Un cuasi-supra-estado EEUU-México

Publicado por el feb 6, 2013

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Que un libro de geopolítica estadounidense celebre la memoria de un conquistador español no es habitual. En ‘The Revenge of Geography’ (2012). Robert Kaplan invoca la ruta realizada por Francisco Vázquez de Coronado. Su gran expedición, de 1540-1542, partió de la población mexicana de Compostela, en el centro del país, cerca de la costa del Pacífico, y llegó hasta el corazón de los llanos de lo que sería Estados Unidos. Sin fronteras determinadas hacia el norte, la ruta atravesó los hoy estados de Arizona, Nuevo México, Texas, Oklahoma y Kansas. Miembros de la expedición, en incursiones laterales, fueron los primeros no nativos en ver el cañón del Colorado. Aunque no encontraron los metales preciosos que buscaban, el viaje permitió levantar mapas sobre el interior del continente.

 La ruta le sirve a Kaplan como precedente del eje norte-sur que a Estados Unidos le interesaría ahora potenciar. A su juicio, si el gran desarrollo estadounidense siguió en los dos últimos siglos la orientación este-oeste, entre sus dos costas, ahora el futuro como potencia de EEUU pasa por una mayor conexión con México.

“El poder económico, cultural, moral e incluso político y militar de América será afectado sustancialmente por el hecho de si podemos desarrollar algún tipo de supraestado cohesivo y bilingüe con México y Canadá o, en cambio, quedamos atrapados por una región fronteriza disfuncional, vasta y crecientemente rebelde que genera tensiones de civilización entre la cultura anglo-protestante aún dominante de América y su contraparte hispánica […] Si no tenemos a México como un aliado íntimo y fiable en los foros mundiales, eso afectará adversamente otras relaciones de América, especialmente cuando la población de México (y Centroamérica) crece a un ritmo mayor que la nuestra”.

La conveniencia de una fluida relación con México por parte de EEUU, en todos los órdenes, también la planteó George Friedman en ‘Los próximos cien años’ (2009). Pero en su caso no la veía tanto como una potencialidad, en beneficio mutuo, sino únicamente como un riesgo para EEUU si no se lleva a cabo. Friedman abogaba por que los amplios territorios mexicanos que EEUU se anexionó a mediados del siglo XIX, donde cada vez hay más porcentaje de población hispana, tengan una consideración en muchos aspectos como el Quebec canadiense, aunque sin su plena institucionalización como zona autónoma. “Estados Unidos se habrá convertido en un país bicultural, como Canadá o Bélgica. La segunda cultura no será formalmente reconocida, pero será real y no meramente un fenómeno cultural, sino una realidad claramente definida geográficamente”. En su pronóstico, Friedman vaticinaba un tenso conflicto entre EEUU y México hacia 2080, con posibles capítulos de agresión mutua a final de siglo.

Personalmente me apunto a la tesis más positiva de Kaplan, porque creo que el interés geopolítico de EEUU pasa por su proyección hacia el sur (lógicamente consensuada con México, no una expansión como fue su conquista del oeste). El creciente poder hispano en EEUU, aunque plantea serios retos de futuro, no es solo un riesgo para la aún primera potencia.

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