Speed dating… canino

Publicado por el Nov 16, 2015

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Llevo algo más de año y medio siendo voluntaria del refugio Humane Society of Greater Miami. Durante ese tiempo, he sido partícipe de eventos dentro y fuera del refugio, he seguido personalmente varias adopciones fructíferas y otras tantas fallidas y hasta yo misma he adoptado un perro. Pero, sobre todo, durante este tiempo, me he encargado en el refugio de los perros más grandes. De los perros que pesan más de 60 kg y otros voluntarios no los sacan de paseo porque no pueden con ellos o les tienen miedo. He descubierto que, si me siento en el suelo de la habitación del perro con más cara de fiero y le rasco la tripa, las familias adoptantes que van pasando a través del cristal, en vez de acelerar el paso, se paran a mirar. Y, si me ven cómo estoy educando a un American Bulldog del tamaño de un oso polar y el perro ya sabe hacer "sit", es hasta probable que pidan conocerle.

En el refugio saben de mi "especialidad" y los coordinadores siempre me piden que me encargue de los más grandes. Han puesto carteles en algunas habitaciones donde pone "Cuidado, sólo voluntarios experimentados" y me han hecho saber que yo sí puedo entrar. Según entro por la puerta, me suelen comentar si hay algún perro grande nuevo que necesite urgentemente salir. A algunos hay que ponerles un arnés especial o sacarles por una determinada puerta. No hay problema. Yo me encargo.
Yo disfruto con esto. 

Y hoy he disfrutado más todavía, porque -por primera vez- han confiado en mi para las "presentaciones". Los voluntarios no están autorizados a hacer esto. Se trata de presentar a dos perros para ver si son compatibles y pueden compartir habitación. Con los pequeños, esto es fácil. Pero, con los grandes, es arriesgado. Si se atacan, habrá que curarles las heridas que se hagan, y el refugio tendrá que correr con más gastos veterinarios. Por eso, se les presenta con cuidado. A la izquierda, el campeón de los pesos pesados Gran Danés cruzado con Pitbull. A la derecha, el formidable cruce de Labrador con genes de Bull Terrier. Cada uno con una correa, primero hay que dejar que se huelan. Si dan vueltas, tú das vueltas con ellos, porque no puedes perder el control de su correa y dejar que se enreden. Si se atacan, sucederá todo en un instante, hay que ser rápidos. Pero, afortunadamente, los perros dan muchas señales antes de morder: se ponen en tensión, se huelen mutuamente la cara, les cambia la expresión, levantan la cola y el cuello, se preparan. Sólo hay que ser observador para evitar un drama. 

Hemos conseguido hacer varias parejas a través de esta técnica de "speed dating" canina y, recolocando a los perros, podemos dejar más habitaciones para otros perros que no toleran compañía.

Los perros, por naturaleza, son sociables con humanos y con otros perros. Pero, para reformular esta frase en "son sociables con TODOS los humanos y TODOS los otros perros" se necesita pasar por un proceso de socialización desde cachorros al que, por desgracia, casi ningún animal doméstico se somete en la vida real.

El cachorro, para empezar, debería estar con su madre y sus hermanos durante sus primeros meses de vida. Si quieres comprar un perro y te ofrecen dártelo con 4 semanas, desconfía de ese criador. Un cachorro no debería ser separado de su camada hasta las 8-10 semanas de vida, mínimo.

Ese cachorro, además, tendría que entrar en contacto en su primer año de vida con todo tipo de personas. De todas las edades y razas. Hay quien dice que su perro "es racista" porque ladra a los negros. Los perros no son racistas, simplemente ladran a lo desconocido. Mi perra Prechel ladró sin parar la primera vez que vio a una señora en silla de ruedas eléctrica. Su forma de moverse, deslizándose, la descolocó. Es normal. Simplemente, basta con mostrarles que no pasa nada.

Pero, volviendo al tema de las presentaciones entre perros, es importante darles la importancia que merecen. A pesar de que dos perros que se han peleado pueden terminar siendo amigos -los perros viven el momento, no guardan rencor como los humanos- es importante que nos aseguremos, a la hora de meter un perro nuevo en casa, que el perro "viejo" lo acepta y le cae bien. Hemos de asegurarnos de que comienzan su amistad con buen pie, sobre todo si hablamos de dos perros adultos.

 Hay perros dominantes y perros sumisos, y todos ellos tienen una energía distinta. No siempre la combinación "macho y hembra" evita peleas. Hay hembras muy dominantes que no estarán conformes hasta que no quede claro quien manda en casa. No por ser de la misma raza, serán más afines. No por ser familia -a no ser que se hayan criado juntos varios años- serán íntimos según se vean. No hay una fórmula perfecta. 

Te recomiendo que las presentaciones siempre las hagas en terreno neutral y con los perros lo más tranquilos posible por separado (después de una caminata, por ejemplo). No tenses la correa cuando se estén oliendo. Relájate, ellos perciben si la situación te estresa. Pasea con ellos juntos de la correa antes de meteros todos en casa. Supervisa siempre las comidas cerca el uno del otro y, sobre todo, observa quién es el jefe de quién.

No existe la democracia en el mundo animal. Si tienes varios perros, cada uno ocupará un cargo en el escalafón jerárquico. Es una jerarquía que deciden entre ellos. Se montarán, se intentarán dominar, parecerá que están jugando al "pressing catch". Tú, como dueño, lo único que puedes hacer es dejarles claro que, por encima de ellos, siempre estarás tú, así que -si el "pressing catch" se sube de tono- bastará con una voz tuya para separarlos. Es importante que tengas claro quién es tu perro más dominante y cuál el más sumiso y que no vayas a contracorriente de esta jerarquía.

En armonía, dos perros son significativamente mejor que uno. Serán un gran apoyo el uno para el otro. Se harán mucha compañía. Les permitirá ser "más perros" y "menos humanos". En el refugio, a los perros más sociables el tener un compañero de habitación les calma, les entretiene y les ayuda a no ponerse tan ansiosos.

Tan sólo hace falta encontrarles un compañero de juegos con el que sean afines. Cuyo nivel de energía sea similar. Y así, el Gran Danés cruzado con Pit Bull y el Labrador con genes de Bull Terrier terminarán durmiendo juntos la siesta. Y la gente, cuando vea cómo les estoy acariciando la tripa a dos manos, quizá se paren frente al cristal y, quién sabe, puede que les llegue su oportunidad.








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El perro no es sólo el animalito que te recibe moviendo el rabo cuando abres la puerta. Es el mejor amigo del hombre por un millón de razones. Con "Ladrando al mundo" quiero dar a conocer... Más sobre «Ladrando al mundo»

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