Natalie Wood o muerte en Surry Hills

Natalie Wood o muerte en Surry Hills

Publicado por el feb 12, 2014

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Natalie Wood vivía en el número 139 de Kippax street, en una casita de ladrillo blanco, de dos plantas y un balcón cuco donde se entrelazan flores de hierro forjado. La calle está en el barrio de Surry Hills de Sídney, a cuatro pasos de Crown street esa calle hipster y un tanto bizarra donde treintañeros con camisa a cuadros y barbas peinadas con esmero sacan a pasear con desgana grandes cerdos parduzcos.

Natalie Wood se cayó en su dormitorio y quedó encajonada en el espacio estrecho entre la cama y la ventana a principios de 2004. Frágil, sola y con 80 años mal llevados, fue incapaz de levantarse y murió allí mismo.

Un retrato suyo a los veinte años muestra una joven sonriente, con grandes pendientes azules y el pelo oscuro cardado al estilo de la época. Es de suponer que el cadáver de Natalie Wood presentaba un aspecto bastante más desmejorado cuando fue descubierto en julio de 2011.

El suceso conmocionó tanto al gran público que Sídney, ciudad huérfana de noticias, abrazó la causa de Natalie Wood y la apodó “la mujer que Sídney olvidó”.

Resulta entrañable, desde luego, el esfuerzo de los medios por intentar establecer qué llevó a la familia de Natalie Wood a ignorarla durante tantos años. No han faltado los artículos sobre sus avariciosos primos, que ahora intentan hacerse con el número 139 de Kippax street y con la exigua herencia de la anciana.

Curiosamente, cada uno de los artículos menciona el árbol del jardín, que creció tanto que rompió la ventana del dormitorio y se expandió por el interior de la casa. Ante tal imagen, es imposible no imaginar a Natalie Wood, ya cadáver, abrazada por las ramas sinuosas del árbol, casi como si este hubiera irrumpido en la casa en un intento desesperado de arrancarla de su soledad.

Aunque sin duda la escena más turbadora de este vodevil de barrio la protagonizan los vecinos. Una vecina recuerda que en 2005 vio a una mujer de unos cincuenta años en la ventana del dormitorio de Natalie Wood. La mujer estaba de pie justo donde la policía encontró el cadáver varios años después y cerró las cortinas precipitadamente cuando vio que alguien la observaba desde la calle.

Ahora, la prensa pregunta a la comunidad cómo no notó la ausencia de la anciana pulcra del número 139. La respuesta, como todo lo que rodea la muerte de Natalie, es tenebrosa e inquietante.

Lejos de aclarar interrogantes, los vecinos de Kippax street insisten en que barrían las escaleras de la casa y recogían las cartas amontonadas en su puerta. Lo dicen de forma obsesiva y lo repiten incansables hasta que las palabras impresas en tinta oscura sobre el papel barato exudan cierto desasosiego, como si Kippax street fuera Dogville, sus casitas hipster de dos pisos estuvieran dibujadas en tiza sobre pizarra y sus vecinos escondieran un secreto malvado.

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