Publicado por Emili J Blasco el jun 10, 2011
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WASHINGTON. MUSEO DE LOS ESPÍAS. Nada más entrar en el Museo de los Espías de Washington, la ciudad del mundo con más personas dedicadas a ese menester, el visitante se encuentra con un escudo del CESID español. Todo un honor si no fuera porque el Centro Superior de Inteligencia de la Defensa ya no existe, pues fue rebautizado y reestructurado como Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en 2002. El escudo está junto al de la National Security Agency de EEUU, la tercera pata del espionaje estadounidense (la NSA se dedica a la captación de mensajes y su descifrado, la CIA al espionaje exterior y el FBI a labores de inteligencia interiores, además de investigaciones criminales). En cualquier caso, aunque no actualizado, habrá que valorar que ahí cuelgue el emblema de la inteligencia española, porque en la pared solo hay escudos de una veintena de servicios secretos extranjeros. Es la única mención a España en todo el museo.
Sin poder entrar en la CIA, con sede en Langley, un suburbio acomodado de Washington (al otro lado del río Potomac, ya en territorio de Virginia), el turista tiene en el International Spy Museum un buen recorrido por la historia y los momentos estelares de la segunda profesión más antigua del mundo (la primera ya se sabe cual es). A un paso de la central del FBI, en el centro de Washington, este museo informa sobre técnicas utilizadas por el espionaje, revisa capítulos de la Guerra Fría, presenta objetos utilizados por la CIA, el KGB y la Stasi, reproduce el túnel berlinés de la Operation Gold e invita al profano a ciertos juegos interactivos, como el de encarnar una identidad supuesta.
Del museo, cuyo director es un ex oficial de la CIA, yo me quedo con las historias de Aldrich Ames (CIA) y Robert Hanssen (FBI), condenados a cadena perpetua en 1994 y 2002, respectivamente, por trabajar para los rusos desde dentro de sus centrales de inteligencia sin que durante años se les cazara. Son exponentes del peligroso juego que mantienen cientos de agentes, simples y dobles, en una ciudad en la que están los cuarteles generales del espionaje estadounidense y del Pentágono, alrededor de los cuales se arremolinan los espías de todas las nacionalidades.
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