Qué se siente en Estados Unidos cada aniversario del 11S

Publicado por el 11 11UTC septiembre 11UTC 2016

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La primera vez que puse un pie en Nueva York fue en septiembre de 2000, un año antes de los atentados que desgarraron el corazón de este país. Estaba estudiando en la Universidad de Pennsylvania aquel verano. Sentí al llegar que aquella ciudad me abría los brazos. Como tanta gente siente. Colores vibrantes, esquinas familiares, edificios resplandecientes, estilo libre y vecinos amables, pese a las eternas prisas de Manhattan, envuelta en el ruido de la vida las 24 horas del día.

Pocos años después regresé como periodista. Fui por primera vez a la zona cero. Solo recuerdo el silencio. Y el polvo. Y los sollozos ahogados de desconocidos. Y aquellos lazos atados a la entrada de la pequeña capilla de St. Paul’s, justo a los pies del abismo. Cuando llegué al hotel, lloré. Ni siquiera encendí la luz. Recuerdo la osuridad. Y el estómago encogido. Y pensar si tenía sentido seguir grabando aquellas entrevistas cuya respuesta ya conocía: claro que dolía, claro que echaban de menos a los muertos, claro que no lo olvidarían jamás. La respuesta la obtuve años después, en el décimo aniversario de los atentados del 11S. Como corresponsal, hablé con víctimas, familiares, turistas, políticos, profesores y activistas. Escuché atentamente a Obama decir al país que había llegado la hora de superar el duelo. Nunca olvidarían. Pero era hora de mirar al futuro. Días después recibí un mensaje de uno de los entrevistados aquel décimo aniversario. Había recibido decenas de correos desde España y Latinoamérica de gente que había escuchado su historia. Había recibido abrazos cibernéticos de desconocidos de diferentes países en apoyo a su lucha diaria por perdonar. Tenía ganas de seguir luchando. Y solo quería dar las gracias.

Este es el séptimo aniversario del 11S que vivo aquí. Y este día sigue siendo difícil. Para todo el país. El dolor de casi 3.000 muertes es difícil de aliviar. El corazón sufre cuando ve a una niña poner su manita en la pared del Memorial de Nueva York, donde en su día estuvieron las Torres Gemelas y hoy están grabados todos los nombres de las víctimas, y hablar con su abuelo. El corazón tambíen se detiene cuando la línea azul del metro de Washington para en el Pentágono y se hace el silencio. O cuando quienes trabajan en el Congreso recuerdan cómo fueron evacuados aquel día y lo que pudo haberles pasado.

Sé lo que muchos están pensando ahora mismo. Que también murió mucha gente en otros muchos atentados del mundo. Es cierto. Hay demasiadas tumbas masivas. Pero el dolor no es excluyente. Todo duele. Todos duelen. Y Nueva York es el corazón del mundo. No hay quien no sepa del perfil de sus rascacielos. No hay quien no pueda sentir el horror de imaginarse en aquellos aviones, segundos antes de estrellarse. Y aquel día, el mundo que conocíamos cambió para siempre.

15 años después, Estados Unidos no ha cerrado del todo las heridas. Sí ha terminado el duelo. Los aniversarios son cada vez más discretos. Más lejanos. No quieren revivir, sino recordar.  Y hay algo más  que también ha cambiado. Por primera vez hay toda una generación que no vivió los atentados. O que no los recuerdan. Han escuchado los recuerdos de sus familias, han visto las imágenes en la televisión y han leído la historia en los libros. Lo saben, pero no lo recuerdan. Y este no es un detalle menor. Porque en sus manos está la historia, el futuro y el presente. Muchos votarán por primera vez en las elecciones presidenciales de noviembre. Otros trabajan en la seguridad del país. Es lo primero que llama la atención al entrar en Guantánamo. La mayoría de los guardas son muy jóvenes. Lo suficiente para no recordar el 11S. No hay muchos veteranos que quieran ir destinados al centro de detenciones. El entrenamiento para los más nuevos consiste en escuchar grabaciones de las llamadas telefónicas de las víctimas a sus familias desde las Torres Gemélas antes de que colapsaran. Para que sientan lo que todos sintieron aquel día. Lo que todos sentimos estos días al volver a escuchar aquellos últimos mensajes. “No olvidaremos jamás”, concluía el presidente Obama ante el Pentágono en su último aniversario de los atentados como presidente. No olvidaremos jamás, responde este país cada 11 de septiembre.

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