¿Y si lo que le pasa a Donald Trump es falta de sueño?

Publicado por el 5 05UTC abril 05UTC 2016

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Es en serio. Piénsenlo por un momento. Irritabilidad, confusión, mal humor, reactividad, alucinaciones, falta de concentración, rabietas infantiles, dificultades en el procesamiento de información básica y psicosis. Estos son algunos de los síntomas de la privación del sueño, uno de los trastornos de salud más comunes en los acelerados tiempos en que vivimos. Y son también los síntomas que podrían explicar el huracán Donald Trump y sus súbitos brotes de ira, reacciones verborrágicas, insultos desmedidos y afirmaciones delirantes. El multimillonario presume con frecuencia de dormir solo 3 ó 4 horas al día. Algunas noches apenas 90 minutos. De ser cierto, Trump, a sus 69 años, sobrevive a una extenuante campaña electoral durmiendo la mitad de lo que recomiendan los médicos. Es lógico pensar que semejante temeridad pueda pasarle factura.

Así lo intuye la fundadora de The Huffington Post y una de las mujeres más poderosas de Estados Unidos, Arianna Huffington, que acaba de presentar su último libro The Sleep Revolution, un manual para desintoxicar nuestros patrones de sueño y convertirlos en rutinas más saludables de descanso. “Muestra todos los síntomas de no tener control de sus impulsos. Es un hombre con una vida descentrada, porque no está durmiendo lo suficiente.” Y esto explicaría algunos de los momentos inexplicables que estamos viviendo en estas elecciones primarias, como sus repentinos retuits a mensajes de Mussolini en las redes sociales o sus gritos de guerra en sus mítines: “Me gustaría pegarle un puñetazo en la cara.”

“Esta es una teoría que podría unificar todas las conjeturas”, apuntaba Timothy Egan hace unas semanas en el New York Times. Si Donald Trump no llega a la fase REM del sueño, en la que nuestro cerebro procesa sucesos y emociones, entonces llegan las consecuencias: es más impulsivo, imagina cosas, se distrae fácilmente, tiene problemas al escuchar a los demás y reacciones desmedidas ante nimiedades. Hay muchos líderes de la historia que demostraron sobrevivir con un puñado de horas de sueño al día. Pero lo hicieron de manera brillante (y con la ayuda de alguna que otra siesta al final de la tarde, como Wiston Churchill). Trump, al contrario, muestra una apabullante lista de síntomas de privación del sueño. “Cuando veo su rostro y ojos hinchados, no veo a un hombre que sopese cuidadosamente todos los factores y consecuencias de unas acciones, que podrían afectar a todos los que estamos en este planeta. Veo a una persona impulsiva e insegura que no puede desconectar su mente por una noche”, escribe Egan.

No es esta una cuestión menor. Donald Trump es quien más posibilidades tiene en este momento de representar al Partido de Lincoln en noviembre. Conviene recapacitar sobre su condición, porque lo que está en juego es el despacho más poderoso del mundo, códigos nucleares incluidos. Y a todo el planeta le conviene que esté ocupado por un inquilino presidencial que controle sus impulsos. Y sus patrones de sueño. Por el bien de todos.

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