La mudanza de Juan Barranco

Publicado por el jun 10, 2011

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Las cajas de cartón están preparadas en el despacho que Juan Barranco tiene en el Congreso de los Diputados. El ex alcalde de Madrid y presidente de la Comisión de Trabajo e Inmigración vuelve a la política madrileña, sus orígenes, y en concreto regresa a su barrio de toda la vida, Vallecas, donde casi no reconoce el lugar donde se levanta la Asamblea de Madrid: «Cuando yo era un chaval ahí sólo había chabolas y campo», recuerda, mientras mete en un caja los libros que ha regalado en las pasadas Navidades: «España invertebrada», de Ortega y Gasset, y la «Historia de España» de Pierre Vilar. La «Antología poética» de Ángel González se va con ellos.

Barranco nunca ha perdido contacto con su antiguo barrio. De hecho, es el presidente de la Agrupación socialista de Vallecas, «la única en la que hemos ganado a Gallardón», apunta. En su mano, una biografía del último alcalde republicano de Vallecas, cuando aún era un municipio: «Amós Acero, una vida en Vallecas». El libro se muda con él a la Asamblea.

«Tengo 63 años. Esta es mi última legislatura, cuando acabe me jubilo», asegura Barranco, que de la noche a la mañana va a pasar del grupo que apoya al Gobierno en el Congreso, a la oposición de la Asamblea de Madrid.

En el sofá de su despacho espera su turno una foto enmarcada, de esas que podrían formar parte de la Historia de España. En ella un Felipe González de la época de la pana levanta el puño izquierdo mientras canta, supuestamente, la Internacional. Era el año 1977, justo antes de las primeras elecciones. A su derecha hay un joven político barbudo —«¡ese soy yo! ¡vaya pintas que teníamos, lo raro es que no nos detuviera la Guardia Civil!»— y en el extremo asoma una tercera persona, Pedro Castro, irreconocible hoy en día, también con el puño levantado. La foto también va a la caja de cartón, hasta la Asamblea de Madrid.

Entre caja y caja, Barranco explica que es la primera vez que es diputado autonómico, aunque fue ponente del Estatuto de la Comunidad de Madrid cuando era parlamentario nacional. «Nadie sabía qué hacer con Madrid. Intentamos unirla a Castilla-La Mancha, pero los de Toledo se negaron, no nos querían. Pensamos en crear un distrito federal, pero al final se impuso el café para todos, y Madrid se hizo Comunidad Autónoma».

En una de las paredes de su despacho cuelgan dos grabados, sobre los que guarda un cariño especial. También se los lleva a la Asamblea. «Son de Sánchez Ríos, catedrático de Arte. Mira, en este se ve la plaza de toros que había donde está ahora la Puerta de Alcalá (1759), y este otro es la Montaña de Príncipe Pío (1808). Quería tener algo de Madrid en el despacho, por eso los puse ahí». Toma otro libro —«Tratado de los Cuatro Elementos. Fuentes de Madrid»—, y comenta: «Este se viene conmigo también. Explica el origen y nacimiento de las aguas y fuentes de Madrid. Es muy interesante». Siempre parece tener a Madrid en su pensamiento.

En un descanso, comenta que en sus primeros años en el Ayuntamiento de Madrid coincidió con Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. «Eso lo hicieron muy bien ellos. Aguantaron, aguantaron en la oposición muchos años, hasta que ganaron. Nosotros lo hemos hecho mal, porque después de perder nos hemos ido», afirma, y se refiere al caso de Trinidad Jiménez y Miguel Sebastián, que después de perder las elecciones en Madrid se marcharon como ministros.

En el caso de Tomás Gómez, Barranco tiene claro que a sus 43 años es todavía muy joven. «Él estaba acostumbrado a ganar, en Parla, con grandes mayorías, e incluso unas primarias dificilísimas, contra el aparato del partido. No había perdido nunca, ésta ha sido la primera vez, y yo le animé. Le dije que ya se ha desvirgado, que estas cosas pasan en política», y por supuesto cree que debe mantenerse para volverlo a intentar: «Tiene mucho camino por delante».

Otro libro más va a la caja de cartón. Se trata de «La guerra civil en Jaén», de Luis Miguel Sánchez Tostado. Lleva como subtítulo «Historia de un horror inolvidable», y el prólogo es suyo, de Juan Barranco. También guarda con cuidado los discursos parlamentarios de Manuel Azaña y Fernando de los Ríos. Y una cosa más: un tricornio de cerámica, que guarda con afecto desde que se lo regaló la Benemérita cuando fue portavoz de Interior.

Barranco pasa todos los días varias veces por la Puerta del Sol, donde ha visto de primera mano el movimiento de los acampados. Entiende que los jóvenes tienen motivos sobrados para estar indignados, pero también opina que si no dejan ya Sol se les puede ir de las manos. ¿Deben desalojarse? «La Agrupación de Vallecas dijo el otro día que deben desmantelar el campamento. Esa es mi opinión».

El ex alcalde de Madrid regresa a sus orígenes, y se le ve con una ilusión de principiante. Va directo a la oposición, aunque subraya que él es «de la vieja escuela de la Transición, la que tendía puentes, porque por encima de socialista soy demócrata y, sobre todo, soy persona». Una buena persona.

(La foto es de Jaime García, en el despacho de Barranco en el Congreso)

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