Obsesionados con Montoro

Publicado por el ago 4, 2011

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Esto ya sólo tiene un nombre: obsesión. El Gobierno está obsesionado con un político del PP, convertido en principal blanco de sus ataques en el Congreso, pero también en el Palacio de la Moncloa, como se comprobó este miércoles en la comparecencia vacua, superficial e insultante (a la inteligencia) de la vicepresidenta económica, Elena Salgado.

Un periodista preguntó a Salgado por la reacción, prudente y silenciosa, del PP en la última crisis de la deuda, y la vicepresidenta distinguió entre el partido y uno de sus miembros, Cristóbal Montoro, al que utilizó como pimpampún por sus declaraciones en ABC. Tras la tensión acumulada por los acontecimientos, la vice se desahogó con Montoro, que pasaba por allí.

Todo esto me recuerda al colegio, cuando el peor de la clase, el que sacaba las peores notas y siempre acababa castigado, la emprendía a puñetazos contra el gafotas listillo de turno para desquitarse por su frustración. Sólo por ser mejor que él y por contestar acertadamente al profesor.

En el Congreso es habitual que el presidente Zapatero, venga a cuento o no, lance un dardo contra Cristóbal Montoro, mero espectador en su escaño del debate que mantiene el jefe del Gobierno con Mariano Rajoy. Montoro entonces da un respingo en su asiento, mientras los diputados socialistas celebran las ocurrencias de su jefe de filas. Les encanta que se meta con el “gafotas” del PP.

Cuando el presidente del Congreso, José Bono, da la palabra a Cristóbal Montoro en el Pleno, los socialistas se retrepan en sus butacas y empiezan a cuchichear entre ellos, con tono de complicidad y recogijo que se escucha hasta las filas altas de la tribuna.

Los socialistas siempre tienen una palabra para Montoro. “El señor Montoro no sabe mucho de geografía”, dijo Fernando Fernández de Marugán el pasado 12 de julio, y los diputados del PSOE aplaudieron sus palabras. “La interpretación que hace el señor Montoro de la crisis es profundamente infantil”, y más aplausos y risas.

En otro momento, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, debatía con el diputado del PP Guillermo Mariscal. Y también se acordó de Montoro: “El señor Montoro. dice que no puede hacer un pacto energético porque exige que no se cierre Garoña, hace seis meses; ahora pactan con Izquierda Unida en Extremadura el cierre de Almaraz”. Aplausos socialistas.

En realidad todo esto lo empezó Zapatero en el debate sobre el estado de la Nación de 2009, cuando se centró en unas palabras de Montoro sobre la posibilidad de que España llegara a los cinco millones de parados. El presidente del Gobierno se echó las manos a la cabeza por esas palabras: “Sólo le faltó decir que casi los acaricia”. Montoro se toma a guasa tanta persistencia del Gobierno en hacerle protagonista en cualquier circunstancia: “El presidente Zapatero sigue mis declaraciones a pies juntillas; me ofrezco, por el bien de España, a darle esas dos tardes en la Moncloa”.

“Tengo la obligación moral de decir a la gente lo que está pasando”, ha dicho ahora el portavoz de Economía del PP en una entrevista a ABC. En medio de la peor crisis de la deuda el Gobierno ha echado balones fuera y no ha dado ni una explicación solvente. Y entonces Montoro ha dicho lo que el Gobierno no quería escuchar, como si por no decirlo en voz alta dejara de existir: que España se encuentra muy cerca del límite para ser intervenida, y que las elecciones deben celebrarse cuanto antes. Y al final, el “malo” de la clase siempre actúa igual. A tortas contra el “gafotas”.

En Twitter: @Marianocalleja

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