Demasiados espías para que todos estén callados

Publicado por el jun 11, 2013

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edward-snowdenLo sorprende no es que Edward Snowden haya hecho de ‘soplón’, lo raro es que no haya más filtraciones. 4,9 millones de estadounidenses tienen acceso a información oficial considerada ‘confidencial y secreta’; 1,4 millones tienen acceso a información ‘top secret’. El 21% de los primeros (1,1 millones) y el 34% de los segundos (483.000, Snowden entre ellos) no están empleados directamente por el Gobierno, sino que trabajan para empresas privadas subcontratadas. Con tales números, pues, extraña que no haya más personas dispuestas a pasar a otros ciertos secretos. ¿No será que esas filtraciones existen, pero no son a la prensa, sino a gobiernos extranjeros? De esos millones de estadounidenses con acceso privilegiado, no todos los saben todo, pero muchos saben mucho, por más que la información esté normalmente compartimentada (hoy las redes informáticas permiten unir muchos puntos a esos ‘iniciados’).

CADA VEZ MAS GENTE EN EL SECRETO. La inteligencia de EEUU nunca tuvo tantos empleados, ni nunca fueron contratados de modo tan acelerado, ni tampoco hubo tanto porcentaje de ‘espías de alquiler’. Cuando Obama está siendo tan severo en la caza de filtradores (ha perseguido a seis funcionarios por desvelar información de acceso restringido, más que todos los presidentes anteriores juntos desde que en 1917 se aprobó la Ley de Espionaje) probablemente no sea porque esté de peor humor que sus antecesores, sino porque el problema ha aumentado. Mostrarse duro ayuda a disuadir a quienes estén tentados en irse de la boca. Desde el 11-S de 2001 ha habido un gran enrolamiento de personal dedicado al combate antiterrorista, tanto en seguridad como en inteligencia. La constricción presupuestaria que ha supuesto la crisis, además, ha llevado a la creciente contratación de empresas privadas (el 70% del presupuesto es para ellas).

ESCRUTINIO DE 5 O 10 AÑOS DE VIDA. Para lograr el acceso a información especial se necesita una ‘security clearance`. En el caso de información ‘confidencial y secreta’, la autorización se otorga tras indagar seriamente en los últimos cinco años de la vida del solicitante, además de conocer datos sobre su infancia, familiares, amigos, salud mental, trabajos, carácter y conducta. Hay exámenes psicológicos y puede aplicarse el detector de mentiras. En el caso de información ‘top secret’, el escrutio más intenso se alarga a los últimos diez años de vida.  La primera ‘clearance’ puede costar a la Administración unos 260 dólares; esa segunda, 4.000 dólares (datos de AP).

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