Publicado por Emili J Blasco el abr 17, 2012
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Calma, para quien se haya puesto nervioso. La sorpresa de Gallup colocando esta semana a Romney (47%) por delante de Obama (45%) no quiere decir nada, de momento. En todo caso que, si bien sigue persistiendo la idea de que habrá reelección de presidente, las cosas pueden estar reñidas. Hay que olvidarse de las encuestas. Si se quiere saber quién ganará las elecciones presidenciales del 6 de noviembre, bastará conocer quién encabeza la predicción de Gallup en septiembre. No falla nunca, o casi nunca. Asà que hay que tomarse con tranquilidad los sondeos que de la pugna Obama-Romney aparezcan de aquà hasta entonces, de Gallup, que a efectos de las presidenciales es referencia en Estados Unidos, o de cualquier otra empresa demoscópica.
Por eso ni los demócratas deben alarmarse de que en el ‘tracking’ diario inaugurado esta semana por Gallup se haya dado la vuelta al marcador, ni los republicanos desanimarse por que la mayorÃa del resto de sondeos hablen de una ventaja del actual presidente (el de la CNN de esta semana: Obama 52%, Romney 43%). En cualquier caso, a lo que asistimos estos dÃas es a un momento de transición entre el fin de las primarias y el enfrentamiento directo entre los dos candidatos que ya ha comenzado.
Normalmente, los datos ‘mágicos’ son los de principios de septiembre, justo tras el primer lunes de ese mes, que en EEUU es festivo (Labor Day) y siempre marca el comienzo del nuevo curso polÃtico. Esta vez habrá que esperar hasta mediados de septiembre, para dar tiempo a que sedimente la ola que beneficiará a los demócratas con motivo de la celebración de su convención (del 3 al 6 de septimbre; la republicana es del 27 al 30 de agosto). Desde 1952 apenas ha habido excepciones a la regla de que quien encabeza el sondeo de Gallup hacia Labor Day gana las elecciones: falló con Carter (1980) y con Al Gore (2000).
De acuerdo con esto, el veterano columnista Dan Balz, considerado por muchos como el mejor cronista electoral de EEUU, advertÃa en The Washington Post que lo que ocurra en los dos o tres próximos meses será decisivo para que el electorado se decante a favor de uno u otro candidato. Se trata de un proceso de decisión que cada vez se ha ido adelantando, y que luego solo se ve corregido en función de lo que suceda en los debates cara a cara del otoño.
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