Desvelado el misterio de las 7 almendras de Obama

Publicado por el 9 09UTC agosto 09UTC 2016

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No, el presidente Barack Obama no come exactamente siete almendras cada noche. Es un hombre disciplinado, sí, pero no llega a tanto. La leyenda comenzó hace unas semanas, gracias a un delicioso artículo del New York Times sobre los hábitos nocturnos de Obama. Cada noche, después de cenar con su familia, se retira al Cuarto de Tratados, “su oficina privada al otro lado de sus habitaciones, en el segundo piso de la residencia de la Casa Blanca.” Allí pasa horas solo, hasta la madrugada. Leyendo, escribiendo, preparando discursos o poniéndose al día con informes de inteligencia y cartas de ciudadanos. Es su tiempo de retiro diario, donde recompone sus pensamientos y retoma las fuerzas.

En el artículo, el ex cocinero de la Casa Blanca, Sam Kass, y amigo personal de los Obama, aseguraba que los hábitos saludables son prioritarios para la familia presidencial e insitía en la disciplina de Obama a la hora de no picar entre horas. No cae en la tentación cuando se retira a su estudio cada noche. Nada de patatas fritas, caramelos o tarta. Solo almendras. Kass y la primera dama, Michelle Obama, solían bromear porque “no son seis, ni ocho. Siempre siete almendras.”

La leyenda se creó en pocas horas y las redes sociales ardían en curiosidad. ¿Por qué Obama solo comía siete almendras? ¿Era cuestión de manía o suerte? ¿Tenían que ser almendras ligeramente saladas? ¿Después de su extraordinario discurso en la Convención Demócrata de Filadelfia se permitiría quizás una octava almedra como premio?

Afortunadamente, la periodista Savannah Guthrie se atrevió a preguntárselo sin rodeos en su última entrevista en NBC. “Me alegra que me hagas esa pregunta, ya tenía ganas de aclararlo”, respondía Obama recolocándose en la silla. La regla de las siete almendras era solo un mito, explicó. “Este es un ejemplo de la manera tan rara en que funcionan los medios. Michelle y Sam Kass estaban una noche burlándose de lo disciplinado que soy, porque no me como una bolsa de patatas o un trozo de tarta. Y entonces Michelle dijo: “sí, solo come siete almendras. Y ya está”, para demostrar el punto de que necesito relajarme un poco… Sam le contó la broma al New York Times y de alguna manera en el artículo quedó como si yo estuviera contando las siete almendras…” Obama aseguró que muchos amigos le habían llamado sorprendidos, para dejarle caer lo raro que era y preguntarle si todo estaba bien. Las siete almendras se convirtieron en motivo de risas privadas y leyenda pública.

“¿Después de la Casa Blanca, se soltará el pelo y comerá diez u once almendras?”, le preguntó Guthrie al final de la entrevista. “Absolutamente. Pero, oye, las almendras son un buen snack. Las recomiendo mucho”, respondió entre sonrisas Obama. “Estoy tan feliz de haber tenido esta oportunidad… El tema me estaba preocupando ya…”, se despidió. El artículo era tan bueno y el mito, tan creíble, que en el imaginario público se dibujó de inmediato un presidente Obama sentado en la Casa Blanca frente a un montón de papeles, contando sus siete almendras cada anochecer. Y esa imagen será ya difícil borrarla.

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