… o no

Publicado por el 13/02/2018

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Si hay una filosofía que le ha hecho una higa al tiempo, ésa ha sido el budismo. Todo empezó con el propio Buda, que se negó a responder a la pregunta de si el mundo era eterno o no. Lo más probable es que pensase que detenerse a pesar sobre la duración del mundo es una pérdida de tiempo, cuando la realidad es que estás sufriendo aquí y ahora. Por explicarlo de otra manera: ¿de verdad te haces preguntas sobre el Big Bang cuando tienes dolor de muelas?

Una de las primeras escuelas budistas, la de los sarvastivadas, afirmaba que los dharmas, los ladrillos que constituyen el edificio de la realidad, existían en tres modos: pasado, presente y futuro. Más que un fluir en sí del tiempo, habría una manifestación ininterrumpida de los dharmas en su modo presente. El tiempo no sería entonces más que el escenario sobre el que se van desplegando los dharmas.

Suena un poco raro y sin embargo, 2.000 años después, un físico del Instituto de Tecnología de Massachusetts, Max Tegmark, dice algo parecido en una entrevista que leí hace poco: “Podemos representar nuestra realidad bien como un lugar tridimensional donde las cosas ocurren a lo largo del tiempo, o como un lugar cuatridimensional, donde nada ocurre (…) Entonces el cambio realmente es una ilusión, porque no hay nada que esté cambiando; todo está simplemente ahí: pasado, presente futuro”. O sea, los dharmas de los sarvastivadin con sus tres modos de ser.

Aunque, bueno, si el concepto de tiempo nos molesta, también podemos suprimirlo y olvidarnos de él. Eso fue lo que hizo unos trescientos años después de los sarvastivadin Nagarjuna, el fundador de la escuela budista madhyamaka. En su gran obra, el “Mulamadhyamakakarika” (estudiar filosofía budista ayuda para elaborar trabalenguas), Nagarjuna afirma que o bien el presente y el futuro son causados por el pasado y, por tanto, están ya contenidos en él con lo que carecen de existencia independiente, o bien son independientes del pasado, con lo que no estarían causados por él. Pero esto último resulta contradictorio, porque presente y futuro deben estar relacionados con el pasado.

A esto se añade que no podemos captar un tiempo en movimiento. Lo que captamos son momentos, pero un tiempo estacionario no respondería al concepto que tenemos de tiempo. Con lo que no me queda claro qué es lo que realmente captamos. Bueno, la respuesta madhyamaka es que no hay nadie que capte nada ni nada que tenga que ser captado. Fin de mis dudas

Al final, no existe un tiempo absoluto e independiente, sino que tiempo y fenómenos van unidos. El tiempo es el marco en el que cambian los fenómenos y el cambio fenoménico lo que origina el tiempo. Ambos están interconectados. Bueno, o eso creo, que con los madhyamikas nunca es fácil seguir la línea de razonamiento, salvo para entender que, en última instancia, uno no tiene una identidad propia y…vaya, otra vez fin de mis dudas.

Por fortuna, escuelas posteriores del budismo no se han preocupado tanto por reflexionar sobre la naturaleza del tiempo, sino que se han centrado en el único momento del tiempo que de verdad importa, que es el presente. Es aquí y ahora que podemos actuar y poner las bases de nuestra liberación futura o bien cagarla por completo. Generalmente hacemos lo segundo, pero la esperanza de que algún día seamos menos capullos y lo hagamos bien, sigue ahí.

Nishida Kitaro, fundador de la Escuela de Kyoto, una de las escuelas filosóficas más interesantes del siglo XX, hablaba del “eterno ahora” que es el lugar en el que la Historia puede ocurrir. El presente interrelaciona el pasado, que es determinación y el futuro que es el reino de las posibilidades infinitas. El presente se niega a sí mismo, toda vez que es en él que la realidad se convierte en algo nuevo, llevando consigo su pasado no-presente y su futuro no-presente… Bueno, tal vez Kitaro no sea mucho más fácil de entender que los madhyamikas.

Después de tantas disquisiciones sobre el tiempo, me quedo con lo que dice Dilgo Khyentse Rinpoché, que esto sí que lo entiendo:

“En la meditación podemos ver a través de la ilusión del pasado, del presente y del futuro; nuestra experiencia se convierte en la continuidad del ahora. El pasado no es más que un recuerdo poco fiable que tenemos en el presente. El futuro no es más que una proyección de nuestras nociones presentes. El propio presente se desvanece cuando intentamos agarrarlo. Así que ¿por qué molestarnos intentando establecer la ilusión de una base sólida?”

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Buku buku significa «libros» en bahasa. Esta bien que haya un idioma que a los libros, que encarnan el conocimiento, los designe con un sonido que recuerda al de un niño de dos años pidiendo que le pongan una bola de helado. Esto ayuda a poner las cosas en perspectiva: tal vez el conocimiento este sobrevalorado y lo que importe sean las bolas de helado. Más sobre «Bukubuku»

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