Peras al Olmo

Publicado por el jun 4, 2013

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"Estamos pensando en regalar un perro al niño". 
Cada vez que algún conocido, sabiendo que me gustan mucho los perros y pensando que será motivo de alegría para mi, pronuncia esta frase con una sonrisa, se me ponen los pelos de punta.

Mi sobrino jugando con mi perra
A mi los perros me encantan. Y una infancia con perro -cosa que yo no he tenido- me parece que debe de ser algo maravilloso. Los perros llenan un espacio que ni los hermanos, ni los padres, ni los abuelos, ni los amigos, ni los primos de tu edad, pueden ocupar. Es una amistad incondicional, es compartir juegos con quien nunca se cansa, es disfrutar dando mimos y también recibiéndolos, es aprender a ser patrón y no sólo marinero. El perro, una vez criado y -sobre todo- educado, es una compañía inigualable, una fuente de cariño que te pide poco y te da mucho, que nunca tiene un mal día y siempre vive la vida desde un punto de vista positivo y esperanzado.

Pero meter un perro en casa por impulso es un error. Si no has tenido ni tiempo ni ganas de tener perro antes de nacer tus hijos, ¿por qué ahora, cuando el cansancio es tu día a día, cuando tienes tantas cosas que hacer y los días se te hacen muy cortos, cuando has vuelto a saber lo que son las actividades extra-escolares, cuando te oyes a ti mismo quejándote con frecuencia de que no tienes ni un minuto, va a ser un mejor momento? Un perro es más trabajo. Y, no te engañes, tus hijos no se van a encargar de él. De su educación, para empezar, vas a tener que ocuparte tú, o el perro no aprenderá a comportarse como debe. Y, para seguir, los niños sólo aprenden la responsabilidad que implica tener un perro -sacarle a pasear, darle de comer, llenar su cuenco de agua, cepillarle, llevarle al veterinario para desparasitarle y ponerle sus vacunas, darle la medicación que le haga falta, limpiarle las orejas y los ojos, bañarle...- viéndoselo hacer a sus padres. Si no, el perro pronto pasará a ser un rollo, una obligación más. Y comenzarán las peleas entre los hermanos -"¿a quién le toca sacarle?" -"yo le di de comer"- la responsabilidad se irá calentando mientras pasa de mano en mano, hasta llegar a quemar.
Llegados a este punto, suele haber dos opciones. O los adultos -el padre o, más frecuentemente, la madre- terminan haciéndose cargo ellos del perro, protestando, pero siendo conscientes de que fueron ellos quienes permitieron su entrada en la casa y es una responsabilidad suya, o bien se echa la culpa al perro y, automáticamente, el perro va fuera. Otro abandono más que se podría haber evitado.

Por eso, si me preguntan mi opinión al respecto, siempre digo lo mismo: No le regales un perro a tu hijo. Si quieres tener uno, regálatelo a ti mismo. El niño, aunque el animal no sea suyo en exclusiva, disfrutará de él igual. Pero tú, que eres una persona adulta, serás el único responsable de sus cuidados, le sacarás al parque aunque esté granizando y te encargarás de que esté siempre bien atendido como ser vivo a tu cargo que es. Si el niño ve que disfrutas cuidando de tu perro, él querrá hacerlo también y puede (o puede que no, quién sabe) que termine aceptando de buena gana algunas responsabilidades.

Imagen de R.E.A.D / Perros y letras
Si, en realidad, no quieres tener perro pero quieres que tu hijo aprenda a saber cómo comportarse con uno, disfrute de su compañía y puedan jugar juntos, hay otras fórmulas. Puedes aprovecharte de los amigos que tienen perro e ir al parque juntos, puedes llevarle a exposiciones de belleza y campeonatos de agility, puedes animarle a colaborar en un refugio, puedes incluso tener un perro durante unos pocos días a modo de "canguro" -existen páginas web, como www.gudog.com, en las que puedes registrarte como familia interesada en alojar a un perro durante un fin de semana, por ejemplo. Es más, el otro día me enteré de que existe en España una asociación llamada R.E.A.D que promueve la lectura en los niños interactuando con perros de asistencia: los niños leen a los perros, quienes jamás juzgan ni se burlan si tartamudean o se atascan, y consiguen hacer de la lectura algo divertido. Es decir, que incluso puedes valerte de un perro que no es el tuyo para que tu hijo mejore en su aprendizaje mientras lo pasa bien. Os recomiendo (mucho) que entréis en este link: http://www.perrosyletras.com/index.html

Hay mil y una formas de conseguir que tu hijo aprenda a amar a los perros sin necesidad de tener uno propio, si tú no quieres o no ves posible tener perro en casa.

Si, por el contrario, siempre has querido tener perro y ves que ahora es el momento perfecto porque tu hijo lo va a poder disfrutar en su niñez, adelante, adopta o cómprate uno tú. Pero no pidas peras al olmo, es lógico que un niño te ruegue que le regales un perrito suave al que hacerle cariños, es pequeño y no comprende aún todo lo que supone. Pero tú ya tienes edad para saber que un perro te restará espacio, tiempo y dinero. Es un regalo boomerang, será una alegría muy grande para tu hijo pero, pasada la ilusión inicial, supondrá una serie de tareas que ya no le divertirán tanto, conllevará algunos disgustos cuando el cachorro se coma cables y zapatos y, creédme, os dará mucha pereza tener que sacarlo a pasear por la mañana temprano también los días de más frío.

Parece el mejor regalo posible... pero, probablemente, pasado un tiempo te decepcionarás, se decepcionará él y ni hablamos de lo que me decepcionarás a mi si, un día, me dices -con la misma ligereza con la que pronunciaste la primera frase- que estáis pensando en buscar otra casa para vuestro perro.


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El perro no es sólo el animalito que te recibe moviendo el rabo cuando abres la puerta. Es el mejor amigo del hombre por un millón de razones. Con "Ladrando al mundo" quiero dar a conocer... Más sobre «Ladrando al mundo»

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