Otra versión del infierno. La de Chuck Palahniuk

Publicado por el 22/04/2018

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Sartre, Lewis y Benedetti describen el infierno como un sitio aburridísimo, donde encima hay que fichar. Luego están Dante, Santa Faustina Kowalska o Sor Lucía que nos describen un infierno bastante más angustioso, donde los diablos atormentan a los pecadores con esa saña de los cónyuges de treinta años mal avenidos que saben dónde le aprieta el zapato a su pareja. Menos mal que también tenemos a Chuck Palahniuk que nos describe un infierno tan delirante, que casi dan ganas de pecar para ir a parar allí. No, más bien su infierno es tan delirante, que a veces se parece un poco demasiado a la vida de todos los días.

Siempre conviene que el infierno nos lo presente un guía avezado. Dante escogió a Virgilio, que debía de ser buena persona, pero un poco demasiado serio. A Gilgamesh le condujo por los pasillos del infierno su viejo amigo Enkidu, que andaba tristón, porque su infierno era un sitio bastante lóbrego y sombrío. A Orfeo fue el barquero Caronte el que le introdujo en el infierno. No creo que después de milenios transportando almas por la laguna Estigia, Caronte estuviese para muchas bromas.

El acierto de Palahniuk es que nos hace que descubramos el infierno de la mano de Madison, una adolescente gorda de trece años hipermimada e hiperignorada por unos padres millonarios liberales y guays del Paraguay que trabajan en Hollywood y se empeñan en todas las causas nobles que se cruzan en su camino salvo en la de ocuparse realmente de su hija.

Madison es cínica, materialista y deslenguada y les tiene cogidas las vueltas a sus padres. Es genial la escena en la que los padres se ven en la obligación de contarle a Madison de dónde vienen los niños:

– Maddy- me preguntó mi padre- ¿tú sabes de dónde vienen los niños?”

La cabrona de Maddy lo sabe de sobra, pero le gusta ver a sus progenitores en apuros:

¿Los niños? Mamá, papá…- Inclinando la cabeza de una forma no carente de encanto, abrí mucho los ojos y dije-: Pero, ¿no los trae el director de casting?”

Los padres consumen sendos xanax y comienzan con su explicación:

“-A ver- me dijo mi padre-. Cuando un hombre quiere a una mujer mucho, mucho…

– O bien- añadió mi madre, clavándole una mirada- cuando un hombre quiere a otro hombre o una mujer quiere a otra mujer (…)

Mi padre asintió con la cabeza.

– Tu madre tiene razón.- Añadió-: O cuando un hombre quiere a dos mujeres, o cuando tres mujeres en los camerinos después de un concierto importante de rock…

– O bien- dijo mi madre- cuando todos los presos de un bloque de celdas quieren mucho, mucho a un recluso que acaba de llegar…

– O bien- intervino mi padre- cuando una banda de moteros que van de anfetas por el sudoeste de Estados Unidos quieren mucho, mucho a una chica motera borracha…”

Finalmente, viendo que no van a terminar nunca y que se tienen que ir a una entrega de premios, optan por lo rápido: le muestran un vídeo pornográfico, que es al final como todos hemos aprendido realmente cómo se hacía para tener niños. Los padres, para lo que están, es para enseñar a evitarlos.

Otro acierto de Palahniuk es que ha sabido darle a Madison una voz bastante personal y cabrona. Construir un personaje redondo me parece un juego de niños comparado con conseguir que ese personaje tenga su propia manera de contar el mundo. Lo que vemos más a menudo es que el habla del personaje sea un remedo de la de su creador, pero con más verborrea incluida. Veamos cómo empieza la novela:

“¿Cómo puedo transmitir con fidelidad la sensación de estar muerta…?

Sí, conozco la palabra transmitir. Estoy muerta, no soy retrasada mental.

Creedme, estar ya muerta es mucho más fácil que el hecho en sí de morirse. Si eres capaz de ver mucha televisión, entonces estar muerta es pan comido. En realidad, ver televisión y navegar por internet son un entrenamiento perfecto para estar muerta (…)

Lo más seguro es que ni siquiera debiera contaros que estoy muerta, porque seguro que ahora os sentís espantosamente superiores a mí. Hasta el resto de la gente gorda se siente superior a la Gente Muerta…”

Me cuesta resumir una novela tan delirante como ésta, así que mejor que resumirla, diré las cosas que me ha enseñado sobre el infierno:

+ Recomienda hacerse enterrar con zuecos. Dada la suciedad e irregularidad del pavimento infernal, es el calzado más socorrido. Y si eres de los que desdeñan los zuecos, escoge cualquier calzado menos unos Manolo Blahnik y más si son de imitación.

+ La lista de cosas que te pueden condenar al infierno es bastante larga: decir “puta” más de 700 veces, olvidarse 855 veces de lavarse las manos después de haber meado o cagado, decir más de 300 veces “negro” o “maricón”. Y mi favorita: haberse meado más de tres veces en una piscina llena de gente, lo cual, estima Palahniuk, hace que prácticamente todo ser humano mayor de cinco años esté condenado.

+ Igual que la tierra tiene un problema con el calentamiento global, en el infierno tienen uno semejante con el Océano del Esperma Desperdiciado que es adonde van a parar los productos de las pajillas que nos hacemos tan alegremente en la tierra. El Océano no hace más que crecer, pero ese crecimiento se ha acelerado exponencialmente desde que aparecieron las páginas porno en internet.

+ La tasa de paro en el infierno es muy elevada. Sólo existen dos salidas profesionales al alcance de sus habitantes. La primera es trabajar en una página web guarra (sí, la triste noticia es que llevamos años haciéndonos pajas con modelos que encontramos en internet y que resulta que llevan años muertas en el infierno). La segunda es trabajar como operador de telemarketing. Un sistema perverso va poniéndote en contacto con husos horarios donde sea la hora de la cena y la gente esté a punto de sentarse a cenar. En ese momento, suena el teléfono y… “le estoy preguntando a un cretino vivo qué colores de bastoncillos de algodón complementarían mejor el esquema de colores primarios de la decoración de su cuarto de baño. En una escala del uno al diez, le pido que me puntúe los siguientes sabores de brillo de labios: miel caliente… brisa de azafrán… menta oceánica… resplandor de limón… azul zafiro… rosa cremosa… ascua ácida… y baya de irrigación vaginal.” Perverso, ¿verdad?

+ Los demonios en realidad son antiguos dioses en los que los humanos dejaron de creer. Eso explica la mala leche que se gastan.

+ El infierno es el lugar ideal para los mitómanos, los lectores de la prensa del corazón y los rockeros. Allí puedes encontrarte a Marilyn Monroe, a Kurt Cobain, a Frank Sinatra, a Ava Gardner. En cambio en el cielo las únicas celebridades son Harriet Beecher Store y el Mahatma Gandhi.

Chuck Palahniuk es el primer escritor que me encuentro que hace que me den ganas de llegar al infierno cuanto antes. A partir de mañana dejaré de lavarme las manos después de haber utilizado el aseo.

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Buku buku significa «libros» en bahasa. Esta bien que haya un idioma que a los libros, que encarnan el conocimiento, los designe con un sonido que recuerda al de un niño de dos años pidiendo que le pongan una bola de helado. Esto ayuda a poner las cosas en perspectiva: tal vez el conocimiento este sobrevalorado y lo que importe sean las bolas de helado. Más sobre «Bukubuku»

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