El Dalai Lama poeta

Publicado por el 06/05/2018

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Uno está acostumbrado a pensar en el Dalai Lama como un líder religioso, que escribe libros espirituales. La idea de un Dalai Lama escritor de poesía erótica, como que no va con la descripción del cargo. Y sin embargo hubo una vez un Dalai Lama, el sexto para ser exactos, que fue un consumado escritor de poesía erótica.

La vida del sexto Dalai Lama fue breve, desgraciada y turbulenta. Entre los tres y los quince años, estuvo sometido a una suerte de arresto domiciliario, pasando penalidades. Cuando finalmente fue reconocido públicamente como el sexto Dalai Lama, se vio arrojado a una vida monástica que le constreñía y a un mundo de intrigas políticas, que acabaría con su vida a los 24 años, que le disgustaba. Espero que el amor al menos le ofreciese algún alivio.

Su poesía amorosa es tierna y sentimental. Tiene sensualidad, pero diría que el sentimiento que prevalece es el de la melancolía, la conciencia de que el amor no siempre trae la felicidad y que suele ser efímero. Los grandes amores terminan a menudo en llantos y añoranza.

“Por encima de las montañas del este,

Brilla blanca la luna

En mi mente se forma

La cara de mi amada”

En los primeros momentos del enamoramiento, vemos el rostro de la amada en todas partes. Después de 20 años de matrimonio, nos enfrascamos en el periódico en el desayuno, para no verlo por un rato.

“Señora, hija de un señor,

Cuando vi ese melocotón,

Era como una fruta madura

En las ramas más altas”

Lo del melocotón puede sonar obsceno o a alusión a una buena tajada. Para entender el poema hay que saber que el melocotón era una fruta exótica en Tibet, que se consideraba un lujo. Lo que el poema nos dice es que ha encontrado a la mujer más maravillosa del universo y que no ha sido fácil conseguirla.

 “Estoy fuera de mí por amor.

Pierdo el sueño por la noche.

No la puedo tocar de día.

La frustración es mi única amiga”

Perfecto poema de frustración amorosa.

 “Meditando, en mi mente

No aparece el rostro del lama,

Sin haberla llamado, la cara de mi amante

Tan clara en mi mente”

 Meditar es laborioso. Tratas de mantener la mente serena y centrada en un soporte y te ves inmediatamente tironeado por pensamientos que te distraen y te llevan de un sitio a otro, a todas partes, menos a donde deberías estar: tu soporte de meditación. Si encima estás locamente enamorado, ya ni te cuento.

“Me inclino

Ante las enseñanzas de mi lama,

Pero mi corazón en secreto se escapa

Para pensar en mi amada”

Más de lo mismo. Siempre hay excusas para no concentrarse en las enseñanzas espirituales. La de estar enamorado es una de las mejores.

“Si pudiera meditar en el Dharma

Tan intensamente como pienso en mi amada

Seguramente alcanzaría la iluminación

En esta vida”

Al menos el sexto Dalai Lama sabía qué era lo que le impedía alcanzar la iluminación. Lo normal es que vivamos en un torbellino tal que no nos demos cuenta ni de que andamos todo el día aturdidos.

 “Cuando tenía la joya

No la apreciaba lo más mínimo.

Cuando la perdí con otro

La depresión me rompió”

Valoramos los amores que perdemos. Seguramente si en lugar de perderlos, nos hubiésemos casado con ellos, veríamos la jugada de otra manera. A partir de cierta edad, uno descubre que hay algunos amores que están muy bien perdidos y que lo mejor es no reencontrarlos.

“Me robaron mi amor.

Tiempo de consultar las cartas.

Pues esta muchacha apasionada

Ronda en mis sueños”

 “Incluso las estrellas del cielo,

Puedo medirlas con la astrología.

Aunque conozco su piel suave,

No puedo penetrar su humor”

“Busqué a mi amor al anochecer.

La nieve cayó al alba.

¿Por qué preocuparme por el secreto?

Huellas dejadas en la nieve”.

“En el corto paseo de esta vida

Tuvimos nuestra parte de alegría.

Confiemos en encontrarnos de nuevo

En la juventud de nuestra próxima vida.”

Lo bueno del budismo es que te concede muchas reencarnaciones para que te reencuentres con tu amada. Aunque si el resultado no fue bueno en esta vida, ¿para qué repetir en la próxima?

     

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