Pánico a 555 pies

Publicado por el sep 30, 2011

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Ingenieros en los trabajos de reparación

WASHINGTON. El Monumento a Washington, el gran obelisco que se encuentra al sur de la Casa Blanca, seguirá cerrado por un tiempo después de que se haya constatado que los daños sufridos por el terremoto que tuvo lugar en agosto, de magnitud 5.8, son mayores de lo estimado en un principio. Un vídeo con las escenas vividas aquel día por los turistas que estaban en su parte superior muestra que el movimiento fue más intenso y largo de lo que se pensaba. El personal de seguridad que se encontraba en su interior creyó que se trataba de un atentado. El obelisco, el mayor del mundo, mide 555 pies (169 metros) y tiene un mirador en la base de la pirámide final que corona el monumento, de las que se obtienen espléndidas vistas sobre la ciudad.

Se trata de una vicisitud más en la ya complicada historia de este memorial. Desde el diseño mismo de la ciudad, a finales del siglo XVIII, el lugar se preservó para un monumento a Washington, pero como no había prisa porque el héroe de la Independencia aún estaba vivo (incluso aún no había sido presidente), la realización de la obra se demoró. Y con Washington ya muerto, entonces faltaron los fondos federales para la iniciativa. Primero iba a ser una estatua ecuestre, pero por suerte, en una ciudad que luego se llenaría de héroes de la Guerra de Secesión a caballo, finalmente se optó por algo distinto.

El obelisco se había diseñado para que se elevara desde un templete de columnas, que al final también quedó en proyecto para dejar desnuda la esbelta estructura (tampoco contiene la tumba del expresidente, ubicada en su casa de Mount Vernon). En 1855, con 46 metros ya levantados, la falta de fondos paralizó la empresa durante largo tiempo. Aún hoy se aprecia la marca por el distinto color de la piedra. Las disputas parecían no tener fin: una piedra enviada por el Vaticano fue robada por protestantes que se negaban a que el “papismo” manchara el monumento (se supone que fue hundida en el río Potomac; sería reemplazada por otra); una curiosa facción se hizo con el control del proyecto (el Know-Nothing Party)…

El monumento fue concluido en 1884 con la colocación en la cumbre del pequeño pináculo de alumnio que completa la pirámide superior, truncada en su punta. La pieza, de 100 onzas de alumnio (2,85 kilos), fue en su día la mayor hecha en ese material, cuando éste tenía el mismo precio que la plata. Se había expuesto en Tiffany’s de Nueva York. En uno de sus lados, esa pequeña pieza tringular tiene la inscripción en latín ‘Laus Deo’. Que el edificio más alto de Washington, que corona el diseño de la capital estadounidense, se dirija hacia el cielo e invoque a Dios es claro símbolo del espíritu cristiano que se encuentra en las raíces del país. Pero la geometría del monumento tiene que ver también con la gran influencia masónica que ha existido en EE.UU. De hecho, la primera piedra del obelisco se colocó en una ceremonia con ritos masónicos en la que el oficiante llevaba el mandil utilizado por Washington, hermano masón, había llevado en la dedicación de la primera piedra del Congreso años antes.

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