Publicado por Emili J Blasco el jul 22, 2011
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º SAN FRANCISCO. Sirva solo como aviso: si tiene previsto hacer un viaje turÃstico a San Francisco reserve ya su ticket para acceder a la isla de Alcatraz, pues el interés por recorrer las instalaciones de la vieja prisión de máxima seguridad genera overbooking, con demoras en temporada alta de incluso más de dos semanas. La entrada en la prisión, gestionada por los Parques Nacionales, es gratuita, pero hay que pagar el ferry que lleva hasta esta pequeña isla de la bahÃa de San Francisco, a solo un par de kilómetros de ciudad. Unicamente hay una compañÃa de ferry concesionaria del trayecto, lo que limita el acceso, aunque a su vez esto permite que en la isla no haya una excesiva aglomeración de turistas.
Si ha visto ‘Fuga de Alcatraz”, la pelÃcula de 1979 protagonizada por Clint Eastwood, le será fácil revivir escenas de la vida transcurrida en el perÃmetro de la isla entre 1934 y 1963, cuando Alcatraz era penitenciario de máxima seguridad y albergaba una larga lista de famosos prisioneros, desde Al Capone al propio Frank Morris interpretado por Eastwood. El visitante puede andar a sus anchas por las galerÃas de celdas, el patio en el que hacÃan ejercicio los presos, la zona reservada a los guardas… El museo de Alcatraz además exhibe algunos objetos de aquella época y pone a disposición grabaciones con relatos de antiguos inquilinos a ambos lados de las rejas.
Sin duda lo que más cautiva la imaginación son los intentos de fuga, con San Francisco tan al alcance de la mano. De los 1.545 presos que estuvieron encarcelados, solo 36 ejecutaron un plan de evasión, pero todos ellos resultaron alcanzados por las balas de los guardias, fueron vueltos a capturar o presumiblemente se ahogaron. Además de las altas verjas, torres de vigÃa y barridos de luz, el frÃo del agua de la bahÃa (10º C) y las fuertes corrientes constituÃan una final barrera infranqueable.
La isla debe su nombre al español Juan Manuel de Ayala, que la avistó en 1775. Se utilizó como fuerte, acogió el primer faro en la costa norteamericana del PacÃfico y se convirtió en prisión militar, antes de pasar a lugar de confinamiento para criminales. A mediados de la década de 1960 fue ocupada por indios americanos y luego reconvertida en parque nacional.
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