La ‘gran estrategia’ de España: su unidad

Publicado por el may 29, 2013

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Cuando cualquier gobierno español piensa en términos de geopolítica utiliza básicamente dos coordenadas: la integración europea y la relación con Latinoamérica. Esto es: cómo España puede ganar peso dentro de la UE a través ciertos alineamientos, y cómo puede hacer crecer su estatura mundial mediante su privilegiada interlocución con la mayor parte del continente americano. Las consideraciones estratégicas de Madrid también incluyen otros aspectos, como la colaboración con EEUU, las labores de inteligencia en el Magreb/Sahel, la participación en misiones internacionales y, potenciada por las urgencias de la crisis económica, la venta de armas.

physical_spainCOMPLEJIDAD INTERNA. En realidad, aunque importante, todo eso es secundario. La ‘grand strategy’ de España –su absoluta prioridad– debiera ser la unidad del estado. En todo país complejo internamente, cualquier base de partida es asegurar su integridad. Si una o varias partes de España se desgajaran, la España restante perdería peso en el mundo: menos población, menos PIB…. Lo perdería desde luego en la UE, donde tendría difícil su actual exigencia de ser tratado como país intermedio entre los cuatros grandes y el resto. La ‘gran estrategia’ de las potencias está orientada a ganar influencia a partir de su plataforma geográfica. En el caso de España, por su agravada complejidad territorial y sus recurrentes tiranteces internas, la condición previa –evitar cualquier cuarteamiento– es ella misma el objetivo primero.

ESPACIO PENINSULAR. Al observar el mapa físico de la Península Ibérica, sorprende la existencia de Portugal. Los Pirineos han limitado históricamente las ansias expansionistas de españoles hacia el norte o de franceses hacia el sur, y han encerrado a los habitantes de la Península en una isla ‘de facto’. Lo habitual es que una isla se unifique, salvo que haya impedimentos geográficos. Las fronteras entre España y Portugal no son ninguna barrera natural, por lo que es curioso que, salvo al comienzo, no haya habido intentos de Madrid de ganar soberanía sobre Lisboa. Es posible que la explicación esté en que justo cuando se consolidaba la realidad lusa, España estaba volcando todo su esfuerzo expansivo en América; más adelante, Portugal supo aliarse a Inglaterra ante cualquier posible agresión española. Trocear aún más la Península supondría invitar a que otros países fuertes de Europa colaran sus intereses a través de los Pirineos: Francia ha sido tradicionalmente la potencia externa invocada por el separatismo catalán.

POLITICA INTELIGENTE. Es ridículo que un ministro de Exteriores y todo su aparato ministerial dediquen tiempo y presupuesto a maquinar la estrategia que permita una mayor influencia de España en el mundo (la acción conjunta del Gobierno se implica en el propósito: desarrollo económico y comercial, viajes del Rey y del presidente del Ejecutivo, infraestructuras, nivel educativo, etc.), mientras el cerebro del Estado no invierte el mismo o incluso mayor esfuerzo en diseñar una estrategia inteligente que garantice la unidad de España. Dado que hoy asegurar la integridad del país por las armas no es siquiera imaginable, hace falta mucho ‘think-tank’ y materia gris para articular esa ‘grand strategy’. Pero no parece que se esté haciendo, al menos no con habilidad.

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