Barça-Atlético: agresión² – (no)expulsión = gol²

Barça-Atlético: agresión² – (no)expulsión = gol²

Publicado por el 8 de abril de 2016

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A pesar de que 72 horas después aún no consta detención alguna entre las filas rojiblancas, probablemente, Felix Brych —al que el martes nombraron hijo adoptivo de Barcelona— ya habrá tenido tiempo de digerir lo acontecido en el Camp Nou. Pocas veces hemos asistido en ‘prime time’ a tan brutal cota de violencia, retratada y anacrónica en las cuatro vueltas de Busquets tras su terrible choque con Fernando Torres. Con el abatido en el pasto, «tot el camp, fue un clam». El corazón blaugrana en un puño, afligido, impávido ante el rostro serio de los allí presentes.  Nadie sonreía, excepto Alves. Maestro de maestros, su preocupación, más que por la compleja integridad de su compañero, versaba en conocer si de verdad había sido relegado en el noble arte de revolcarse.

Tampoco era cuestión de rasgarse las vestiduras ante un arbitraje cuanto menos estrábico. Si el listón estaba alto, aquí paz y después gloria. Amarilla a Busquets en la siguiente jugada y roja directa a Luis Suárez por una patada a Juanfran sin ningún viso de querer jugar el balón. Diez contra diez y todos contentos, o mejor dicho todos, lo que viene a ser todos, no. De nada sirve compensar la balanza cuando la enajenación mental de Suárez resulta un motivo de caseta mucho más lapidario que la teatralización del ilustre centrocampista.

Simulaciones aparte, el Barcelona está a la espera de la sanción que le caerá al uruguayo para interponer recurso. Casi siempre en vano, pues a estas alturas ya deben saber como se las gasta la UEFA en ciertos menesteres. Además, por si fuera poco, el miércoles que viene deben remontar un 0-1 en una caldera llamada Vicente Calderón. Ni Neymar ni Messi, asedio de por medio incluido, supieron olvidar al charrúa de cara a portería. Al término del partido, Mascherano, que dice haber visto clara la expulsión del Niño y, en cambio, asegura no ser juez cuestionado por la de su compañero, evidenció el fiel reflejo de la impotencia culé. Por su parte, Luis Enrique, que nunca opina de los árbitros, lo mismo considera ‘clarísimas’ las tarjetas del colchonero que lanza un bramido si la pregunta torna del lado blaugrana.

Ahora bien, justo es reconocer que ha sido el Twitter de Piqué —aparcada la moda del Periscope— la nota discordante de la partitura blaugrana. Comparada la segunda cartulina de Torres con la primera suya en El Madrigal —su posterior no-mano es una especie de ‘Mano de Dios’ traída a nuestros días—, el defensa reconoce que ninguna de las dos fue.

Volviendo a la triste realidad, la resaca del Barcelona-Atlético pone de manifiesto la buena relación del fútbol con las matemáticas; recuerden, agresión² – (no)expulsión = gol². Mientras la otra prensa de Madrid —la nueva caverna mediática— anda revolucionada, la de la ciudad condal acuña el discurso victimista del ‘neo-favorecido’. Imaginen sí Felix Brych hubiera actuado, como mínimo, de manera diligente.

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