Pedro Duque y el Ministerio del Arte

Publicado por el 11 11Europe/Madrid 06 11Europe/Madrid 2018

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Llevo varios días a la búsqueda de declaraciones del ministro de Ciencia, Innovación y Universidades. En concreto quería saber sus planes acerca de la Enseñanza Superior de las Artes. Como no he leído nada al respecto, he hecho una consulta en la página web de dicho ministerio y un informante del Servicio Atención al Ciudadano del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad (sic) me ha contestado que dependen del Ministerio de Educación, aportando un enlace del antiguo Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Que las páginas web de los nuevos ministerios todavía no estén actualizadas no me parece grave. Sí, en cambio, que la universidad haya escapado del alcance del arte.

Uno podría pensar que, si los títulos universitarios se obtienen en las universidades, las escuelas que proporcionan títulos equivalentes a los universitarios son a su vez equivalentes a las universidades; pero parece ser que no. Es decir, que una Facultad de Bellas Artes que proviene de la antigua Escuela de Nobles Artes de San Fernando, o una Facultad de Ciencias de la Información que nace de las extintas Escuelas de Cinematografía, Periodismo, Televisión y Publicidad, son propiamente universitarias, y sin embargo sus títulos son semejantes a los que se puedan obtener en centros que no lo son, como la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, la Escuela Superior de Diseño, el Real Conservatorio Superior de Música, la Escuela Superior de Canto, el Conservatorio de Danza María de Ávila o la Real Escuela Superior de Arte Dramático. He mencionado estos seis, que son públicos y madrileños, pero en toda España hay muchos más, algunos de carácter privado, y la mayoría forman parte de la Asociación Española de Centros Superiores de Enseñanzas Artísticas, Acesea.

Estos centros ocupan un espacio administrativo bastante indefinido. Tienen una estructura (organización interna, presupuesto, selección del profesorado…) típica de cualquier instituto de enseñanzas medias, pero habilitan a sus titulados con los mismos derechos que cualquier licenciado, arquitecto, ingeniero o graduado: acceso a enseñanza de tercer grado, oposiciones, etcétera. Como son centros inquietos, a lo largo de los años han debatido cómo alcanzar una identidad más clara. Algunos han pensado que una universidad ya establecida podría acogerlos siempre que se garantizase su autonomía. A veces se ha creído que bastaría con que la Comunidad (en este caso la de Madrid) crease un Instituto Superior de Enseñanzas Artísticas para los seis centros. Otros han planteado que lo suyo sería crear una Universidad de las Artes que los aunase.

Pongo el ejemplo de la Comunidad de Madrid, que es la que más centros tiene, pero en realidad no se trata de un problema autonómico sino nacional. Sencillamente, los centros artísticos no pueden transformarse en espacios de investigación e innovación sin una Ley Nacional de Enseñanzas Artísticas Superiores que lo permita. No pueden tener las mismas posibilidades de captación de recursos por medio de la colaboración con entidades públicas y privadas que sus equivalentes universitarios.

Es verdad que no en todos los centros hay una misma vocación universitaria o siquiera humanística. A veces se aboga por una reducción de la carga teórica de las asignaturas en beneficio de su aspecto práctico, y entonces pienso si quienes así lo proponen no están intentando conducir las enseñanzas artísticas hacia el espacio más acotado y comprensible de la formación profesional, lo que no es ni bueno ni malo pero sí distinto. En ocasiones me fijo en el carácter de competitividad que tantos planes de estudios universitarios señalan acomodándose a Bolonia, y temo si eso no supondría una definitiva comercialización del arte, desdeñando sus aspectos éticos, estéticos o espirituales. Y también hay días en los que creo que esa tierra de nadie es la manera de seguir trabajando sin grandes apoyos pero también sin molestias ni interferencias excesivas.

Estoy convencido de que don Pedro Duque, además de científico, es un humanista y sabe que en los centros de enseñanzas artísticas no se producen objetos de consumo sino pensamiento cultural. Que en ellos se ayuda a comprender el mundo lo mismo que en un laboratorio. Que las obras fallidas son tan necesarias como los experimentos fracasados. Que la arrogancia es tan compañera del arrojo como la tenacidad del sacrificio. Que artistas y científicos están un paso más allá o más acá de la realidad y por eso parecen locos, raros, sin serlo… o no siempre. Que unos y otros nos permiten contemplar lo que de otra manera no veríamos. Y que son campos, además, donde la mediocridad carece de sentido. Porque sin ciencia no hay progreso, claro que no; pero sin arte tampoco. Por eso me encantaría ver añadida a su ministerio la coletilla “y Arte”.

@Pedro_Villora

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