Lo inexplicable

Publicado por el sep 7, 2013

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Antes de que suene el despertador, noto que Berta me mira fijamente, sentada al lado de la cama. Con las orejillas alerta, parece que lleva ahí siglos, tratando de despertarme telepáticamente. En cuanto abro un ojo, o aunque no lo haga, ella sabe que ya no duermo y empieza a mover el rabo, esperanzada, porque ya queda menos para desayunar. Ella desayuna a las 7, come a las 14 y cena a las 21 y te lo hace saber con tal exactitud que nos preguntamos si llevará reloj de pulsera.

Si estoy triste, Prechel no se despega de mi pierna. Creo que pretende que crea que, casualmente, le apetece estar ahí, bien pegadita a mi. Por si me hace falta un abrazo. Ella es especialista en eso, simplemente se queda quieta, sentada entre mis piernas, y se deja abrazar. Es un encanto y lo hace con todo el mundo: según entras por la puerta, ella evalúa si te hace falta su compañía y a qué nivel. Habría sido una perra de terapia fantástica.

Mino, que era más listo que el hambre, se tenía aprendido el camino que hacíamos todos los fines de semana para ir al campo. Vigilaba durante todo el trayecto que íbamos bien. Si salíamos de la carretera habitual, se ponía a ladrar y gimotear como un loco. Si volvíamos al camino, se callaba.

Carlota movía el rabo siempre que su dueño sonreía. Siempre, siempre, aunque no la estuviese hablando a ella ni haciendo caso, ni hablando de nada relacionado con ella. Pero si, en el transcurso de una conversación con cualquier interlocutor, él sonreía, ella también, a su manera.

Trufa aprendió a diferenciar los días laborables de los festivos y, mientras que, de lunes a viernes, se quedaba tranquilamente sola en casa sin protestar, no consentía que la dejasen sola mucho rato durante el fin de semana.

A Banda, sus dueños la dejaron en casa de unos familiares en Sevilla, desde donde pronto se escapó. A los pocos meses, apareció de nuevo en su casa de Madrid... nadie se explica cómo pudo hacerlo.

Sabemos que los perros tienen instintos pero, a veces, siguen sorprendiéndonos con actitudes o gestos inexplicables. O yo al menos, no consigo comprender cómo saben qué hora o qué día es, cómo perciben nuestros sentimientos ni cómo son más fiables en los caminos que un GPS. Por muchos miles de años que hayan permanecido a nuestro lado, siguen siendo una caja de sorpresas para el ser humano.

Se sigue investigando y avanzando en técnicas de detección de cáncer con perros. Según la revista médica British Medical Journal, los perros son capaces de oler el cáncer, aunque la enfermedad aún esté en su fase inicial. Ellos lo perciben, al igual que pueden adelantarse y avisar a su dueño de que va a sufrir un ataque epiléptico. También pueden notar cuándo va a ocurrir una catástrofe natural con antelación, como los pájaros y otros animales, lo cual puede salvar muchas vidas.

A pequeña escala, yo sigo sumando ejemplos de esa inteligencia canina que va más allá. Pequeños detalles que, a veces, te hacen pensar que ellos saben muchas más cosas que nosotros. O, al menos, que saben muchas más cosas de las que nosotros creemos.

Fotografía de EFICAN, terapia con perros




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Ladrando al mundo © DIARIO ABC, S.L. 2013

El perro no es sólo el animalito que te recibe moviendo el rabo cuando abres la puerta. Es el mejor amigo del hombre por un millón de razones. Con "Ladrando al mundo" quiero dar a conocer... Más sobre «Ladrando al mundo»

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