Publicado por Emili J Blasco el abr 25, 2011
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º NUEVA ORLEANS. Lo dicen las guÃas, pero hasta que no se visita Nueva Orleans uno no se da cuenta de la significativa impronta dejada por España en esta gran ciudad, en la desembocadura del Misisipi. Ya sabemos de la herencia española en California y los demás Estados limÃtrofes con México, pero los propios españoles normalmente desconocemos la amplitud de la empresa del Descubrimiento. En el sistema educativo español apenas se enseña nada sobre aquellas gestas; es un conocimiento que se deja para especialistas, cuando son capÃtulos que deberÃan formar parte de nuestra cultura general.
No sólo hubo conquistadores -problemáticamente vistos desde lo polÃticamente correcto-, sino también exploradores y colonos, que es el caso de Luisiana. Hernando de Soto, en marchas desde Florida, descubrió el Misisipi y reclamó para la Corona de España el territorio de su cuenca en 1538. Pero fueron los franceses los que, desde Canadá, antes dominaron el curso del rÃo, de forma que al territorio se le llamó Luisiana (por Luis XIV) y en 1682 se incorporó a la Corona francesa. En 1718 se fundó Nueva Orleans.
Si durante unos 80 años la Luisiana fue de Francia, luego hubo 40 años de pertenencia a España (1762-1803), a raÃz de varios tratados internacionales, antes de pasar a manos de Napoléon, quien casi de inmediato la vendió a Estados Unidos. De esos años de presencia española, en Nueva Orleans queda lo que fundamentalmente el visitante aprecia: la particular arquitectura de su casco viejo, que aunque se llama Barrio Francés, en realidad tiene ese sabor reconocible de balcones, arcadas, patios y fuentes. Azulejos con los nombres en castellano adornan todas las calles de esa parte histórica de la ciudad. El hecho de que los estadounidenses crearan su centro no allà mismo sino al lado -hoy distrito de oficinas y grandes hoteles-, permitió preservar el núcleo originario.
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