El bostezo del diputado

Publicado por el oct 7, 2010

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Un bostezo. Más bien es El Bostezo. En la Comisión se está hablando de los Presupuestos Generales del Estado, son las cuatro y media de la tarde, y todo se conjura para dormir al diputado más despierto. De hecho, solo hay cinco escuchando al compareciente, que se esmera en dar las cifras de las cuentas de su departamento, una tras otra, con toda frialdad. Números y más números aparentemente inofensivos, que sin embargo esconden una gran crisis, cuatro millones y medio de parados. La Crisis, también en mayúsculas. Vivimos tiempos mayúsculos.

Es la hora de la siesta, en Soria y en el Congreso, con efectos paralizantes en algunas personas. Mientras el compareciente recita sus números de la crisis, tan fríos y distantes, el diputado se va descomponiendo. Parte de una posición de modorra absoluta: escurrido en su asiento, con la barbilla algo caída apuntando hacia su barriga. La boca empieza a moverse, como esforzándose por no abrirse. Pero el sopor es irresistible y la cavidad bucal acaba por ensancharse, primero poco a poco, como con disimulo, y luego a lo grande sin ningún reparo y sin una mano que trate de ocultarlo o al menos moderarlo.

Es el Gran Bostezo del Diputado. Dura varios segundos. El diputado levanta un brazo y lo sitúa tras la cabeza, que inmediatamente echa para atrás mientras la boca sigue abierta y el bostezo se convierte en gigante por momentos, espectacular, de cine, ante el asombro del periodista, que ha dejado de escuchar las cifras de la crisis y mira medio hipnotizado al diputado, al tiempo que siente cómo el cerebro le ordena de forma imperiosa iniciar su propio proceso de oxigenación.

Es contagioso. El bostezo se extiende por la sala, salta de asiento en asiento, mientras suenan las cifras de la crisis, los Recortes de los Presupuestos del Paro, que no dejan de ser más de lo mismo. Aire fresco, por favor. Que alguien traiga oxígeno.

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