¿Qué le pasa a Chris Christie?

Publicado por el 2 02UTC marzo 02UTC 2016

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Las primarias republicanas están plagadas de misterios sin resolver. Cuando las mentes más expertas del país aún tratan de resolver la difícil ecuación del ascenso imparable de Donald Trump y buscan sin descanso la razón de su victoria arrolladora este primer mes de primarias, ha surgido un nuevo dilema inescrutable. El gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, está entregado en cuerpo y alma a apoyar la campaña de Trump hacia la Casa Blanca. ¿Cómo es posible?

Su anuncio cayó por sorpresa, justo después de retirarse de la contienda la semana pasada. Trump convocó de manera repentina una rueda de prensa “que cambiaría el transcurso de la campaña electoral.” Y lo hizo.

imageCuando ambos aparecieron juntos en el escenario, los ojos del país se abrieron como platos. El mismo gobernador que había estado cargando contra Trump durante meses, dedició cambiar de rumbo radicalmente y dar su respaldo (y sus votos) al polémico magnate. “He cambiado de opinión”, explicó Christie ante la mirada atónita del resto del planeta. Aseguró que Trump es el republicano más fuerte en las primarias, no hay nadie que luche como él y es el único que “hace promesas y las cumple”.

 

imageDesde entonces, Christie ha estado codo a codo con Trump en los mitines previos al Supermartes. La culminación del matrimonio electoral de conveniencia fue anoche. El gobernador de Nueva Jersey tomó la palabra desde Florida para anunciar la victoria de Trump en la noche de primarias clave y se mantuvo a su lado, cual guardaespaldas, durante toda la comparecencia. Con una cara de pocos amigos y cero entusiasmo que no pasó desapercibida en las redes sociales.

Con las aguas más calmadas, el movimiento de Christie dentro del tablero electoral es algo menos sorprendente y más razonable: quizás sea un adelanto de lo que está por venir. Y una muestra más de la cascada de locuras en la que se ha convertido esta campaña, plagada de momentos inesperados e insólitos, cuyo futuro aún resulta difícil de predecir.

imageMuchos creen que Christie busca sin reparos ser el candidato a la vicepresidencia de Trump. Es lógico pensar que este es un factor, pero no el único. Si algo hemos aprendido del gobernador de Nueva Jersey en los últimos años es que lleva el pragmatismo por bandera. Así lo demostró cuando decidió abrazar al presidente Barack Obama tras el huracán Sandy, en plena campaña electoral de 2012, ante el horror del partido republicano. Él dijo entonces que era conciliación y altas miras de estado. Pero hoy aquel gesto cobra otra luz.

Cuando Christie se dio cuenta la semana pasada de que no tenía posibilidades reales de ganar, abandonó la carrera electoral. Y cuando echó un simple vistazo a los cálculos matemáticos, entendió que Trump tiene más probabilidades que nadie de convertirse en el candidato presidencial del partido y decidió subirse al carro del ganador. Ni más ni menos.

No le importó haber insultado con descaro a Trump durante meses. “Para Donald, una crisis es cuando su restaurante favorito del Upper East Side está cerrado”, decía con frecuencia. Christie sentenció sin medias tintas que Trump nunca llegaría muy lejos, se rió de su falta de experiencia política y su arrogancia sin límite y aseguró que nunca sería capaz de enfrentarse a un cargo como la presidencia de Estados Unidos. Todo aquello quedó borrado en un segundo.

Christie dice ahora que tiene una buena relación personal desde hace años con Trump. Algo que tiene sentido, teniendo en cuenta que es gobernador del estado vecino a Nueva York. Ahora ha pasado a ser el perro de ataque de Trump. Se encarga siempre que tiene ocasión de lanzar ataques directos a Marco Rubio, al que no puede ni ver, según la rumorología política de esta ciudad. Tampoco soporta a Ted Cruz. Estas fobias también facilitaron su cambio de decisión sobre Trump.

imagePero la imagen de Christie ha caído en picado en el partido republicano. El gobernador de Nueva Jersey llegó a ser uno de los claros presidenciables. En la convención de 2012, todos daban por hecho que algún día sería el sucesor de Obama. Incluso se abrió un debate en este país sobre la posibilidad de tener “un presidente gordo”, por el sobrepeso de Christie, que entonces se sometió a una operación de reducción de estómago. Después llegaron los escándalos en la cúpula del gobierno de su estado, que le salpicaron directamente y de los que nunca llegó a recuperarse del todo. Aún así se lanzó a esta carrera electoral con optimismo.

Ahora su imagen ha quedado tocada de muerte. Las entrevistas de estos días son un poema, con ataques frontales de los periodistas a Christie recriminándole la fragilidad de su palabra política. En su estado tampoco se han tomado muy bien este nuevo bromance con Trump. Seis periódicos de Nueva Jersey firmaron un editorial conjunto el jueves pasado pidiendo la dimisión del gobernador. Creen que el fracaso de su campaña electoral y su interesada relación con el favorito de la carrera republicana son motivos suficientes. “Estamos hartos de la arrogancia del gobernador Chris Christie”, reza el texto. “Estamos hartos de su oportunismo. Estamos hartos de su hipocresía.” El gobernador pasó 261 dias fuera de su estado el año pasado. Y ahora sigue viajando con frecuencia, aunque su campaña ha terminado, para apoyar a Trump. “Por el bien del estado, ha llegado la hora de que Christie le haga un favor a sus ciudadanos y dimita como gobernador.”

Pero a estas alturas, la apuesta de Chris Christie es mucho mayor que Nueva Jersey. Su órdago es directamente al partido republicano, a cuyo establishment siempre había presumido de pertenecer. Y ahora rechaza frontalmente, uniéndose a la campaña de la mayor pesadilla de la cúpula del partido. Christie ha decidido jugarse todo lo que es y todo lo que fue. Y lo ha hecho apostando al número más alto, para llegar directamente a la Casa Blanca, de la mano de Donald Trump.

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