Arda Turan: los genios son así

Arda Turan: los genios son así

Publicado por el 1 de julio de 2015

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Una vez leí que el amor nunca acaba bien porque sencillamente, el amor se acaba. Así de simple. Poner lazos a una ruptura es alargar el cuento al que alguien adelantó el final sin consultar a su protagonista. Está en nuestra naturaleza, somos ilusión y fantasía. ¿De qué otra forma podríamos sino escapar de la rutina? Lo que vale es hoy, pero si de alimentar sueños se trata solo nos queda el mañana.

Es idílico pensar que un jugador como Arda Turan haya abrazado tanto la camiseta rojiblanca como para no volver a ponerse otra, como razonable es que no todo el mundo entienda su deseo de marcharse. Hagamos un poco de memoria. Mes de agosto, cuatro años atrás: 12 millones tienen la culpa de que el turco deje su club de toda la vida para recalar a orillas del Manzanares. Por el camino, la decisión firme de abandonar la capitanía del Galatasaray para impulsar su carrera en un equipo inmerso en una remodelación abrupta: Agüero, Forlán, De Gea… fuera; Falcao, Diego, Courtois… dentro.

No se puede decir que Arda llegase a un equipo hecho, por mucha Europa League que se hubiera conseguido el verano anterior. Prueba de ello es el irregular comienzo de curso que acometen los pupilos de Manzano, cuyo principal retazo acaba con la cabeza de éste último. Con el míster destituido, los jugadores acaparan el foco central de las críticas. Los fichajes no cuajan y los nervios empiezan a florecer.

Después llegó el «Cholo» y la historia es de sobra conocida. Pero antes, durante y después de todo aquello, Arda nunca lo tuvo fácil. En este tiempo no se ha quitado la sombra de todos los que siempre han dudado de su profesionalidad. Que si no entrena bien, que si no le gusta correr, que si se borra de ciertos partidos pero luego juega con su selección… impresiones de un sector de la grada que han trazado un runrún poco o nada acorde al rendimiento aportado.

Porque si de rendimiento va la cosa, basta mirar la progresión del turco desde aquel inicio duro hasta la condición de estrella que hoy atesora con creces. Por el camino un reguero de regates imposibles, asistencias milimétricas y goles en momentos clave. También una bota lanzada con vehemencia al linier. Y una sonrisa, perpetua, constante, cuyo único paréntesis del que se tiene constancia fue durante los minutos posteriores a lesionarse en el último partido de Liga de la temporada 2013-14. Bendito paréntesis.

Si nos atenemos a las palabras de su representante, Ahmet Bulut, todo apunta a que no volveremos a ver a la barba más poblada del Calderón. No al menos con la camiseta del Atlético. «En un máximo de cuatro días estará claro cuál será el nuevo club de Arda», vino a decir el agente. Turán por su parte dejó claro en Twitter que están en contacto con tres o cuatro clubes. Ambos mensajes van en la misma dirección, pero nada es seguro cuando hay un genio (irreverente) por el medio. Es su cualidad innata para alterar en un abrir y cerrar de ojos el devenir de los acontecimientos lo que hace únicos a este tipo de sujetos. Mientras la afición colchonera aguarda expectante, el turco repite cada mañana el mismo ritual: se cuadra, firme, delante de su lámpara mágica y reza lo siguiente: «Eres tanto de mí, que apenas me pertenezco».

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