A Obama se le calienta la boca

Publicado por el Apr 6, 2012

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A los líderes internacionales se les suele ver fuera de sus países de modo incompleto. Es la primera constatación que hice cuando comencé a hacer estancias en el extranjero. En los años 90, Helmut Kohl era una figura colosal en el resto de Europa, y singularmente en España, pero en Alemania provocaba la natural división de pareceres: sus conciudadanos le juzgaban también por los asuntos domésticos, en los que la ideología normalmente se muestra de forma más clara que en los que trascienden fronteras. De igual forma, me sorprendió la unánime alta consideración, completamente acrítica, que los alemanes tenían de Felipe González, cuando lógicamente en España se le veía desde dos caras.

Lo mismo ocurre con Barack Obama. El entusiasmo generalizado por el presidente estadounidense en Europa, compartido por otras partes del planeta (no en el mundo árabe, donde ha acabado teniendo tan mala nota como George Bush) no casa con la polarización que despierta su figura en EEUU. Falta en el exterior un esfuerzo por entender que parte de la opinión pública estadounidense puede discrepar justificadamente de Obama, que hay razones para ello, como las hay para sus defensores. Se le excusa por el sectarismo que muchas veces está demostrando el Partido Republicano en su control de la Cámara de Representantes, pero no suele saberse que el propio Obama juega como ningún otro la carta del ‘partisanismo’ que él denuncia.

¿Qué se diría en España, por ejemplo, si el Tribunal Constitucional estuviera a punto de pronunciarse sobre un recurso presentado por las comunidades autónomas socialistas contra la reforma laboral del Gobierno, y Mariano Rajoy advirtiera que sería “extraordinario y sin precedentes” que “un grupo de gente no elegida” pudiera revocar una ley “aprobada por la fuerte mayoría de una Cámara elegida democráticamente”? Es la presión sobre el Tribunal Supremo, en su decisión sobre el futuro de la reforma sanitaria de Obama, la que no tiene precedentes (ni Roosevelt ni Truman, en parecidas situaciones, llegaron a pronunciarse así cuando el Supremo se encontraba en periodo de deliberación).

Frente a la imagen exterior de persona de suaves maneras, Obama opta con frecuencia por la estrategia de la confrontación. ¿Por convicción o por reacción al acoso republicano? Como senador en Illinois y en el Capitolio, Obama jamás traspasó las trincheras ideológicas para apoyar iniciativas bipartidistas que ahora reclama. Y como presidente, a veces se lanza a tomar partido de modo categórica en asuntos en los que más se apreciaría un intento de consenso o imparcialidad. Así sucedió cuando en la muerte del adolescente negro Trayvon Martin en supuesta -y cuestionada- legítima defensa de un blanco (de madre y rasgos hispanos), Obama rápidamente tomó posición en favor del fallecido. “Si tuviera un hijo sería como Trayvon”, afirmó. Lo hizo en un momento en que hacía falta apoyar a la familia Martin para que de verdad se investigara el caso, pero este se ha demostrado más complicado de lo que parecía y los propios estadounidenses se han dividido. Se diría que a Obama le pierde a veces su gran arma, la retórica.

(Foto de Chris Carlson, AP)

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