Cuando el escritor se documenta (2)

Publicado por el 01/11/2018

Compartir

Paul Dirac probablemente sufriera del síndrome de Asperger y seguramente habría podido representar el papel de Sheldon Cooper en “The Big Bang Theory”. ¿Quién sabe? Lo mismo hasta los guionistas se inspiraron en él.

Desde el punto de vista de la física, Dirac es más importante que Schrödinger y si no hubiese existido Einstein, tal vez Dirac habría ocupado su lugar en el imaginario científico del siglo XX. Una foto de Dirac desgreñado y con gesto un poco alucinado, no habría desmerecido la foto del Einstein igualmente desgreñado que saca la lengua.

Dirac era un hombre que vivía por y para la ciencia. Yo creo que cualquier otra faceta de la creatividad humana le resultaba cuando menos poco interesante. En cierta ocasión, cuando se enteró de que Oppenheimer escribía poesía, le espetó: “ Me han contado que escribes poesía. No puedo entender como alguien que trabaja en los límites de la física puede simultanear su trabajo con la poesía que representa una actividad en el polo opuesto. El objetivo de la ciencia es hacer comprensibles las cosas difíciles. El objetivo de la poesía es constatar cosas simples de una manera incomprensible. Las dos son incompatibles”.

Dirac descubrió una ecuación relativista para el movimiento de la función de onda del electrón (la ecuación de Dirac, los físicos no se complican mucho poniendo nombres a las cosas), de la que se deduce que cada partícula tiene su antipartícula. Desarrolló la teoría cuántica de campos, que forma la base de la teoría moderna de las supercuerdas. También fue el fundador de la electrodinámica cuántica. Una intuición suya fue que existe un único monopolo magnético en el universo, que bastaría para explicar los fenómenos cuánticos de la carga eléctrica.

Casi tan geniales como sus descubrimientos son las anécdotas sobre su personalidad. Dirac era tímido y callado. Sus colegas en Cambridge idearon una unidad de medida verbal: el “dirac”, equivalente a una palabra por hora. Existe una entrevista delirante que le hizo un periodista norteamericano:

“- Profesor», digo, «he notado que hay varias letras delante de su apellido. ¿Representan algo en particular? [se refiere a P.A.M., que era el acrónimo de sus tres nombres: Paul Adrian Maurice].

– No, dice.

– ¿Quiere usted decir que puedo escribirlo como yo quiera?

-Sí,dice.

– ¿Estaría bien si yo digo que P.A.M. significa Poincaré Aloysius Mussolini?

-Sí.

– Bien, digo yo. ¡Esto va muy bien! Ahora doctor, ¿me diría en pocas palabras en qué consisten sus investigaciones?

-No.

– Bueno, digo. ¿Estaría bien si lo pongo de esta forma: “El profesor Dirac resuelve todos los problemas de la física- matemática, pero es incapaz de encontrar una forma mejor de calcular el promedio de bateo de Babe Ruth?.”

– Sí, dice.

– ¿Qué es lo que más le gusta de América?

– Las patatas.

-¿Fue al cine?

– Sí.

– ¿Cuándo?

– En 1920… quizá también en 1930.”

Además de ser taciturno, Dirac tenía problemas para entender el lenguaje literal. En cierta ocasión dio una conferencia. A su término, uno de los asistentes dijo: “No entiendo la ecuación arriba a la derecha de la pizarra.” El moderador le preguntó a Dirac si quería responder a la pregunta. Dirac respondió: “No era una pregunta. Era un comentario.” En otra ocasión, un físico se le acercó y, para romper el hielo, comentó: “Hace mucho viento, profesor.” Dirac se levantó de la butaca, se dirigió a la puerta, la abrió, miró hacia afuera, regresó y respondió: “Sí”.

Taciturno, tímido, poco dotado para entender el lenguaje literal y no verbal, socialmente era bastante torpe. Hay dos anécdotas relacionadas con su mujer, Margit Wigner, hermana del físico Eugene Wigner, que lo muestran bastante bien:

Un amigo, que no sabía que se había casado, fue a visitarle a su casa. Para su sorpresa, allí había una mujer, que les sirvió el té y a continuación se sentó con ellos. “¿Cómo te va?”, le preguntó, para ver si le aclaraba quién era esa mujer. La respuesta de Dirac fue: “Perdona , no os he presentado: ésta es… ésta es la hermana de Wigner”.

Cuando su mujer comenzó con los dolores de parto de su primogénito, Dirac salió en busca de ayuda por los pasillos del Instituto de Matemáticas de Cambridge, al tiempo que gritaba: “¡La hermana de Wigner va a tener un hijo! ¡Ayuda!”

Parecería que los físicos atrajeran a mujeres especiales. Annemarie Bertel lo era y Margit Wigner no se quedaba atrás. Cuando se conocieron, Margit estaba divorciada y tenía dos hijos. Era el polo opuesto de Dirac: habladora, impulsiva, subjetiva y apasionada. Igual que con Annemarie, su conocimiento científico era nulo.

Margit le puso la proa a Dirac con entusiasmo y tesón. Mujeres con menos carácter habrían claudicado, pero ella se obstinó y eso que Dirac no se lo dejó fácil. Ella le escribía largas cartas cada pocos días. Él le respondía de tarde en tarde con unas pocas líneas. Como Groucho Marx a Mrs. Teasdale en “Sopa de ganso”, Margit intentaba decirle que le quería, pero Dirac no recogía el guante. Margit: “¿A quién si no, debería amar?” Dirac: “No deberías esperar que respondiera a esa pregunta. Dirías que soy cruel, si lo intentase”. Margit: “¿Tienes sentimientos por mí?” Dirac: “Si, algunos.” Dirac era torpe, pero sincero. En cierta ocasión le escribió: “Deberías saber que no estoy enamorado de ti. Sería equivocado pretender que lo estoy. Como nunca he estado enamorado, no puedo entender los sentimientos delicados”. A pesar de todo, la perseverancia dio sus frutos y Dirac acabó escribíendole: “… me eres muy querida. Has introducido un cambio maravilloso en mi vida. Me has hecho humano… Siento que la vida merece la pena simplemente si te hago feliz y nada más.”

Como Schrödinger y muchos otros físicos, Dirac también hizo sus pinitos metafísicos. En sus comienzos, su opinión sobre la existencia de Dios y la religión era bastante extremada. Afirmaba que la religión era un galimatías de afirmaciones falsas que no estaban basadas en la realidad. Dios era un producto de la imaginación humana. Pensaba que ahora que la humanidad estaba en el proceso de comprender cómo funcionaba el universo, la idea de Dios ya no era necesaria. Decía que si seguimos enseñando religión es para mantener a las clases inferiores sometidas, una posición que Marx habría aplaudido.

Con el paso del tiempo, Dirac se volvió menos opuesto a la idea de la existencia de Dios. Afirmó entonces que la existencia de Dios podría aceptarse si en el pasado ocurrió un suceso muy improbable. Si encontrásemos que es extremadamente improbable que la vida aparezca y sin embargo ha aparecido, tendremos que asumir la existencia de Dios para explicar el inicio de la vida. El mero azar no habría servido.

Algunas observaciones que se me ocurren. La primera es que no sé porqué Dirac recurrió al inicio de la vida como idea para probar la existencia de Dios, cuando podría haber aducido el Big bang mismo.

En mi opinión, por muchos planetas que hayamos descubierto en otros sistemas estelares, aún no sabemos si la vida compleja es algo extremadamente improbable o no. Es probable que en Marte haya habido bacterias en el pasado, pero las condiciones de habitabilidad del planeta se dieron sólo en los primeros mil millones de años y parece que la vida, si la hubo, no se desarrolló más allá de las bacterias. El viento solar privó a Marte de su atmósfera y de su habitabilidad. En el caso de Venus, parece que inicialmente tuvo océanos y una temperatura tropical, pero muy pronto el agua desapareció y, a diferencia de lo que ocurrió en la Tierra, el dióxido de carbono permaneció en la atmósfera, produciendo un efecto invernadero salvaje. Se estima que en la actualidad la temperatura del planeta ronda los 450 grados centígrados.

Resumiendo, de ocho planetas que tiene el sistema solar, en tres inicialmente se dieron las condiciones para la vida, pero sólo en uno la vida compleja llegó a desarrollarse. Hemos descubierto muchos sistemas planetarios, pero las tecnologías actuales no permiten decir con certeza si los planetas descubiertos albergan o no vida. Lo único que parece claro es que no hay un modelo único de sistema planetario, sino que cada uno es diferente. El modelo de nuestro sistema solar con los planetas rocosos en órbitas interiores a cierta distancia del Sol y los gigantes gaseosos a mayor distancia, no parece ser la norma. Con un solo ejemplo a nuestra disposición, resulta muy difícil, por no decir imposible, determinar si la emergencia de la vida compleja es extremadamente improbable. Yo creo que hacen falta tantas condiciones para que la vida emerja y tenga tiempo para evolucionar, que me parece un fenómeno bastante improbable, pero no imposible y a las pruebas me remito.

Otra cuestión es si esta extrema improbabilidad basta para justificar la existencia de Dios. En un universo con billones de planetas y que lleva existiendo 14.000 millones de años, creo que hay margen para que el azar haya intervenido y haya hecho que la vida compleja aparezca en al menos uno de los planetas.

En fin, que el intento de Dirac de buscar una manera de fundamentar científicamente la existencia de Dios en la extrema improbabilidad de la vida, no me parece convincente porque no sabemos aún si realmente la vida es extremadamente improbable y, incluso si lo fuera, el mero azar podría explicarla. Creo que el verdadero argumento en favor de la existencia de Dios, estriba en la existencia misma del universo y en el Big Bang, pero ahí, todavía es mucho lo que ignoramos. Por ejemplo, no sabemos si nos encontramos en un universo único, en un universo de muchos que existen o en un universo cíclico.

Finalmente algunas observaciones sobre el momento en el que ocurre el cuento. Schrödinger se fue de Berlin en 1934, huyendo del cabo austriaco y de sus nazis, y recaló en Oxford. Oxford era en aquellos años un lugar fascinante para ser un intelectual. Como menciono al inicio del cuento, en aquella época Tolkien, C.S. Lewis y Lord David Cecil eran profesores en Oxford entonces. Tolkien andaba con sus hobbits, Lewis compartía su vida con la madre de un camarada que había muerto en la I Guerra Mundial y que era 26 años mayor que él y el bisexual Cecil, pues eso (ojo, no me consta que le pillaran nunca con un estudiante, pero me parece algo menos improbable que el desarrollo de la vida compleja).

Compartir

ABC.es

Bukubuku © DIARIO ABC, S.L. 2018

Buku buku significa «libros» en bahasa. Esta bien que haya un idioma que a los libros, que encarnan el conocimiento, los designe con un sonido que recuerda al de un niño de dos años pidiendo que le pongan una bola de helado. Esto ayuda a poner las cosas en perspectiva: tal vez el conocimiento este sobrevalorado y lo que importe sean las bolas de helado. Más sobre «Bukubuku»

Categorías
Etiquetas