El lobby comenzó en este lobby de hotel

Publicado por el nov 5, 2011

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[Lobby: Grupo que presiona a favor de intereses particulares]

Puede parecer un chiste, pero el término ‘lobby’, tan utilizado en política, viene de lobby de hotel, y además de un hotel concreto, el Willard, que está al lado de la Casa Blanca. De la media docena de personas que se reunían allí en la década de 1870 para presionar al presidente de EEUU cuando éste se pasaba por el hotel con el fin de tomarse una copa antes de irse a dormir, se ha pasado a 11.000 ‘lobbyists’ (más de 20 por cada miembro del Congreso), que trabajan en las 1.900 compañías registradas en Washington. Se sabe que cobran un total 3.500 millones de dólares al año, pero se desconoce lo que pagan como sobornos, porque aunque se trata de un sector muy regulado, el tráfico de influencias siempre tendrá un lado opaco.

Cuando se entra en el lobby del Willard Hotel, que conserva el esplendor de tiempo atrás, no cuesta imaginarse aparecer por allí a Ulysses S. Grant, el general que derrotó a los confederados en la Guerra de Secesión y fue presidente entre 1869 y 1877. A su costumbre de acudir al hotel para fumarse un puro y tomar una copa al final de la jornada presidencial se atribuye el comienzo de la actividad de los lobby. Quien tenía alguna causa sobre la que presionar se hacía el encontradizo del presidente, y de ahí la presión profesionalizada comenzó a ejercerse también sobre los congresistas.

Al fin y al cabo es una actividad protegida por la Constitución, cuya primera enmienda prohibe ninguna ley que coarte “el derecho el pueblo para solicitar al Gobierno la reparación de agravios”. Se supone que eso, en términos amplios, es lo que hacen los ‘lobbyists’. Con el paso del tiempo el número de lobbies se ha multiplicado, siguiendo el crecimiento mismo del tamaño del Gobierno federal. Se trata de un proceso muy bien analizado en el libro de Robert G. Kaiser ‘So Damn Much Money: The Triumph of Lobbying and the Corrosion of American Government’. En esta actividad de grupos de interés existen aspectos más o menos oscuros, pero como eso es así en todas partes, lo sorprendente de EEUU -junto al enorme volumen y fuerza del fenómeno- es la traspariencia y normalidad que se da a la mayor parte del proceso.

Tampoco conviene olvidar que además de la industria del armamento y de la energía existen muchas organizaciones de clara dimensión social que también se benefician del lobbying. De hecho, el lobby más poderoso no es un grupo industrial o financiero, sino el de los pensionistas. La American Association of Retired Persons (AARP) hace oír su voz con frecuencia para defender sus intereses, como está ocurriendo en el presente proceso electoral.

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