Ministerio de Deporte

Publicado por el 08 08Europe/Madrid 06 08Europe/Madrid 2018

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No comparto las críticas que ha recibido el ministro de Deporte por haber declarado hace tiempo su falta de interés hacia la práctica deportiva. Lo que me habría extrañado es que hubiese dicho lo contrario y se hubiese revelado como un amante del deporte desde su infancia. Creo que el ministro ha hablado como hijo de su tiempo y que antes de dudar de su competencia para el cargo habría que plantear cuáles fueron sus razones para expresarse así.

El ministro, al parecer, es un hombre letrado y sensible, y es de suponer que fuese asimismo un niño sensible y letrado. Como también lo fui y crecí como él en los años setenta y ochenta, puedo imaginarlo con las mismas dificultades de integración en el tiempo de recreo y actividades extraescolares que pude tener. Eran momentos donde se mezclaba la agresividad con el compañerismo, y quienes teníamos más confianza con los libros que con las personas desconocíamos tanto las claves del juego como del espíritu grupal. Rechazados por un entorno a cuya puerta no sabíamos llamar, acaso por un exceso de timidez, construimos una defensa que con mucha facilidad podía derivar en cierta altanería: ellos eran iguales y comunes, nosotros diferentes y hasta mejores…

Era un pensamiento inadecuado pero habitual que tendía a la polarización de ciencias y letras, brutos y sabihondos. El deporte era, así, el escenario de los otros, en el que nunca habríamos de actuar. No obstante, algunos pudimos cambiar. La clave, en mi caso, me la dio Platón hará un cuarto de siglo. Ya conocía la frase de “Mens sana in corpore sano” pero, como no había leído a Juvenal, la entendía de manera incorrecta y tampoco me la creía. Por suerte, en clase de Filosofía antigua leí “Protágoras” y la descripción de la práctica pedagógica ateniense, y entendí hasta qué punto estaba equivocado. Dice Platón que, tras haber aprendido los niños las primeras letras, música y poesía, “los envían aún al maestro de gimnasia, para que, con un cuerpo mejor, sirvan a un propósito que sea valioso y no se vean obligados, por su debilidad corporal, a desfallecer en las guerras y en las otras acciones”. ¡El deporte era una actividad pedagógica y política! Eso no me lo habían hecho comprender en la EGB.

Vi que el deporte era algo más que un entretenimiento más o menos violento, y que el cuidado del cuerpo tenía una parte individual y otra colectiva. Uno podía practicar deporte para mejorar su estado general, pero el cuerpo no era solo objeto de identidad propia sino también social: mi cuerpo es mío como también de la polis y, así, practicando deportes de asociación desarrollo estrategias, sentido de compañerismo, destrezas compartidas, solidaridad…

El deporte, hoy, no es una vía hacia la defensa del grupo, pero sí permite canalizar la agresividad, y es mejor que la violencia se transforme en griterío en un estadio de fútbol que en un campo de batalla. Además, el deportista profesional, como el artista, explora sus límites y mejora su técnica en beneficio propio, a la vez que se ofrece al espectáculo de los otros. La poesía antigua cantaba a los héroes, pero también a los atletas y “al caballo vencedor en la carrera”, y no todos los personajes trágicos son más representativos de valores ciudadanos que algunos deportistas. ¿Es Medea mejor que Andrés Iniesta? ¿Son más nobles las aspiraciones de Macbeth que las de Felipe Reyes o Zinedine Zidane?

Si de algo me arrepiento es de no haber aprendido música ni haber practicado deportes colectivos en mi niñez. La gestión del deporte infantil entiendo que pertenece al Ministerio de Educación a través de los planes de estudio de enseñanza primaria y secundaria, y al de Deporte corresponde la vía profesional. Me resulta muy raro que Cultura y Deporte (lo mismo que Ciencias y Universidades) estén desvinculados de Educación, pues educar es más que instruir, y desde la cultura y el deporte se crean los actos, las gestas incluso, que conforman los valores que nutren a la educación.

Los atenienses no tenían libros de texto sino escritos literarios que servían para la enseñanza. La razón se aplicaba a una forma de pensamiento poético que se complementaba con el desarrollo eurítmico del cuerpo a través de la música y el deporte. A don Màxim Huerta le corresponde una parte de gestión económica del deporte profesional pero también la lectura del mismo en términos de identidad colectiva y desarrollo de valores. Le deseo la mejor de las suertes y me alegro de que esté sabiendo rectificar su opinión acerca de unas disciplinas que permiten transformar la dialéctica alma-cuerpo en la no menos humanística cultura-deporte.

@Pedro_Villora

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