El parecido Nixon-Gingrich

Publicado por el Jan 25, 2012

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Newt Gingrich raramente pronuncia cinco palabras seguidas sin que una de ellas sea Reagan. Pero a quien realmente se parece es a Richard Nixon, a quien los republicanos ya no nombran, en un olvido semejante al que le está sucediendo a George W. Bush (debieran ser más generosos con ambos porque al margen de Watergate o Irak, fueron dos presidentes con notable influencia en la revitalización republicana). Ronald Reagan se ha convertido en el patrón referencial del Partido Republicano, como Franklin D. Roosevelt lo es del Partido Demócrata.

La primera semejanza Nixon-Gingrich tiene que ver con un elemento central de sus biografías: ambos resucitaron, tuvieron una vuelta a la gran escena después de que se les diera por muertos políticamente. Senador por California, Nixon fue escogido como vicepresidente por Dwight D. Eisenhower en 1952. Tras los dos mandatos del general, Nixon fue en 1960 el candidato republicano a la presidencia, pero perdió frente a John F. Kennedy. En 1962 tuvo una segunda derrota que se vio como el fin definitivo de su carrera, al fracasar en su intento de ser gobernador de California. Con esas cruces en su historial, Nixon no era el favorito en las primarias de 1968, en las que también concurría George Romney, padre del actual aspirante. Pero su astucia le permitió ganar y convertirse en presidente de EEUU.

También Gingrich pareció haber llegado a su cenit cuando en 1995 se convirtió en ‘speaker’ (funciones de presidente) de la Cámara de Representantes, liderando el movimiento ‘Contrato con América’ que logró la mayoría republicana por primera vez en varias décadas. Su pulso con el presidente Bill Clinton, con el episodio final del caso Lewinsky, le situó en el pedestal hasta que en 1998 sufrió un golpe interno que le derribó. Dejó el puesto criticado por el comité de ética del Congreso, por asuntos monetarios, y cayó en el ostracismo. Contra todo pronóstico, ahora ha resucitado.

Ese regreso del pasado, no obstante, no es el paralelismo más interesante, sino la forma de hacerlo. El lenguaje y muchos de las maneras de Gingrich, como su decisiva cara de enfadado cuando se enfrenta a los moderadores de los debates, recuerdan directamente al Nixon de 1968, como analiza Jon Meacham en un artículo del que tomo las ideas que siguen. Como Nixon, Gingrich es un político esforzado que parece inseguro rodeado de figuras del tradicional establishment. Como su antecesor, “es alguien que domina el vernáculo populismo cultural, proyectando la vida contemporánea americana en términos de un universal conflicto entre la gente real y las distantes elites volcadas en las destrucción de lo que es bueno y noble de EE.UU.”, escribe Meacham.

Cuando Gingrich intenta levantar una insurrección contra los medios “liberales” y la burbuja política de Washington, está resonando el discurso que Nixon pronunció en su nominación, donde se comprometió a hablar, en ese conflictivo final de los 60, en nombre de los “americanos olvidados, los que no gritan, los que no van a manifestaciones”. Nixon supo captar el resentimiento de las masas ordinarias de estadounidenses contra las elites que hacían el dinero por sus contactos de clase. Y ganó las primarias frente a alguien del establishment como Romney (y luego las presidenciales).

(Foto de Gingrich: John Moore/Getty Images)

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