Haciendo las Américas (VII y final)

Publicado por el mar 29, 2012

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La imagen de Jack Nicholson sentado a pie de pista en el Staples Center es ya un clásico de la NBA. Como él, muchos famosos se acercan a las canchas a vivir el espectáculo a pie de pista. Pues bien, yo el otro día me sentí como ellos. Fui un Jack Nicholson más, ya que tuve la ocasión de seguir un partido de la NBA pegado a los banquillos. En primera línea de fuego.

Es una de las cosas que te da una ciudad como Memphis y un equipo como los Grizzlies. Por mi experiencia pasada, es algo que no está al alcance de la prensa internacional en otras canchas como el Madison Square Garden, el Staples Center o el United Airlines de Miami. Ahí, los periodistas llegados del otro lado del Atlántico se tienen que conformar con asistir al espectáculo desde lo más alto del pabellón. Allí donde los jugadores parecen diminutas figuras y donde uno se pasa más tiempo mirando al monitor de la televisión que a la cancha.

Pero volvamos a Memphis, que como decía no es Los Ángeles ni se le parece. El FedEx Forum raramente se llena fuera de los playoffs ni hay decenas de periodistas cubriendo la actualidad del equipo, lo que permite ciertos privilegios para la prensa extranjera que, raramente, llega hasta la ciudad. Busqué mi ubicación esperando, como suele ocurrir en estos casos, encontrarla en lo alto del pabellón. “Emilio Escudero (ABC Spain) – Fans seating opponent bench”. Tuve que ver ni nombre junto al banquillo de los Timberwolves, en primera línea, para creémelo. Increíble. Si alargaba la mano, casi podía tocar a los suplentes del equipo de Minnesota.

La experiencia merece la pena. He de reconocer que me perdí buena parte del partido y que no estoy muy orgulloso de la crónica que escribí, pero no era el día para estar centrado en el juego. ¿Cuándo iba a poder vivir una experiencia igual? Ya desde el calentamiento todo se ve diferente. Si Michael Beasley se hace daño, se lo hace a tu lado. Se sienta a un metro y le puedes escuchar decir que no es nada. No tienes que esperar a preguntarle al jefe de prensa de turno para que te dé el parte médico. Cuando el balón se pone en juego, los gritos de los jugadores lo acaparan todo. Consejos, protestas, ayudas… Me llamó la atención el diálogo constante de los árbitros con los jugadores y los entrenadores. Cualquier decisión tiene su explicación posterior.

De todo lo que viví a pie de cancha, fue sin duda la actuación de Rick Adelman lo que me dejó impresionado. No ya porque se pasó delante mío durante gran parte del partido, impidiendo que viera más allá de su traje color café, sino por que más allá de sus decisiones técnicas, el entrenador de los Timberwolves interpretó un auténtico papel de cine sobre la cancha. Creo que es algo que va con el cargo. Gritos a la mesa, a los árbitros, a sus jugadores. Podía ver su frustración a medio metro. Podía escuchar sus palabras desde el corrillo de los tiempos muertos sin necesidad de una cámara. Algo increíble.

Con la emoción aún corrompiendo mis sentidos, me abalancé sobre el vestuario de los Grizzlies con el pitido final. Allí había quedado con Marc Gasol, que no había jugado el partido por su lesión en el tobillo. Me encontré un Marc más parco en palabras que nunca. Esquivo. Preocupado. Ya lo había notado cuando nos vimos en el Staples Center dos días antes, pero mi encuentro con él en Memphis lo corroboró. La charla no duró más de diez minutos en los que su lesión centró gran parte de las preguntas. Palabras que desprendían intranquilidad y que aumentan la incertidumbre sobre su futuro inmediato. Pensando aún en Marc, fue al recoger mis cosas cuando volví a sentir la emoción del partido. Con el pabellón semi vacío, me quedé un rato sentado en el mismo sitio donde había presenciado el encuentro. Fue un minuto, pero se me hizo eterno. Un 60 segundos en los que repasé siete días intentos en el sur de Estados Unidos. Una experiencia que he intentado compartir con vosotros. Sí, el otro día en Memphis, me sentí como Jack Nicholson.

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