Prevención de riesgos veraniegos (II) – En la playa

Publicado por el Jul 17, 2013

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Ya hemos hablado de las playas, de lo bonito que sería tener más y mejores sitios donde ir (legalmente) con nuestros perros y de que será mejor que nos resignemos a las que hay, a día de hoy, en España.

persiguiendo a pablo

De vacaciones

A mis perras, como buenas Labradores que son, siempre les ha chiflado nadar y, el viaje a las playas de Cádiz que solíamos hacer al inicio del verano, para ellas significaba la máxima felicidad. Ahora ya no vamos, quizá las acerquemos algún ratito al Cantábrico, pero ya no en el mismo plan de antes, cuando íbamos a pasar todo el día juntos, con la neverita llena de refrescos y agua para ellas, el bocata, su pienso en una bolsa, la sombrilla… en plan domingueros. Ellas ya están algo mayores y creo que no aguantarían el ritmo de antes. O, lo que es peor, seguirían corriendo y nadando sin agotarse y, al llegar a casa, se darían cuenta de que se han pasado tres pueblos y no pueden mover ni una pata.

El primer año que fuimos con las perras a la playa, nos llevamos dos grandes sustos. Ellas ya habían nadado en ríos, pero nada que ver con el oleaje del mar, que encontraron desde el primer momento divertidísimo. Pero, ay amigo, saltando olas como dos locas también tragaron mucha agua. Esto significó algunos vómitos y una diarrea que mejor no os describo con más detalle, sólo diré que menos mal que, en ese momento, estábamos en el jardín y no dentro de casa. Demasiada agua salada para su organismo novato… al día siguiente, no abrieron tanto la boca y la verdad es que nunca más ha vuelto a pasar.

El segundo susto que nos llevamos fue que, al segundo día de estar allí, Prechel no podía mover el rabo. No es que estuviese triste, es que le dolía al moverlo y, si se lo tocábamos, daba un aullido. Parecía como si se lo hubiese partido… pero no, su dolor era algo parecido a nuestras agujetas. Los veterinarios lo llaman Miopatía de la cola (o “Cola húmeda”) y suele darse en los Retriever (aunque no es exclusiva de estos perros, sí más frecuente), ya que utilizan la cola como timón mientras nadan y esta sobrecarga muscular en aguas frías tiene como consecuencia un par de días de dolor intenso en el rabo. La buena noticia es que, con un poco de descanso, el dolor se va rápidamente y Prechel, a los dos días, ya volvía ser un torbellino.

Reposo obligado

Reposo obligado

Los perros se quejan poco y no van a dejar pasar una semana en la playa por uno de estos imprevistos. Jamás desperdiciarían un día en familia en la playa quedándose en casa, lamiéndose las heridas. Eso es más típico de los humanos.

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