Una Historia alternativa de Ayutthaya

Publicado por el 05/02/2018

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Los tailandeses consideran el período de Ayutthaya (1351-1767) como el momento clave en la formación de la actual Tailandia. El relato habitual de este período se puede encontrar, por ejemplo, en “Thailand. A short History” de David K. Wyatt, que es el libro de Tailandia que se suelen leer todos los extranjeros interesados por la Historia del país.

Según este relato, Ayutthaya habría sido fundada en un momento en que el predominio khmer en la llanura del río Chao Phraya estaba en declive. Ayutthaya habría nacido combinando tres fortalezas: la mano de obra tai, el prestigio del imperio khmer, que le vino vía Lopburi, y el comercio con China. En el último tercio del siglo XIV, Ayutthaya habría comenzado la sujeción de Sukhothai al norte, que habría estado terminada para mediados del siglo XV. Durante ese siglo, Ayutthaya se iría dotando progresivamente de una administración fuerte, organizada según el modelo angkoriano. El siglo XVI sería uno de guerras, primero contra el reino de Lanna al norte y luego contra Birmania.

En 1569 Ayuthaya fue conquistada por Birmania y sólo las proezas militares del Rey Naresuan conseguirían liberarla del yugo birmano en 1592. Naresuan tenía una visión más amplia de la unidad del espacio tailandés y durante su reinado fomentó el comercio y la organización de la mano de obra del reino (la mano de obra, escasa durante toda la Edad Moderna en la región, era clave para el poderío de los Estados y a menudo fue el factor deteminante para el estallido de las guerras). Durante el siglo XVII, una Ayutthaya, convertida en el poder hegemónico en la región, se basaría en dos pilares: el control de la mano de obra y la creciente implicación en las redes comerciales internacionales. Una fuente de inestabilidad hasta su caída sería la inexistencia de reglas sucesorias claras, lo que hacía que ser designado Príncipe heredero era casi la garantía de que uno tendría una muerte brutal. Los conflictos entre la Corona y las élites irían agudizándose durante el siglo XVIII y contribuirían a su derrota por Birmania en 1767.

En “A History of Ayutthaya. Siam in the Early Modern World” Chris Baker y Pasuk Phongpaichit revisitan la Historia de Ayutthaya y, sin olvidarse de las querellas entre nobles y reyes, se fijan más en las fuerzas profundas que la fueron modelando y en algún caso la reinterpretan, saliéndose de los moldes tradicionales. El resultado es fascinante.

Baker y Phongpaichit creen que Ayutthaya surgió como una ciudad mercantil y cosmopolita, con elementos chinos, mon, khmers, tais, malayos e indios. Era una ciudad volcada al comercio al comercio marítimo y poco interesada en la religión y la guerra.

Baker y Phongpaichit rebaten la idea de que Ayutthaya fue conquistando progresivamente Sukhothai y las ciudades del norte. Las relaciones entre ambas fueron más sutiles y complejas de lo que la historiografía tradicional nos ha vendido. Entre las ciudades del norte y Ayutthaya hubo muchas alianzas matrimoniales e intercambios culturales. Ayutthaya ayudaba a aquellos nobles del norte con los que tenía vínculos matrimoniales, cuando tenían problemas domésticos. Muchos nobles del norte, por su parte, se vieron atraídos a Ayutthaya por las oportunidades que ofrecían sus guerras y su comercio. Se produjo una amalgama entre la nobleza del norte, con sus tradiciones guerreras, y la nobleza de Ayutthaya, más volcada al comercio.

Para finales del siglo XV, la sociedad de Ayutthaya había alcanzado un grado de complejidad, al que no fueron ajenas las aportaciones de las ciudades del norte, que hizo necesario el desarrollo de la Administración, así como la elaboración de leyes. Al mismo tiempo, la riqueza traída por el comercio y las guerras reforzó a la nobleza, que se convirtió en un factor político al que en lo sucesivo los reyes tendrían que prestar mucha atención. De hecho Ayutthaya cayó en 1569 en manos de Pegu en buena medida porque Maha Thammaracha de Pitsanulok le ayudó. La caída de Ayutthaya implicó que los nobles del norte se hicieran con las riendas del poder y que trajeran consigo su ethos guerrero.

Desde comienzos del siglo XVII cesan las grandes guerras en la región y es la era del comercio. Ayutthaya, liberada del control de Pegu y engrandecida por el rey Naresuan, aprovechó su posicion geográfica para convertirse en un centro comercial regional de primer orden. La nobleza abandonó el oficio de las armas para buscar el enriquecimiento mediante la participación en empresas comerciales. La nobleza provincial perdió poder y autonomía. La economía se diversificó y las manufacturas se desarrollaron para satisfacer la demanda exterior. También es en esta época que los extranjeros, especialmente chinos y persas, ocupan puestos prominentes en la Administración. Sus ventajas eran muchas: sus contactos internacionales, sus conocimientos técnicos y, muy especialmente, que al ser extranjeros carecían de bases de poder en el país, con lo que deshacerse de ellos si se volvían molestos o demasiado poderosos, no era demasiado difícil para los reyes.

Habiendo dejado de ser reyes guerreros y habiéndose convertido en reyes comerciantes, los monarcas de Ayutthaya buscaron nuevas maneras de legitimación. Por un lado restablecieron las solemnidades de la monarquía angkoriana y el rey se rodeó de un aparato que le aislaba del resto de los mortales. El holandés Van Neijenrode, que visitó Ayutthaya entonces, cuenta que “he visto que ajusticiaban a algunos, a quien quiera que no saludase al rey a tiempo, lo suficiente o de manera adecuada”. Por otro lado, los reyes comenzaron a patronizar el budismo con más asiduidad y a erigirse en guardianes de la religión.

Durante el siglo XVII se agudizaron las crisis de sucesión. Los reyes intentaban designar un heredero en vida, pero a menudo sus deseos no eran respetados y a su muerte se desencadenaba una sangrienta lucha por el poder, que pocas veces era ganada por el heredero designado. Estas luchas solían acarrear purgas sangrientas en las que muchas familias nobles fueron exterminadas.

La crisis sucesoria más notable fue la de 1688, cuando murió el rey Narai. Se produjo en un momento en el que los franceses estaban intentando establecerse en Siam, incitados por el poderosísimo ministro Constantine Phaulkon, un griego que se había convertido en el principal asesor del rey y que convenció a los franceses de que Narai estaba dispuesto a convertirse al catolicismo. Sería muy largo relatar todas las conjuras que hubo en los años finales de Narai. Baste con decir que los franceses se fueron con el rabo entre las piernas, que Phaulkon perdió la cabeza literalmente y que subió al trono Phra Phetracha, que procedía de la nobleza tradicional.

Baker y Phongpaichit describen la Ayutthaya de comienzos del siglo XVIII de una manera que uno no está acostumbrado. Se trataba de un estado muy urbanizado. El comercio, las manufacturas y el servicio a la Corte eran las principales ocupaciones. Las huertas de los alrededores de las ciudades más la pesca de agua dulce suministraban a las ciudades de los alimentos que precisaban. La idea de un Siam básicamente rural responde más bien a las condiciones que se dieron en el siglo XIX. Una prueba de que Ayutthaya no era una sociedad agraria al uso es que apenas había impuestos a la tierra. Los ingresos del Estado procedían básicamente de los monopolios comerciales, de los impuestos al comercio y de las requisas de mano de obra.

El siglo XVIII fue un siglo de cambio. Los viejos sistemas de trabajo forzoso se estaban volviendo obsoletos ante la aparición de una economía comercial y su creciente escasez generó una lucha por el control de la mano de obra. La nobleza se había enriquecido y reforzado, con lo que someterla a purgas sangrientas en caso de conflicto civil ya no era una opción tan evidente para los reyes con en el siglo anterior. Entre las clases populares apareció un cierto malestar, cuyas manifestaciones más obvias fueron el bandidaje, el aumento del crimen y las revueltas. Las revueltas fueron una novedad. Hasta entonces los conflictos civiles habían consistido en luchas entre las élites nobiliarias y la monarquía. Ahora comenzó un fenómeno de revueltas populares, que canalizaban el descontento popular y que a menudo eran impulsadas por monjes o por personajes que afirmaban gozar de poderes mágicos fabulosos.

Los reyes trataron de hacer frente a estos cambios reforzando las leyes para hacerlas más eficaces, mejorando la Administración y dando un mayor papel en la sociedad al budismo.

La historiografía tradicional presenta la caída de Ayutthaya en 1767 como la culminación de un largo período de agresiones birmanas. Baker y Phongpaichit rebaten esto. El siglo XVIII fue un siglo esencialmente pacífico y Ayutthaya tenía pocos motivos para sentirse amenazada por enemigos exteriores. La amenaza real contra Ayutthaya no empezó hasta comienzos de la segunda mitad del siglo, cuando el rey birmano Alaungpaya unificó en valle del Irrawaddy e inició una campaña para someter a sus vecinos, que continuaría su hijo Hsinbyushin. El objetivo birmano no era tanto la conquista de Ayutthaya, como hacerse con el control de sus puertos para reemplazarla como la gran potencia comercial de la zona.

La caída de Ayutthaya en manos birmanas puede atribuirse a dos causas mayores: la persistencia de los ejércitos birmanos, que contra toda expectativa no se retiraron cuando llegó la estación de lluvias de 1766, sino que continuaron el sitio, y la falta de apoyo de los gobernadores provinciales, que rehusaron enviar tropas, en cuanto vieron que el asedio se prolongaba desfavorablemente. A diferencia de lo que ocurrió en el siglo XVI, Ayutthaya no era un reino en crisis, al que sólo hubiese que zarandear un poco para que se viniese abajo. Ayutthaya cayó porque sus preparativos bélicos no estuvieron a la altura de la amenaza birmana. Un siglo de prosperidad económica y comercial habían acabado con su ethos guerrero.

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