Australia, la mujer y el poder

Australia, la mujer y el poder

Publicado por el jun 14, 2013

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Julia Gillard tiene el culo gordo y la nariz grandota. No tiene hijos, no está casada y su compañero es peluquero.

También es la primera mujer en la historia de Australia que ha ostentado el cargo de primera ministra.

Quizás la recuerden por su exabrupto parlamentario en contra de la misoginia, improvisado el año pasado en plena sesión parlamentaria y dirigido sin rodeos al líder de la oposición, Tony Abbott.

Julia Gillard alcanzó el poder de una forma un tanto exótica para estándares antipódicos. En 2010 su colega en el Partido Laborista, Kevin Rudd, ocupaba el cargo de primer ministro. Pero aprovechando un momento de debilidad de Rudd en las encuestas, Gillard orquestó un golpe a la cúpula política de su partido, le arrebató el puesto de líder laborista a Rudd y, de paso, el de primer ministro.

Su golpe reveló un sentido de la oportunidad excelente y desveló su faceta más ambiciosa y carente de escrúpulos. No son pocos, incluso en las filas laboristas, los que critican que no se enfrentara a Rudd en una batalla abierta en las urnas.

Pero la reacción de la clase política ha sido desproporcionada. Desde el principio, Gillard fue abiertamente tildada de “witch” (bruja) y “bitch” (puta) por sus opositores.

Su culo, su nariz, la muerte de su padre, su pareja y el hecho de que no tenga hijos son puestos en tela de juicio constantemente por la oposición y los medios de comunicación.

Ahora, a las puertas de la campaña electoral, los ataques personales contra Gillard arrecian.

En una entrevista reciente, un locutor de radio le preguntó si su pareja era gay. “Tiene que ser gay, es peluquero. No lo digo yo, lo dice todo el mundo”, aseguraba el periodista sin pudor.

En un episodio de todavía peor gusto, en una cena para recaudar fondos para el partido un candidato de la oposición presentó un menú que incluía “pechugas pequeñas Julia Gillard, muslos enormes y una gran caja roja”. (En inglés, caja roja es un término despectivo para designar la vagina).

La australiana es una sociedad un tanto conservadora donde todavía es habitual que las mujeres se casen pronto y dejen de trabajar al tener hijos. No faltan los hombres –soy testigo de ello- que reconocen abiertamente y sin pudor que el papel de las mujeres es estar en casa cuidando de los retoños.

Es cierto que Gillard aprovecha este filón para atraer simpatías hacia su causa, pero no es menos cierto que se ha enfrentado a este tipo de descalificaciones durante toda su carrera política.

¿Qué problema hay con las mujeres en el poder? ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar hasta que las sociedades admitan abiertamente que también una mujer puede hacer gala de la  misma falta de escrúpulos que un hombre en su carrera hacia el poder?

Y sobre todo, ¿por qué los ataques se dirigen a la mujer y no a la primera ministra, la empresaria, la líder?

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Antípodas es una zambullida a un mundo al revés, una historia continua. El retrato animado de una Australia de contrarios absolutos. Más sobre «Australia»

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