Campaña de esposas calladas

Publicado por el Nov 7, 2011

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Unas simplemente sonríen junto a su marido (Ann Romney y Kaye Huntsman) y otras prefieren quedarse en casa (Gloria Cain y Carol Paul). La única que ha hablado una vez (Anita Perry) acabó liándola, mientras que quien la lió al principio (Callista Gingrich) casi no ha abierto la boca. El único consorte masculino (Marcus Bachmann) también se mantiene a distancia. Nada que ver con Michelle Obama o Bill Clinton en las pasadas primarias demócratas.

Herman Cain estuvo tentado en aparecer junto a su mujer Gloria la semana pasada, para contrarrestar el golpe de las acusaciones de acoso sexual de cuando hace quince años él era presidente de la Asociación Nacional de Restaurantes. Pero su mujer se quedó en casa. “Mi esposa y yo tenemos una vida familiar. Las campañas pueden ser duras y yo amo a mi mujer. Quiero que siga viva para que pueda sostener la Biblia cuando jure como presidente”, había dicho el candidato días antes de que se filtraran las antiguas acusaciones.

Mejor eso, desde luego, que un resbalón. La mujer de Rick Perry se llevó toda la atención de la prensa el día en que el gobernador de Texas presentaba el mes pasado su anunciado programa energético. Lo que quedó de aquel día fueron unas manifestaciones de Anita Perry, que hasta entonces no había dicho nada públicamente. “Ha sido un mes duro; se nos ha tratado brutalmente, se nos ha apaleado y demolido; hemos sido tratados cruelmente por nuestros oponentes y nuestro partido. Y creo que mucho de eso, me parece a mí, es por su fe”, dijo en referencia a la caída en las encuestas de su marido y a su cristianismo militante.

Callista Gingrich intenta no dar más titulares desde que los acaparara antes del verano cuando se supo que su esposo tenía un crédito abierto de 500.000 dólares en Tiffany, se supone que para complarle joyas a ella. Newt Gingrich va a casi todos los actos electorales con su mujer, incluso ha aparcado unos días la campaña para irse con su esposa de vacaciones en crucero. Ambos tuvieron una relación extramatrimonial cuando Gingrich, entonces líder de la mayoría republicana del Congreso, intentaba acorralar a Clinton por el caso Lewinsky.

Más habituadas a campañas y vida pública son las mujeres del exgobernador de Massachusetts, Mitt Romney, y del exgobernador de Utah y exembajador en China, Jon Huntsman. Ann Romney se esfuerza en privado para que su marido pierda algo del acartonamiento con que es percibido por el electorado, pero en público se limita a sonreír. Le describe como un dedicado padre y marido, que estuvo siempre a su lado cuando ella tuvo tratamiento por esclerosis múltiple y cáncer de pecho.

Rick Santorum también gusta de verse acompañado de su mujer, con la que tiene siete hijos, incluida una niña con severos problemas desde nacimiento. “Cuando miras a alguien para determinar si es la correcta persona para un puesto público, mira con quien se acuesta por la noche y en qué creen”, declaró el exsenador por Pennsylvania.

Por su parte, el consorte de Michele Bachman ha procurado salir de puntillas de los focos de la campaña. Ella acude normalmente sola a todos los actos, pero antes del verano su marido Marcus fue noticia por haber ofrecido tratamiento en su clínica a homosexuales que buscaban cambiar su situación. La representante por Minnesota mantiene un frontal discurso contra la práctica homosexual.

 

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