Las series estadounidenses entran de lleno en política

Publicado por el 12 12UTC mayo 12UTC 2016

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La línea que divide realidad política y ficción televisiva es difusa en Washington desde hace años. Es habitual ver a los personajes de la mítica serie The West Wing desfilar por la sala de prensa de la Casa Blanca o a la protagonista de VEEP sentada entre sonrisas en el despacho del vicepresidente Joe Biden. The Good Wife recreó como nadie la campaña electoral de Hillary Clinton, Homeland desveló secretos premonitorios de la CIA y Barack Obama ha citado las tramas de House of Cards en más de una ocasión.

Pero los guiones televisivos han dado un paso más este 2016. Y los personajes de aclamadas series están entrando de lleno en la política estadounidense y mundial. Más que nunca. Más política y menos ficción.

imageLa cuenta oficial de House of Cards en twitter no esconde sus filias y fobias. Míticos fueron los mensajes de Frank Underwood a David Cameron, cuando saltaron las acusaciones en torno a los Papeles de Panamá.

Recuperando un tuit de 2015 en el que el primer ministro británico decía creer que “si has hecho lo correcto – trabajado, ahorrado y pagado impuestos – deberías ser recompensado y no castigado”, Underwood contestaba en un gif con una oscura mirada a cámara, de las que a él le gusta poner en práctica habitualmente para respingo de los espectadores.

imageTampoco quiso ocultar Underwood su amplia y retorcida sonrisa cuando, en medio del proceso de impeachment de Dilma Rouseff, lanzó un mensaje: “Viendo las noticias de Brasil de hoy.”
Exactamente el mismo gif que empleó la cuenta de House of Cards al dirigirse al primer ministro francés, Manuel Valls, el mismo día en que el gobierno aprobó por decreto la polémica reforma laboral. “La democracia está tan sobrevalorada”, recordaba así Underwood una de sus famosas proclamas televisivas. A lo que Valls respondió, citando a Churchill: “Querido Frank, la democracia es la peor forma de gobierno, con excepción de todas las demás :) ¡Nunca lo olvides!”

Y en territorio puramente estadounidense, hay una serie que ha entrado sin ambigüedades en la campaña electoral del país. Scandal, creada por la todopoderosa Shonda Rhimes, está volcada esta temporada en un proceso ficticio de primarias demócratas y republicanas. Solo que no es tan ficticio. Entre las filas conservadoras hay un personaje, Hollis Doyle, que no esconde su parecido físico y político con Donald Trump.

imageLa estrella televisiva megamillonaria y polémica presume de racismo, machismo y proteccionismo sin complejos en la serie. Y lanza frases como esta: “Tengo dinero. Dinero republicano. El tipo de dinero que gana elecciones.” A lo que el presidente (ficticio) de Estados Unidos, Fitz Grant, responde: “Doyle quiere ser presidente. Esto va a ser divertido. Hollis es una broma, nadie se lo va a tomar en serio. Os aseguro que no habrá problema con él”, palabras casi calcadas de las que salieron de la Casa Blanca en su día. “Cuidado porque no es un político, es una estrella de rock”, advierten desde el despacho de gestión de crisis de Olivia Pope, en un capítulo titulado “The Trump Card”, que en inglés significa “la carta ganadora”, pero incluye una alusión evidente.

Rhimes insiste en que es pura coincidencia. “Juro que este episodio fue planeado y grabado antes de que la vida real lo copiara”, aseguraba en twitter. Es indiscutible que dieron en la diana. Pero no es inocente. El personaje de Hollis es ridiculizado al máximo en la serie, por mérito propio, eso también hay que decirlo. Y a nadie se le escapa que todo el equipo de Scandal se ha posicionado ya en estas elecciones, más allá de la pequeña pantalla. El elenco ha acompañado a Hillary Clinton en más de un acto de campaña y no esconden que están con ella, como dice el eslogan #ImWithHer. Cuando se unen los dos factores, el producto es más político que televisivo. La serie, de gran audiencia y éxito en Estados Unidos, ha entrado en la campaña presidencial. Y es una novedosa y polémica herramienta a tener en cuenta en comunicación política y electoral.

Por cierto, sin entrar en demasiados spoilers, el capítulo acaba con Doyle fuera de juego por su propia imprudencia. Y con una respuesta aplastante del único candidato negro en la campaña, el senador Edison Davis, a las proclamas racistas de Hollis. Solo quedan en pie los nominados: una mujer y un hispano. Para más detalles, consulten con la quinta temporada de Scandal, que está a punto de terminar abocada a las convenciones demócrata y republicana, como la vida misma.

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