cada momento que han continuado aportando su caudal de inteligencia y sensibilidad.

 

Quizás hoy día lo que más llame la atención de los nuevos admiradores del arte sean los ilustradores. Desde la primera portada de Blanco y Negro, obra de Díaz Huertas, al último dibujo de Mingote publicado recientemente en la portada de ABC hay un sin fin de nombres que, según quien los evoque, así les gustará hasta llamarlos por su nombre. ¡Cuántas veces hemos oído a algún lector de ABC recordar las escenas bucólicas de Regidor, con sus pastores dulcemente enamorados, la paz de los campos, las humeantes chimeneas en los otoños castellanos!  Otros, como decía, preferían los nobles salones con damas enjoyadas y alabarderos de buen porte de Méndez Bringa o Lozano Sidro. O  las escenas campesinas de Medina Vera o el popularísimo Sancha. Volviendo a Francisco Sancha, que era malagueño, recuerdo que, en una ocasión, las ilustraciones madrileñistas -bellísimas como suyas- de este singular ilustrador sirvieron de carteles de crédito a una de las películas cupleteras de Sara Montiel y cómo la noche del estreno, con la sola visión de aquellas estampas del Madrid un punto entre arrabalero y quevedesco, se despertó un cerrado aplauso entre los estrenistas de turno. Como  escribió Francisco Nieva «nadie hay de comparable a Sancha entre los dibujantes españoles de su tiempo». Otro personaje injustamente olvidado es Martínez Abades. Era famoso por sus «marinas», delicadísimas, y por sus puertos de mar llenos de tonalidades rosas y atardeceres nostálgicos. Escribía también letras de cuplé y tenía tal fijación por el agua que si en pintura eran famosas sus marinas, su cuplé más solicitado era «Agua que no has de beber», con el consiguiente cachondeíto que eso originaba en las tertulias del Café Suizo o del Fornos.  

 

Los años 20

 

Y, como decíamos, en los años veinte la colección se enriqueció con Penagos –que creó «su» tipo de mujer-, Ribas, tan vinculado a la Perfumería Gal, Bartolozzi, Baldrich, que traen a escena a la «Eva» nueva, la que viene determinada por el cine, la que ha olvidado los pechos orondos gracias a las pilules orientales, las fajas de ballena, los peinados desparramados e interminables y se ha apuntado al pelo corto, el talle bajo, el sombrerito «cloche» y, en fin, a la modernidad y a la libertad más absoluta. Celia Gámez estrena chotis a la falda muy cortita, muy cortita, ajustadita, luciendo el talle o a la Manuela que por el cine tenía desatendido el taller de planchar. Nombres de ilustradores como Juanito Esplandiú, Estalella, Benjamín Palencia, Masberger, Santonja, Barradas, Teodoro Delgado, Carlos Sáez de Tejada, Angeles Torner, al lado de los humoristas de cada época, como Sileno, Xaudaró –con su popular perrito, que los niños «chic» llevaban en un «pin» de plata –y nos creemos que hemos descubierto algo- hasta llegar al maestro Antonio Mingote –gloria de ABC, más de medio siglo en sus páginas, adoración de propios y extraños, personaje querido y admirado donde los haya-, sin olvidar a Lorenzo Goñi, Martinmorales, Máximo, Puebla, Berridi, ni al llorado Mena con su inolvidable «Cándido».

 

Portada de Mingote del 25 de agosto de 1984¿Y los caricaturistas? ¿Y los retratistas? Siempre quedará alguno olvidado y esa pena nos baqueteará. Pero en esta Casa hicieron santo y seña Fresno, Romero Escarcena, Tovar, Martínez de León, Ricardo Martín, el entrañable y queridísimo Antonio Casero, Ugalde, Menéndez-Chacón, Puente, Sirio, Córdoba, Palacios, Almarza, Pérez D’Elías o el prematuramente fallecido Fernando Rubio.

 

Los retratistas o dibujantes tenían y tienen un respeto absoluto a lo ya hecho, porque se encuentran que entre los retratistas de la Casa figura Daniel Vázquez-Díaz o Solís Avila, Angel de la Fuente, Acquaroni, Cañizares, Olabarría, Pinto, Mampaso…  

 

No. No. La lista no se acaba. Como no se acaba la historia. ABC es un periódico abierto a las nuevas tendencias, completamente joven. Cuando este escrito vea la luz ya habrá más ilustradores y más dibujantes y más pintores…

 

Anecdotario

 

Pero hoy estoy cañero y batallador y orgulloso y tengo ganas de contar esas cosas que casi no se saben. Por ejemplo, ¿saben los jóvenes lectores que Ramón Gómez de la Serna ilustraba él mismo sus propios artículos y greguerías y que en la colección de ABC hay decenas y decenas de originales magníficos? ¿Qué Maruja Mallo, la gran musa del 27 y una de las más grandes pintoras del surrealismo español tiene una tinta publicada en ABC el 9 de noviembre de 1930? No sé cómo le daba tiempo de pintar porque en aquella época andaba como una desorejada tras todo varón que se movía. Federico García Lorca la llamaba «pimiento picante» y logró quitarle un novio. Para que luego digan que no ha existido el donjuanismo femenino… ¿Saben que la pintora Angeles Torner , bajo las siglas ATC, marcó la moda en «Blanco y Negro» y sus modelos revolucionaron la estética femenina en la primera mitad del siglo XX?

 

Portada de "Blanco y Negro" de Ramón Gaya del 6 de marzo de 1932¿Que Juan Gris era discípulo de Cecilio Pla, uno de los más grandes ilustradores de Blanco y Negro, y que fue éste quien lo recomendó a don Torcuato para que publicase ilustrando un poema de Santos Chocano y una narración de Francisco Flores García?

 

¿Sabían, por ejemplo, que Rafael Alberti no sólo publicó antes de la guerra un poema taurino , sino que tras su exilio volvió a colaborar en ABC, donde obtuvo el premio Mariano de Cavia? Uno de sus dibujos apareció en ABC Cultural el 3 de enero de 1992. Y su amigo Dalí que también haría una ilustración- dedicatoria en octubre de 1963… Tantos. Todos.  

 

Y se quedan nombres importantísimos, como el canario José Aguiar o Crayón o Pedro Mayrata o Marceliano Santa María o Maximino Peña o Mariano Bertuchi con sus deliciosos y exóticos paisajes de Marruecos. Y los que ilustraron para las publicaciones incautadas por el Gobierno republicano como Arcones o Camarero y los más cercanos Serny, «Chumy Chúmez», Manolo Summers, Teodoro Delgado o Lorenzo Goñi –magnífico ilustrador de series del premio Nobel Camilo José Cela- o Julián Grau Santos o el exquisito Tauler. Y, hoy como ayer, presidiéndolo todo, como un don de la naturaleza, el maestro Antonio Mingote, que lo ha visto todo, lo ha pintado todo y sigue con su generosidad y su humor viendo avanzar el nuevo siglo –con todos sus recuerdos al hombro- trabajando alborozadamente con la ilusión de un principiante. Gajes de las Casas con tantas historias vividas con ardorosa pasión.

 

Lo dicho: que nos vemos en el Museo ABC, al lado de las Comendadoras…

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