Extraños paralelismos (2)

Publicado por el 14/11/2018

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Cuando a partir de la segunda mitad del siglo XV comienza un nuevo ciclo de construcción estatal, la principal diferencia será que en los nuevos estados, las fundaciones religiosas tendrán un poder económico y político menor que en los estados seminales. Otra peculiaridad es que se da un comienzo de estandarización cultural e identitaria, que será más acusado en el valle del Irrawaddy y que se acelerará en el siglo XVII.

La segunda mitad del siglo XV sería un período de conflictos. En un contexto en el que había comenzado una cierta recuperación, en las tres grandes áreas identificadas por Lieberman se dieron luchas acerbas por la hegemonía. En el valle del Irrawaddy los principales contendientes fueron los estados shan, Ava, Toungoo y Pegu. En la zona central, desde muy pronto Ayuthaya se convertiría en el principal poder, gracias en buena medida al comercio, y en el siglo XVI su predominio en la zona sería casi incontestable. En la zona oriental, tras las grandes guerras de los años 70 y 80 del siglo XV, la situación se iría decantando más y mas del lado de Dai Viet, que desde comienzos del siglo XVI comenzaría a avanzar implacablemente sobre los antiguos dominios de Champa, que acabaría perdiendo su independencia en el siglo XIX. Para mediados del siglo XVI, estos conflictos se habrían resuelto y ya habrían emergido los ganadores finales: Toungoo, Ayuthaya y Dai Viet.

De 1580 a 1600 habría un nuevo período de caos, que se diferenciaría del anterior por su brevedad y porque fue ocasionado por las luchas hegemónicas del período anterior. Toungoo unificó el valle del Irrawaddy y conquistó Ayuthaya y gran parte de Laos, creando el mayor imperio que se haya formado en el Sudeste Asiático. Pero el esfuerzo fue demasiado para el reino. Las guerras le agotaron y pronto se vio que no disponía de los medios logísticos necesarios para mantener sus conquistas. Tras la muerte de su gran rey Bayinnaung en 1581, su hijo tuvo que hacer frente a una serie de rebeliones de sus recientes vasallos. En 1599 la capital, que había sido trasladada a Pegu, fue conquistada y saqueada por Arakan y la rebelde Toungoo, que se había desgajado del imperio.

La historia de Dai Viet en este período es algo más compleja y creo que meterla en el molde en que la quiere meter Lieberman es forzar un poco las cosas. Durante el siglo XV, Dai Viet había conocido un rápido crecimiento económico y demográfico, al tiempo que introducía elementos culturales y organizativos chinos. La introducción del neoconfucianismo y su sistema educativo y de exámenes produjo rebeliones en la periferia que, además, reflejaron la presión demográfica existente. La dinastía Le fue derrocada y el general Mac Dang Dung se hizo con el poder y fundó su propia dinastía en 1527. Los Mac por motivos de legitimidad adoptaron muchos de los elementos ideológicos de los Le, pero con un toque más tolerante y heterodoxo. El horno no estaba para bollos, como se vería pronto. Partidarios legitimistas de los Le, los Nguyen, promovieron una rebelión que dividiría el país en norte y sur durante más de dos siglos.

El colapso de finales del siglo XVI fue breve y a partir de comienzos del siglo XVII se produce una reconstrucción estatal que da lugar a estados más fuertes y cohesionados. En el valle del Irrawaddy esta reconstrucción la lleva a cabo la dinastía restaurada de Toungoo y en el valle del Chao Phraya, Ayuthaya. Lan Sang (el actual Laos) y Camboya intentarán replicar modestamente y en la medida de sus posibilidades las fórmulas organizativas de estos dos estados. La historia de Dai Viet, dividida en dos estados tomará derroteros un poco diferentes.

Los estados de esta nueva etapa están más centralizados que sus predecesores y la influencia de la capital llega más lejos. La administración alcanza un mayor grado de institucionalización y sofisticación. La guerra pierde importancia mientras que el comercio adquiere una gran relevancia. Por un lado, las tasas a las mercancías y los monopolios comerciales de la Corona se convierten en las principales fuentes de ingresos de los soberanos. Por otro, el comercio da acceso a las armas europeas, de mayor calidad y efectividad que las autóctonas. Los países enclavados como Lanna o Lan Sang sufrirán las consecuencias de no disponer de acceso directo a las rutas comerciales marítimas y acabarán sometidos a sus vecinos. Se avanza hacia la homogeneización cultural, sobre todo en el caso del valle del Irrawaddy que cada vez estará más birmanizado. El budismo theravada en el caso de los valles del Irrawaddy y del Chao Phraya y el neoconfucianismo en Dai Viet se convertirán en las ideologías legitimadoras.

Entre 1752 y 1786 se produjo un nuevo episodio de colapso, que Lieberman atribuye a: 1) Los efectos de la expansión comercial sobre la estructura social; 2) El crecimiento demográfico; 3) Los intentos de centralización para unas sociedades que posiblemente todavía no estuvieran preparadas para ello; 4) Las guerras que azotaron la región en este período, después de más de un siglo de una cierta paz.

En 1752 Alaungpaya fundó la dinastía Konbaung que, como la primera dinastía Toungoo, nació llena de afanes expansionistas. Alaungpaya terminó definitivamente con la independencia mon y recuperó el control sobre los territorios shan. Poco después los ejércitos birmanos se dirigieron hacia el este y conquistaron Ayuthaya (1767) y sometieron la mayor parte de Laos. Y entretanto derrotaron cuatros intentos chinos de invasión entre 1765 y 1769.

No obstante, como ocurriera con la Primera Dinastía de Toungoo, tanto esfuerzo militar agotó al estado. La imposición excesiva y el reclutamiento, unidos a una sequía severa, produjeron un descenso demográfico. Además, aunque los Konbaung habían conquistado Ayuthaya, no supieron controlar y aprovechar las rutas comerciales que hasta entonces habían recalado en la ciudad. El resultado fue que Birmania perdió en pocos años las conquistas realizadas en el este: Siam recuperó su independencia y trasladó su capital a Bangkok, más próxima a la desembocadura del Chao Phraya, Lanna y Laos salieron definitivamente de la órbita birmana y entraron en la de Siam.

Ni tan siquiera después de esas derrotas, se les agotaron a los birmanos los afanes expansionistas. A partir de 1780, dirigieron sus ambiciones hacia el oeste. En 1784-85 conquistaron el reino de Arakan y poco después sometieron a vasallaje Manipur y Assam. Estas conquistas les llevaron a entrar en contacto directo con la India británica y conducirían a las guerras anglo-birmanas, en las que Birmania perdió su independencia. Sin el choque con los británicos, Birmania habría acabado convirtiéndose a mediados del siglo XIX en lo que se convirtió Siam: un gran Estado territorial, cada vez más centralizado y en vías de modernización y occidentalización.

Siam, por su parte, se recuperó rápidamente de la invasión birmana. Los prisioneros de guerra esclavizados más la afluencia de emigrantes chinos le proporcionaron una mano de obra vital. El crecimiento del comercio, sobre todo con China, fue un factor adicional en esta recuperación.

Para 1820 Bangkok era el principal puerto del Sudeste Asiático y la Corona redujo el sistema de monopolios comerciales para reemplazarlo por impuestos directos e indirectos, muy rentables en un contexto de crecimiento económico. Siam comenzó a desarrollar cultivos comerciales para la exportación como el azúcar, el tabaco y el algodón. Aumentó la especialización provincial, lo que redundó en un aumento de la productividad. Cuando a mediados del siglo XIX Occidente empezó a presionar a Siam para que se modernizase, las bases para el desarrollo económico ulterior ya estaban puestas.

Vietnam también conoció en este período una suerte un poco diferente que la de las regiones occidental y central del Sudeste Asiático. De 1771 a 1786 los Trinh en el norte y los Nguyen en el sur colapsaron. Aquí el detonante fue la presión demográfica. Las condiciones en el campo empeoraron a la vez que la distribución de la riqueza se hacía cada vez más desigual. Los frutos del desarrollo económico y comercial de la segunda mitad del siglo XVIII no llegaron al campesinado. Comenzaron a estallar rebeliones campesinas con cada vez mayor regularidad. En 1771 se produjo finalmente la gran rebelión Tayson, que acabó con los regímenes Nguyen y Trinh.

Los Tayson crearon las condiciones para un Vietnam unificado, del tipo que se estaba produciendo en los valles del Irrawaddy y del Chao Phraya, pero no fueron quienes las aprovecharon al final. El emperador Gia-long, descendiente de la vieja dinastía sureña de los Nguyen, consiguió hacerse fuerte en el delta del Mekong y con la riqueza arrocera de la región, más su importancia comercial, consiguió derrotar a los Tayson y reunificar el país. Así, como en Birmania y Siam, Vietnam comenzó el siglo XIX con las bases puestas para la constitución de un estado unificado y fuerte.

El libro es excelente, pero con sus 460 páginas (y sólo se trata del primero de los dos volúmenes) sólo es aconsejable para los enamorados del Sudeste Asiático.

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Buku buku significa «libros» en bahasa. Esta bien que haya un idioma que a los libros, que encarnan el conocimiento, los designe con un sonido que recuerda al de un niño de dos años pidiendo que le pongan una bola de helado. Esto ayuda a poner las cosas en perspectiva: tal vez el conocimiento este sobrevalorado y lo que importe sean las bolas de helado. Más sobre «Bukubuku»

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