División en Washington ante la toma de posesión de Trump

Publicado por el 16 16UTC enero 16UTC 2017

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En una pequeña calle de un barrio residencial al norte de la capital estadounidense, asoman multitud de banderas arcoíris en las ventanas de las casas familiares alineadas a modo de cascada, junto a otros símbolos en defensa de las minorías y los derechos de las mujeres. Así es como han recibido los vecinos al vicepresidente electo de Estados Unidos, Mike Pence, instalado temporalmente de alquiler hasta que pueda trasladarse a la residencia oficial del Observatorio Naval de DC. Una bienvenida con respeto y propuestas de diálogo, dice la Asociación de Vecinos, pero críticos ante el nuevo gobierno. Este barrio es un indiscutible bastión demócrata, con un 85% de votos para Hillary Clinton frente a un 9% para Donald Trump en las elecciones de 2016. Una media que aún queda por debajo del aplastante 93% de voto demócrata que registró en noviembre la capital estadounidense. Por eso las reacciones críticas en Washington ante la nueva administración Trump no deberían sorprender. Lo que sí es poco habitual es la avalancha de carteles colgados por toda la ciudad convocando a protestas masivas durante la semana de investidura del nuevo gobierno. O los balances de los hoteles lejos de la máxima ocupación típica en estas fechas. O la cantidad de residentes en Washington que han decidido escapar aprovechando los días festivos.

Las autoridades de DC han autorizado casi una treintena de manifestaciones en el histórico Mall, cuando lo habitual es recibir apenas 5 ó 6 solicitudes. Esperan que alrededor de 350.000 personas participen en las protestas, que culminarán el sábado 21 de enero con una gran Marcha de Mujeres convocada desde todos los rincones del país. Las tomas de posesión, o Inauguración como lo llaman aquí, son citas en las que los estadounidenses celebran los procesos de transición y el inicio de la presidencia de los ganadores de las elecciones. Suelen ser predominantemente festivas. Pero este 2017, tras una de las campañas electorales más durasy polarizadas que se recuerda, la investidura de Donald Trump levanta pasiones y rechazos. Y así se plasma esta semana en Washington, ante una Inauguración que romperá con la tradicional imagen de unidad.

Casi una veintena de congresistas demócratas amenazan con no asistir a la ceremonia, algo que pocas veces ha pasado en la historia política moderna de Estados Unidos. Están muy lejos de ser mayoría. Pero hay ausencias notables. El histórico congresista John Lewis, icono de los derechos civiles, ha llegado a asegurar que no considera a Trump “un presidente legítimo”, por la polémica sobre la interferencia de Rusia en las elecciones. Además, una larga lista de artistas ha declinado la invitación para actuar o se han arrepentido en el último momento por la presión de sus seguidores, como ocurrió con los cantantes Paul Anka o Jennifer Holliday. Y los cálculos apuntan a que alrededor de un millón de estadounidenses estarán en Washington para presenciar la toma de posesión de Trump, cifra inferior a los 1,8 millones que acompañaron a Barack Obama en 2009.

Esto aún puede cambiar de aquí al 20 de enero. El presidente electo ha lanzado un llamamiento a los estadounidenses en las redes sociales para que se unan a él el viernes en Washington. Mientras el presidente Obama pide un voto de confianza a Donald Trump y no subestimar su victoria. Los Clinton ya han confirmado que sí asistirán a la ceremonia de toma de posesión. Y también los Bush. En un claro mensaje de unidad frente a la división que sobrevuela estos días la atmósfera política de la capital, anclada en un irrespirable enfrentamiento bipartidista en los últimos siete años.

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