El fantasma de las Cortes (I)

Publicado por el jun 12, 2010

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Esta tarde he tenido que ir al Congreso para coger unos papeles que me dejé ahí el viernes. Me he presentado en la Carrera de San Jerónimo pero la puerta estaba cerrada. En seguida ha salido de su garita un policía nacional y me ha indicado que lo intentara por la puerta de Zorrilla, porque estaba todo chapado. Ahí he vuelto a hablar con otra policía nacional, y después de llamadas en cadena (creo que ha hablado con cuatro o cinco personas) me ha permitido pasar al patio de Floridablanca. Una vez dentro, se ha abierto la puerta de madera del edificio de ampliación, con chirrido incluido. Allí estaba el ujier de puerta, con cara de pocos amigos: "Si se te olvida algo la próxima vez no vuelvas, porque aquí no se puede entrar un sábado. Sólo los diputados".

El Congreso está sin vida, pero impone igual o incluso más. Pasillos apagados, a oscuras, sólo con pequeñas luces de emergencia. Al fondo del pasillo principal sólo se ve un espacio negro sin fin. Por ahí tengo que ir para recoger mis papeles. "Ve pasando, que doy las luces", me dice el ujier mientras desaparece por una puerta. Y me adentro en la boca del lobo, con la única luz que me aporta mi teléfono móvil.

———-

Doy algunos pasos y ya no veo nada, con móvil o sin él. Voy a tientas con cierta seguridad al principio, porque me conozco el camino casi de memoria. Ahora a la izquierda, unos cuantos pasos más y ahora a la derecha. Al fondo está, o debería estar, la cabina de ABC.

Sigo caminando con los brazos por delante. El ujier no acaba de dar con el cuadro de luces porque todo sigue más negro que el futuro de algún político que yo me sé. "¿Encuentra las luces?", grito desde mi posición, rodeado de ordenadores silenciosos. Pero el ujier no contesta y las luces siguen sin encenderse.

Doy algunos pasos más y ya no sé dónde estoy. Voy a ciegas. Será por aquí. No, me he pasado de largo. Y doy media vuelta. Algo me dice que me he desorientado. En plena oscuridad, no tengo ni idea de lo que tengo a mi alrededor, ni dónde se habrá quedado el amigo ujier. Sigo caminando con la pobre luz de mi móvil como única compañía, que sólo ilumina a duras penas mis zapatos. Cada dos o tres segundos la luz del móvil vuelve a apagarse y de pronto ya no se enciende más porque se ha debido de quedar sin batería. Genial. "¡Oiga! ¿Me oye?", grito. Pero nadie parece escucharme.

Continuará… (este domingo)

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Este Blog tiene su origen en la mismísima M-30 del Congreso de los Diputados, como se conoce el pasillo de circunvalación del Hemiciclo. Desde ahí surgieron las primeras contracrónicas parlamentarias... Más sobre «Blog El Escritorio»

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