Publicado por Ludmila Vinogradoff el mar 4, 2010
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Supermercado vacioEs la hora del almuerzo y no hay nada para comer.  A esa hora MarÃa Gómez estaba nerviosa mirando  el reloj a cada rato en la larga cola del supermercado Central Madeirense de ChacaÃto, centro neurálgico de Caracas, para pagar los 5 kilos de azúcar que le correspondÃa por persona.
A su lado estaba su sobrina Luisa con una cantidad igual de azúcar en la cesta de mano y una sonrisa triunfal en los labios. Con su figura sexi habÃa conseguido que el empleado del supermercado le diera doble ración del producto porque la caja registradora estaba programada para facturar sólo 5 paquetes por comprador.
-¿Tiene acaso una confiterÃa o una dulcerÃa para necesitar 10 kilos de azúcar? -le pregunta ABC.es.
-Yo vengo de muy lejos. Me ha costado mucho conseguir azúcar. Además compro la ración completa porque se va a acabar y yo la necesito. Hago tortas y dulces. De eso vivimos -cuenta MarÃa mirando de un lado a otro como si cometiera algún pecado imperdonable.
A pesar de que sus 3 hijos se habÃan quedado sin comer el almuerzo, MarÃa se daba por satisfecha de haber conseguido azúcar, un producto como la leche, la mantequilla, el café, el espagueti, el aceite, la servilleta, el papel higiénico, las caraotas (frijoles negros) y la harina de maÃz, escasean en la mesa de los venezolanos desde hace meses pero que a veces desaparecen del todo.
MarÃa vive en Guatire, una ciudad dormitorio de medio millón de habitantes, situada a 35 kilómetros al este de Caracas. “Los supermercados de mi zona no tienen los productos de primera necesidad como los de Caracas.”. Ella como la mayorÃa de las amas de casa debe recorrer kilómetros para conseguir un alimento de primera necesidad. Toda una odisea.
La compra de alimentos básicos que escasean se ha convertido en una búsqueda competitiva casi olÃmpica. Cuando algún supermercado saca algún producto escaso, éste como por obra de magia desaparece de los anaqueles por el nerviosismo de los consumidores. El consumo ha caÃdo 3,2 % y la economÃa se hunde un 5 % del PIB en el último trimestre del año.
Entre los venezolanos el rumor circula por los teléfonos móviles. “El corre, ve y dile” funciona como si fuese “la bulla” del hallazgo de una mina de oro en la selva, que en épocas remotas era el “tam, tam” de los tambores.
Para MarÃa la noticia de que habÃa azúcar en ChacaÃto le vino por el teléfono móvil. Su marido Humberto era conductor de los camiones que transportaban alimentos desde Colombia, pero desde julio del año pasado cuando el presidente Hugo Chávez congeló las relaciones comerciales, perdió el trabajo y ella tuvo que asumir la carga de la familia completa.
Pero además tiene razón en hacer cola y guardar alimentos como las ardillas porque el gobierno anuncia que va a incrementar los precios de los alimentos regulados entre un 11 y 47 %, después de la devaluación del bolÃvar decretada en enero pasado.
Los venezolanos tal vez no han vivido en carne propia la escasez y el racionamiento de alimentos como lo han sufrido en Cuba, China y  la Unión Soviética según lo describe Hedrick Smith en su laureado libro “Los Rusos”. Sin querer van por ese camino de la “revolución bonita” que anuncia el comandante en jefe tras once años de prometer la misma cosa.
Ya se han acostumbrado a las colas para comprar alimentos. Cuando alguien les pregunta “?Cuál es el animal que tiene la cola más larga del mundo?” todos responden que es el pollo de “Mercal” (mercado oficial) porque cuando aparece el producto entonces se hace una fila de gente tan larga que a veces le da vuelta a dos manzanas completas.
Basta ver una cola en la calle para preguntar:  ¿qué están vendiendo?, y apuntarse si se tiene paciencia para esperar dos horas bajo un sol inclemente por el alimento importado tal vez de Brasil o Argentina.
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